Cuando pretendemos indagar sobre la presencia
y participación
de las mujeres en la Revolución mexicana el primer problema
al que nos enfrentamos, después de revisar la escasa bibliografía
que existe sobre el tema, (1) es el tratamiento que en los textos
de historia se le da al papel protagónico femenino.
"En la Revolución, iniciada en 1910, la mujer poblana
tuvo una participación tan importante como ejemplar por su
abnegación y valentía, y sería imperdonable
que la historia no recogiese, siquiera sea en brevísima síntesis,
la labor de tantas heroínas que contribuyeron a crear el actual
orden social". (2)
Destaco heroínas, porque es precisamente el carácter
heroico, el tratamiento de vidas ejemplares, lo que nos cierra la
posibilidad de entrar en un diálogo con seres humanos del
pasado, en este caso mujeres, inquietas y conscientes algunas, presentes
la gran mayoría que participan de diversas maneras en una
guerra civil que conmocionó al país por una década,
cobrando un saldo de aproximadamente un millón de mexicanos.
La lucha armada revolucionaria (1910-1917) contó con la participación
de hombres y mujeres en los distintos grupos, sectores y clases que
trataban de dar forma a una nueva nación.
Un proyecto nacionalista que involucró y movilizó al
campesino -la población más numerosa de esos años-,
a los obreros, a las clases medias y a la burguesía nacional.
Con expectativas diferentes y a veces contradictorias se integraron
a las distintas facciones revolucionarias que contendieron en la
guerra civil.
Desde el movimiento precursor magonista que
actuó como fuerza
de oposición a Díaz, el maderismo y el constitucionalismo
que enarbolaron la bandera de la democracia, hasta la contrarrevolución
huertista y los movimientos populares: villismo y zapatismo, actuaron
todos en defensa de sus programas y objetivos de lucha, a veces haciendo
un frente común, otras en forma independiente, y otras más
enfrentándose entre sí.
Lo cierto es que al cabo de una década lograron transformar
al país.
La promulgación de una nueva Constitución en 1917
cierra un ciclo de guerra civil y encauza al país por la vía
institucional.
Todos estos acontecimientos que fueron modificando
a México,
también fueron transformando la vida de las mujeres.
Cambios que no fueron consecuencia directa de
la Revolución, éstos
se gestaron desde los últimos años del siglo pasado.
Bien, una vez aclarado que nuestro interés no se centra en
la vida de las heroínas, ¿qué significa entonces
hablar de la presencia de las mujeres en la Revolución mexicana?
Significa recuperarlas como sujetos históricos
que lucharon y participaron en forma comprometida, desde los distintos
frentes,
en las diversas facciones y etapas del proceso revolucionario.
La revisión historiográfica y la incursión
en fuentes hemerográficas y de archivo hizo posible conformar
un panorama inicial sobre la participación de las mujeres
en la Revolución mexicana y estructurarlo atendiendo a una
periodización más amplia 1880-1920, que nos permita
explicar el papel desempeñado por las mujeres, así como
el significado y contextualización de las acciones que realizaron
como integrantes en las diversas facciones revolucionarias: soldaderas,
empleadas, obreras, periodistas, maestras, profesionistas; y en la
lucha feminista que ya desde el porfiriato cuestionaba el papel subordinado
de la mujer, y que en el periodo revolucionario cobra importancia,
crece en participación, e incluso se hace oficial dentro del
constitucionalismo con la propuesta presentada por Hermila Galindo
al Congreso Constituyente en 1916.
Presentar este panorama histórico es
el objetivo de esta ponencia.
En las últimas décadas del siglo pasado, la presencia
de las mujeres en el escenario político se hace más
explícita, en parte como resultado de la mentalidad de "modernidad
y progreso", que caracterizó a aquella época,
durante la cual un nuevo discurso comenzó a cuestionar la
función social de las mujeres y a plantear demandas específicas
de género: (3) mayor acceso a las instituciones educativas,
al trabajo remunerado, y a la participación política,
las enarbolan como bandera de lucha. Peticiones que surgen fundamentalmente
de los sectores medios ilustrados.
El proceso de industrialización iniciado en el porfiriato
abrió a las mujeres las puertas de fábricas, talleres,
comercios, oficinas públicas, (4) y amplió también
su participación dentro del magisterio.
