EPILOGO
Para aquellos que aun profesan
el viejo error de que la Muerte es una fuerza destructora, antagónica
de la Vida, el minúsculo y sin embargo trascendental episodio
histórico, hasta hoy ignorado, que tuvo por escenario las pocas
páginas de la precedente correspondencia cruzada entre un revolucionario
de gabinete y otro de campo de batalla, encierra la más hermosa
y persuasiva lección de cómo la muerte de cualquier
cosa, sér o idea, material o inmaterial, da o contribuye a
dar vida a otro sér o a otra idea de su especie.
Así, el fracaso sucesivo, previsto
y fatal de los varios "planes" reivindicadores del goce
equitativo de la tierra mexicana, llamados "grito de Dolores",
"Leyes de Reforma", "Plan de Ayala" y "Constitución
de 1917", así como la muerte de innumerables caudillos
y defensores de tales planes, lejos de determinar el aniquilamiento
de la grandiosa y justa idea mal expresada por éstos, lo que
ha hecho es vivificarla, fortalecerla y excitar el ánimo de
los pensadores a perfeccionarla con su saber, y el de los héroes
a fertilizarla con su sangre.
La vida y el progreso han nacido así
una vez más de la muerte y del retroceso, para demostrar que
no es un vano tropo retórico, sino la fórmula exacta
de un hecho real y constante, a pesar de ser dicho de poetas, el de
que "el árbol de la Libertad se riega con sangre".
Nada más cierto: el menor de
los bienes conquistados por la humanidad, lo mismo en el orden moral
que en el material, representa siempre el sacrificio de incontables
seres víctimas de las experiencias, las luchas y los tanteos
que requieren la rectificación de los errores primarios y el
descubrimiento final de las verdades elementales en que va cimentándose
el bienestar de la especie humana.
A millones asciende seguramente la cifra
de las vidas, y a miles de millones el valor de las riquezas que el
pueblo mexicano ha derrochado desde 1810 a la fecha. por resolver
el PROBLEMA AGRARIO que, cual emponzoñada túnica de
Nesso nos legó el régimen feudalista colonial, del que
justo es decir que fué "crimen del tiempo y no de España";
pero ni los insurgentes de Dolores y de Morelos, con sus odiosas violencias,
ni los reformadores teorizantes de las eras de Juárez y de
Carranza, con sus leyes candorosamente excesivas, han logrado pronunciar
el victorioso ¡eureka!, y sus fracasos resonantes han sido otras
tantas pruebas de lo erróneo de sus respectivos SISTEMAS.
Lo cual no quiere decir que tanto esfuerzo
y tanto sacrificio hayan sido estériles; por el contrario,
a ellos deberemos al fin el convencimiento de la verdad y la posesión
del bien perseguido a través de un siglo largo de hecatombes
fratricidas y desastres sociales. Este pronóstico es de infalible
realización. Veamos por qué.
Proclamado el Plan de Ayala, hubo un
momento en que a pesar de los procederes feroces y terroríficos
de Zapata y de sus hordas, fué común sentir de la gente
de pensamiento sereno, que Zapata podía llegar a ser el Caudillo
de un gran movimiento nacional, porque llevaba en la mano una verdadera
bandera triunfal por el arrebatador lema de "¡Tierra, Libertad
y Justicia!" que en ella resplandecía.
Autorizaron tal opinión votos
decisivos, ya por su sinceridad, como el del infortunado Presidente
Madero, ya por venir de un adversario de la talla intelectual y de
la filiación política de don Francisco Bulnes, quien
repetidas veces reconoció que el Plan de Ayala contenía
un gran programa político susceptible de servir de guía
a un partido de intereses de incontrastable fuerza.
Fué también por entonces
cuando el autor del SISTEMA SALA -el cual SISTEMA se hallaba en los
comienzos de su evolución y tenia graves errores de detalle,
hecho que mucho importa hacer constar-, cedió al deseo racional
y humanitario de "encauzar por senderos de inteligencia, de honor
y de patriotismo, la enorme fuerza que en manos de Zapata puso la
desesperación del proletariado morelense.
