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¡Oh, cuánta dignidad se vende por
doquier! ¡Oh, cuánto hombre traidor se apresta
a combatir! a un pueblo que a la para reclama su deber: las promesas de San Luis. Por ciento cincuenta fierros
marcha así a la frontera a combatir a ese pueblo que pelea su libertad sin ver que en su propio suelo de la Patria se congela la sangre que por Madero se derramó sin piedad. ¿Dónde está el pundonor, dónde está la igualdad, el patriotismo fiel que debemos seguir, el paternal amor que nos debe guiar para que seamos feliz?. Yo creo que a la Madre Patria amarla deben sus hijos y defenderla entusiasta de cualquier intervención; no es por amor a la Patria, sólo nos lleva un capricho, porque es una grande falta de patriotismo y unión. No hay bárbaro que diga: “¡Voy a defender a la Patria!” y sus honrados talleres cambien por el fusil; ¿qué potencia vecina sobre ella se destaca, para salvar al país? Hablando con más franqueza, no es por amor a la Patria, según lo hacen por fuerza, marchar al campo de honor; es la grande conveniencia de vivir sólo en la holganza porque el trabajo les cuesta miles gotas de sudor. Hermanos contra hermanos sucumben sin cesar, maldito sea el dinero que los lleva a la lid; maldito el mexicano que por un vil metal pues se apresta a combatir. También llamo antipatriotas a esos viles voluntarios que sobre el pueblo se arrojan como Caín sobre Abel; yo también nombro antipatriotas a esos malos mexicanos que de un pueblo se mofan siendo hijos de ella también. (CARLOS BARRETO MARK. Op. Cit., p. 24) Una vez que el gobierno de
Francisco I Madero había sido derrocado y éste había sido asesinado,
el gobierno usurpador de Victoriano Huerta, aliado de los hacendados
y de los industriales del país, determinó como una de sus prioridades
la de acabar con el foco insurreccional que representaba el Ejército
Libertador del Sur. Una de las tácticas preferidas
para menguar la fuerza de las comunidades morelenses fue el reclutamiento
de conscriptos voluntarios para que prestaran servicios militares en
otras partes del país. El reclutamiento voluntario
al que, en términos de condena, le canta Marciano Silva, tuvo poco éxito. Posteriormente el general Juvencio
Robles optó por realizar levas, o conscripciones forzadas, de centenares
de campesinos y jornaleros, lo que, en lugar de restar fuerza al movimiento
zapatista la incrementó, toda vez que los posibles soldados federales forzados, preferían unirse al Ejército
Libertador del Sur, antes que vestir el
entonces despreciado uniforme del Ejército Federal.
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. Antonio Avitia Hernández.
Las Bolas Surianas: Históricas, |