Que se cubra de negros crespones el Ejército Libertador, y sus armas que se empabellonen, demostrando a la vez su dolor. Que se cubra el estado de luto, por la muerte de un gran general, las campanas toquen a difunto anunciando el momento fatal. Se acabó ya la primera espada, que el caudillo tenía a su favor, se acabó el valiente Ignacio Maya combatiendo en los campos de honor. De su muerte gloriosa hay testigos, que al pasar de este mundo a la historia sucumbió pero llevó consigo al sepulcro una nueva victoria. Como solamente en Cuernavaca, les quedaba en todito el estado, dispusieron tomar esa plaza, por medio de un sitio prolongado. Porque ya el valiente Pedro Ojeda, al pedirle fiel su rendición le había dicho a Zapata que fuera a tomarla sin más dilación. Entonces se sintió aquella plaza, con un sitio retirado al fin, donde el hambre y la sed sin tardanza por fuerza los haría sucumbir. Después de no tener resistencia, Pedro Ojeda lleno de pavor, se alejó de aquella fortaleza faltando a su palabra de honor. Hacia el sur dirigió su salida con el fin de poder escapar, mas sus huestes fueron perseguidas y diezmadas en lance fatal. Entonces el valerosos Maya, que era el genio de la guerra altiva se arrojó sobre de aquella
escuadra que en desorden huía fugitiva. En unión de unos cuantos valientes, por delante marchó sin demora combatiendo con valor ingente aquel bravo guerrero sin par. Mil cadáveres dejó en su fuga, Pedro Ojeda sin más compasión, armamento, cañones y mulas y de parque buena dotación. Con qué heroísmo el invencible Maya se batió cual un bravo campeón y sus jefes que lo acompañaban en aquella gran persecución. Ya la aurora del triunfo veía a su límpida frente llegar, cuando una bala cruel lo impedía, la existencia le vino a quitar. De un noble corcel cayó a tierra, al sentir aquel golpe mortal, y momentos después muerto queda, aquel bravo guerrero sin par. Según nota que tuve del hecho llegó el fin de su vida postrera, cerca del pueblo de Coatetelco, en el punto de La Nopalera. Allí fue en donde murió aquel coloso que en distintas campañas se vio, un día viernes catorce de agosto fecha triste en que al mundo dejó. De allí fue su cuerpo trasladado, para el pueblo de Tlaltizapán, donde al fin se encuentra sepultado como varios muy bien lo sabrán. Duerme en paz valiente Ignacio Maya, mientras que en este mundo fatal, triste llora el coronel
Juan Vara recordando tu nombre inmortal. Si en compañía tuviste esa gloria, en alteza los hombres de honor, tus hazañas son pruebas notorias que doquiera salías vencedor. Se acabó el que brindaba laureles al líder de la revolución, se acabó también Felipe Neri, dos espadas de gran pundonor. Entre de esas dos grandes figuras debemos también colocar a don Marcelino Casarrubias, que en campaña no tuvo rival. Esos hombres de honor intachable con su heroísmo, constancia y valor, es muy justo que al fin les consagre un recuerdo siquiera de honor. Al Eterno pido en mis plegarias nuestro digno reposo a la vez, nobles mártires del Plan de Ayala, vuestro premio será de honra y prez. (hoja suelta sin pie de imprenta, sin fecha y sin lugar de publicación,
de la colección del etnomusicólogo José Luis Sagredo
Castillo) Ignacio Maya nació en Iguala,
Guerrero, pero creció en San Juan Chinameca. En 1911 se incorporó a
las fuerzas rebeldes antiporfiristas que operaban
por su lugar de residencia. Al momento en que se proclama el Plan de
Ayala, Maya se encontraba ya en estado rebelde, combatiendo a las tropas
federales pero sin estar bajo el mando de Zapata, aunque de inmediato
se incorporó al Ejército Libertador del Sur. En 1923, Maya fue comisionado
por Emiliano Zapata para operar la guerra en el estado de Guerrero.
El 16 de marzo de 1914, Ignacio Maya recibió de Zapata el grado de general
de brigada, en Tixtla, Guerrero. El general Ignacio Maya, se
destacó durante el sitio y toma de la ciudad de Chilpancingo, al vencer
y capturar a diversos oficiales del Ejército Federal Huertista,
como Benítez, Cartón y Maldonado. En el Corrido de Ignacio Maya, Marciano Silva nos relata la forma en que
Maya murió durante el sitio de Cuernavaca, ciudad donde se refugiaba
el último reducto huertista, a pesar de que
el propio Victoriano Huerta ya había huido del país. El deceso de Maya tuvo lugar
cuando el general zapatista intentaba capturar al general federal Pedro
Ojeda, al momento en que éste, junto con sus tropas, evacuaba la capital
de Morelos, el 13 de agosto de 1914.
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. Antonio Avitia Hernández.
Las Bolas Surianas: Históricas, |