Y así fué como se entabló
la interesantísima e instructiva lid moral, política
y económica entre las ideas del SISTEMA SALA y las del que
llamaremos sistema Zapata, corregido y reformado por sus consejeros
áulicos Manuel Palafox y Antonio Díaz Soto y Gama; lid
cuyas rápidas peripecias presentan las cartas preinsertas,
y que se desenlazó con un inevitable choque y una ruptura tácita
que para el lector superficial deja el episodio en coma.
Si no fuese otra de tantas mentiras
convencionales la de que la fe trasporta las montañas, Jesús
no habría tenido que dejarse crucificar en el Calvario para
demostrar a los hombres la fuerza de su doctrina de sacrificio y esperanza,
y asegurar con ello el triunfo de la revolución social y moral
que se propuso producir.
Lo cierto es que la fe ciega en una
idea falsa y mal examinada, es lo que levantó la hoguera en
que estuvo a punto de perecer Galileo, y lo que ha producido tantos
y tantos terribles fracasos como la historia registra y a los que
debe agregarse el de la revolución agraria que tuvo por bandera
el Plan de Ayala.
El vulgo atribuye la muerte de Zapata
y del zapatismo, a que por una vez falló la proverbial suspicacia
del desprestigiado caudillo suriano. Grave error. Zapata era un cadáver
político desde mucho tiempo antes de que su trágica
vida terminara en Chinameca. La fe irrazonada que puso en una ley
agraria absurda, a trozos inicua, y a trozos pueril, que consejeros
torpes o pérfidos le hicieron adoptar como la realización
perfecta del ideal agrario del Plan de Ayala, eso fue lo que le cegó
y le impidió conocer la verdad que intentó demostrarle
en sus cartas el autor del SISTEMA SALA; y eso mismo lo que determinó
a la larga el desastre político de la revolución suriana
en lo que tuvo de sensato y de justo.
Consumó el desastre el propio
Zapata cuando al sentir el desengaño y el desorientamiento
consiguiente, acudió al suicidio en vez de acogerse a la verdad
salvadora. Porque suicidio y no otra cosa fue el acto de estampar,
como lo hizo bajo su sello y firma, en un manifiesto fechado en Tlaltizapán,
el 20 de abril de 1918, que auténtico tenemos a la vista, las
siguientes estupendas declaraciones de principios: "Cumplir el
Plan de Ayala es nuestro único y gran compromiso; ahí
radicará toda nuestra intransigencia
. Respecto a la cuestión
económica:
. Procuraremos la reorganización financiera
de acuerdo con las Leyes emanadas de nuestra Constitución de
1857.... para conciliar todos los intereses".
Naturalmente, este manifiesto ya no
tiene por lema el magnífico de "Tierra, Libertad y Justicia",
incompatible en cuanto a su primer postulado con el increíble
cambio de frente de Zapata, sino estos otros "Constitución
de 57.- Reforma, Libertad, Justicia y Ley". ¿Cabe imaginar
contubernio más monstruoso que el del Plan de Ayala y la Constitución
de 57? (Véase dicho Manifiesto al final de este folleto.)
Cuenta la historia que en la célebre
conferencia de Orizaba, cuando el archiduque Maximiliano, tentado
por el padre Fischer, decidió suspender su regreso a Europa,
retirar su abdicación y aceptar el apoyo que el CLERO le ofrecía
para continuar la lucha, el ministro Lacunza tuvo la heroica sinceridad
de decirle que con ese acto iba a cambiar su título de Emperador
por el de simple jefe de facción. El error que cometió
Maximiliano al no atender esta sabia advertencia, fué el que
directa y prontamente le condujo ante el Consejo de Guerra de Querétaro.
El error de Zapata al rechazar el SISTEMA SALA, fué el que
le arrastró gradualmente al fracaso de la revolución
agraria, al bandolerismo desnudo de todo ideal y huérfano de
toda bandera, al suicidio político y al trágico final
de Chinameca.
Con lo que queda demostrado que no es
la fe ciega y terca lo que salva y redime, sino la duda que analiza,
investiga y acaba por arrancar a la Naturaleza la verdad fecunda y
regeneradora.
Para convencernos de ello observemos
desde un punto de vista más general y elevado, el proceso evolutivo
de la cuestión agraria en México.
Pese a ciertos políticos y publicistas
del día, que pretenden servirnos el descubrimiento del Mediterráneo
al presentarse como descubridores de que la causa de todos los males
de que adolece la Patria, radica en la pésima división
de la tierra, lo cierto es que los soberanos españoles, el
Consejo de Indias, los virreyes y demás altas autoridades del
Gobierno colonial, se dieron cuenta de este problema casi a raíz
de la conquista, desde que las iniquidades de los encomenderos y la
codicia de los conquistadores las obligaron a ello; y son numerosísimas
las pruebas que en los diversos ordenamientos de la legislación
colonial se hallan de la plausible, pero estéril lucha entablada
por los monarcas hispanos muy particularmente, en defensa de los derechos
de los indígenas a la vida, o lo que es lo mismo, a la conservación
de una parte siquiera de sus tierras que bastara a mantenérsela.
En todas las obras políticas
notables publicadas durante la lucha por la independencia y a poco
de consumada ésta, puede verse ya clara y completa la exposición
del tremendo PROBLEMA AGRARIO, tal como hasta la fecha existe.
El barón de Humboldt lo presenta
en su "Ensayo político sobre la Nueva España";
el Doctor Mora lo profundiza en su inmortal obra "México
y sus revoluciones"; Zavala lo diseca con mano Maestra en su
no menos célebre "Ensayo histórico sobre las revoluciones
de México"; Alamán pasa sobre la quemante cuestión
con destreza de interesado en no llamar la atención sobre ella;
y son tantos los escritores y los estadistas ilustres que han señalado
el mal y aun tratado de remediarlo, que convertiríamos esta
síntesis en un centón de citas con sólo apuntar
nombres, títulos y páginas de lo escrito sobre esta
materia.
Pero descubrir el mal, estudiarlo y
aun conocerlo a fondo, no es lo mismo que HALLARLE REMEDIO; el ejemplo
de Koch es concluyente a este respecto. Convulsiones y revoluciones
formidables han sacudido y desquiciado al país de medio siglo
en medio siglo; lemas, planes y programas, a cual más vistoso
y halagador, han deslumbrado y alucinado al pueblo mexicano incesantemente,
sin que el PROBLEMA AGRARIO haya sido resuelto por los autores de
tales documentos, ya no de hecho, pero ni siquiera de derecho; muy
al contrario, nuestras grandes revoluciones y los planes a que ellas
han dado el triunfo, no han hecho en realidad más que apretar
el dogal de pueblo, o desprestigiar su causa.
El Plan de lguala CONFIRMO al CLERO
y a los GRANDES TERRATENIENTES en la POSESION de las TIERRAS, amenazada
por la desvinculación de los mayorazgos y por la revolución
progresista que desencadenó en la Metrópoli el contacto
con los revolucionarios franceses. Las Leyes de Reforma no tuvieron
más resultados positivos que un JUEGO de MANOS con las TIERRAS
y la PERDIDA del DERECHO de los pueblos para poseer tierras en común;
reforma funesta que fué el instrumento perfecto de que se valió
la oligarquía limanturiana para disponer de las grandes extensiones
de tierras comunales que repartió entre los nacionales y los
extranjeros que la formaban.
Finalmente, la Ley de 6 de enero de
1915 y su sanción legal, el artículo 27 de la nueva
Constitución política, sin producir la anhelada división
de la tierra, han provocado peligrosos conflictos de derecho público
e internacional, por lesionar intereses creados legítimos,
y lo que es peor, han establecido una situación insostenible
e inaceptable por lo incierta, siendo así que el precepto según
el cual el Estado puede imprimir en cualquier tiempo a la propiedad
las modalidades que juzgue convenientes, no sólo destruye de
raíz el principio de propiedad, sino que deja abierta la puerta
a todo cambio, por radical que fuere, tanto progresivo como regresivo,
desde el comunismo sindicalista y el bolshevismo, hasta la vuelta
al feudalismo medioeval, del que de hecho no hemos salido todavía.
No es, pues, una vana jactancia la del
autor del SISTEMA SALA al afirmar, como lo hace en el prólogo
con que presentó su correspondencia con Zapata, que "no
habrá "Libertad y Constitución"; no habrá
"Sufragio Efectivo y No Reelección"; no habrá
"Constitución y Reformas"; no habrá "Reforma,
Libertad, Justicia y Ley", ni menos "Paz y Justicia",
mientras la tierra pertenezca a una minoría asombrosamente
pequeña; mientras la tierra no sea dividida, y esto dentro
de los cánones del Derecho y la Equidad", como lo propone
el SISTEMA SALA, al contrario de todos los demás sistemas que
hasta hoy han fracasarlo en la solución del PROBLEMA AGRARIO,
lo que puede por consiguiente fundar la presunción de eficacia
en favor del primero, y explicar la probada inutilidad de los demás.
No es difícil, por cierto, hallar
ese principio diferencial, cuya superioridad se impone a la simple
enunciación de él, parodiando el célebre "Ser
o no ser" con que Shakespeare formuló la solución
del problema moral humano, nosotros concebimos la solución
del PROBLEMA AGRARIO así: "Pagar o no pagar".
Porque el hecho de que todos los SISTEMAS
fracasados han tenido por principio más o menos franco y declarado,
no pagar las tierras, y el SISTEMA SALA es el primero que ha buscado
en el principio de pagar las tierras, una firme base de sustentación.
Sin que valga nada más desde
este punto de vista, el sistema que hoy tiene fuerza de ley, por dos
poderosas y contundentes razones: que expropiar tomando por base los
actuales avalúos fiscales de las grandes fincas rústicas,
es castigar un fraude al Fisco con una cuasi confiscación;
y que pagar los precios irrisorios resultantes de tales avalúos,
en papel redimible a veinte años de plazo, y en esta época
de inflación universal de la circulación fiduciaria,
equivale a convertir la expropiación en confiscación
completa.
No es el objeto de este escrito hacer
la crítica del SISTEMA SALA y por esto en vez de insistir en
los efectos políticos y económicos que debe producir
y está produciendo el principio de no pagar las tierras, remitimos
al lector a la parte relativa de la polémica entre el señor
Sala y Zapata, y volvemos al tema, esto es, a la enseñanza
que de esa polémica se desprende, así como del fracaso
consiguiente del Plan de Ayala y de todos los demás planes
ensayados para reivindicar la propiedad de la tierra en favor del
PUEBLO.
Hicimos notar que en la época
en que se desarrolló la polémica susodicha, el SISTEMA
SALA adolecía aún de graves defectos en su parte financiera.
Aplicando el método matemático de los movimientos elementales,
veamos los cambios ocurridos en la evolución de los SISTEMAS
basados en el principio de no pagar, y en la del SISTEMA SALA, durante
un momento angular equivalente al lapso trascurrido de 1914 a la fecha;
la determinación de dicho momento por tal lapso, excluye de
la comparación al SISTEMA de las Leyes de Reforma; pero aunque
así no fuera, lo excluiría su evidente fracaso desde
todos los puntos de vista. En cuanto al SISTEMA formado por el Plan
de Ayala y la Ley Agraria Palafox-Soto y Gama, ya vimos cómo
pasó de la fe ciega y arrogante, al desacierto, de éste
a la duda y de la duda al suicidio.
Es de mencionarse el hecho de que los
autores de la citada Ley Agraria y ejecutores del Plan de Ayala, inspirándose
muy probablemente en ciertos detalles de organización del primitivo
SISTEMA SALA, pero mal entendidos y peor aplicados, intentaron organizar
el error, y al efecto fundaron y tuvieron en funciones en Jojutla,
una oficina de medición, deslinde, avalúo y división
de las tierras confiscadas, y una Caja de Préstamos a los flamantes
agricultores en pequeño.... y en grande, pues más eran
los segundos que los primeros.
Desgraciadamente, descuidaron legitimar
los nuevos títulos; descuidaron dividir por igual las tierras
entre los generales y los soldados; descuidaron además, crearle
fuentes vivas y perennes de ingresos a la Caja de Préstamos,
la que sólo recibió por una vez el producto no completo
de lo confiscado a "los enemigos de la Revolución";
otro olvido fatal fué el de no asegurar el reembolso de los
préstamos, difícil de suyo por ser prorrogables hasta
por tres años y con la sola garantía del agricultor,
en caso extremo, con la de la tierra, no obstante haberse declarado
ésta inalienable; pero el descuido peor fué el de la
organización del trabajo y de la preparación de los
nuevos agricultores que si acaso sabían defender su tierra,
desconocían del todo el arte de los cultivos intensivos, indispensables
para la vida de la agricultura en pequeño; sin contar con que
el estado de guerra que mantenía la absurda actitud política
adoptada por Zapata, impedía la adquisición de elementos
de cultivo, imposibilitaba a los nuevos propietarios para dedicarse
a él, y dificultaba todo, desde la producción hasta
la distribución y los cambios: naturales y lógicos frutos
de todo sistema basado en la fuerza y en la violencia, con desprecio
de "la equidad" y "del derecho".
Bien considerados los hechos, es mayor
el fracaso del SISTEMA consagrado por la Constitución de 1917.
La razón es obvia: este otro SISTEMA ha tenido a su favor para
fructificar bien, el triunfo del partido que lo ideó e implantó;
los grandes recursos del Gobierno Federal; un amplísimo campo
pacificado en qué ensayarlo; años agrícolas excelentes;
demanda formidable y precios altísimos; y dominio de los medios
de transporte y de los mejores centros comerciales del país.
Y sin embargo, LAS TIERRAS SIGUEN INDIVISAS.
Por el contrario, el SISTEMA SALA ha
progresado; así lo demuestra la comparación entre su
forma primitiva de 1912 y la actual. Y sin afirmar que haya llegado
a la perfección, porque ni ésta es asequible a la obra
humana, ni una obra de este género puede alcanzar el grado
supremo de mejoramiento mientras no sea sometida al cincel de la experiencia,
lo cierto es que ha llegado a un punto altamente satisfactorio de
adelanto, sobre todo en cuanto a detalles de organización.
Y es el caso que las modernas autoridades
en la ciencia económica dan tal importancia a la organización,
que la consideran ya como el cuarto factor de la producción.
Por esto, hablando del poder de la organización, el gran financiero
Carnegie dijo con referencia a la producción de los Estados
Unidos de América "Quitadnos todas nuestras fábricas,
clientela, dinero y facilidades de transporte; dejadnos únicamente
nuestro don organizador, y en sólo cuatro años nos habremos
restablecido por completo".
He aquí por qué es razonable
inferir de los hechos que este epílogo comenta, que el SISTEMA
SALA está animado por ideas de tal manera vivaces y fuertes,
que así como venció virtualmente al SISTEMA del Plan
de Ayala, vencerá a los demás basados en los mismos
principios inferiores; y que una vez lanzado con la inteligencia o
el vigor con que hasta aquí se le ha venido impulsando y mejorando,
llegará por modo infalible el día en que realice la
obra grandiosa de fundar sólida y perdurablemente la nacionalidad
mexicana y la libertad individual, sobre la base inconmovible de la
tierra bien valuada, bien pagada, bien dividida y bien cultivada.
Mayo de 1919.
(Rúbrica de M.
Romero Ibáñez)