Con la creación de la Escuela Normal de Profesoras en 1888,
la profesión de maestra cobró una importancia que hasta
entonces no tenía; mientras que al inicio del régimen
58.33% del profesorado eran hombres y 25% mujeres, para 1900 la proporción
se había invertido en 32.50% hombres y 67.50% mujeres, y en
1907 las estadísticas registran 21.71% hombres y 78.29% mujeres.
(5)
Con ello el magisterio se convirtió en la gran oportunidad
de profesionalización para la mayoría de las mujeres.
La Escuela de Artes y Oficios y la Mercantil "Miguel Lerdo
de Tejada" de Señoritas, fueron también otra opción
de desarrollo profesional en ciertos sectores sociales, y en menor
escala el periodismo y las letras.
La mujer empieza a salir de los estrechos límites del hogar
para desarrollar otras actividades, preocupación que se expresa
en la prensa de la época, en tanto la emancipación
podía significar la renuncia de ellas a su función "natural" de
esposas y madres.
El Clarín, periódico de Guadalajara
publicaba al respecto:
"Las señoras y señoritas de la capital muy activas,
asaz varoniles que pronuncian discursos, componen piezas musicales
y abrazan y besan en público [...] esos arranques viriles
del sexo débil, francamente no nos gustan; saquen ustedes
a la mujer de su natural esfera de acción, sepárenla
de la tarea de pegar botones, de confeccionar un guiso ó de
enseñarles una oración a los chicos [...] y lo habrán
hechado todo a perder por más que en lo contrario opina la
renombrada escritora Dña. Concepción Gimeno de Flaquer.
La mujer a sus labores: eso de decir discursos y encabezar motines,
se queda para nosotros que llevamos pantalones. No hay que confundir
los sexos". (6)
El Colmillo Público, de la ciudad de México
declaraba:
"Las mujeres que hablan de feminismo no son buenas, y quieren
llamarse en vez de malas, adelantadas y liberales, que es nombre
que suena mejor". (7)
La influencia de los movimientos feministas
europeos y del sufragista estadunidense se deja sentir en los escritos
de un grupo de mujeres,
que se convierten en portavoces de las ideas emancipadoras, aprovechando
el espíritu progresista e innovador de la época.
Desde finales del siglo XIX la prensa constituyó el espacio
donde ese sector femenino expresó la necesidad de redefinir
no sólo la función social de la mujer, sino de luchar
por su emancipación por medio del estudio y del trabajo remunerado.
(8)
Este grupo de mujeres comienza a manifestar
sus opiniones en periódicos
y revistas femeninas.
La Mujer, La Mujer Mexicana, El Álbum de la Mujer, El Correo
de las Señoras, Violetas de Anáhuac, entre otras, concebidas
por y para mujeres, nos dan cuenta del interés de esas nuevas
generaciones por comunicarse; fue la pluma de profesoras, escritoras
y profesionistas (9) la que inicia un cuestionamiento sobre la desigualdad
intelectual entre los sexos, y se expresa a favor de la emancipación
femenina en términos de educación e ilustración
igualitaria que les permitiera participar en los distintos campos
de la cultura y la política.
No obstante su reducido número, se dieron a la tarea de reflexionar
sobre los derechos y prerrogativas de las mujeres mexicanas, convirtiéndose
en la vanguardia dedicada a elaborar las primeras reivindicaciones.
También constituyeron en 1904, la primera organización
feminista denominada Sociedad Protectora de la Mujer, integrada por
María Sandoval de Zarco (la primera abogada graduada en México
en 1889) y por otras mujeres profesionistas preocupadas "por
lograr el perfeccionamiento físico, intelectual y moral de
la mujer, el cultivo de las ciencias, las bellas artes y la industria".
Se ocuparon además de defender a las mujeres presas y perseguidas
por cuestiones políticas. (10)
Por su parte, la prensa obrera, respecto a las mujeres, se encarga
de denunciar sus problemas laborales.
La explotación que vive este sector proletario (bajos salarios,
largas jornadas de trabajo, carencia de prestaciones, situación
de las organizaciones gremiales, etc.) son los temas más recurrentes,
sin dejar de reiterar las prescripciones propias de una moral burguesa.
La importancia de la función en la sociedad de las mujeres
como esposas y madres, la necesidad de educación como medio
para emanciparlas, y la lucha por mejores condiciones de trabajo
para evitar la prostitución. (11)
En los primeros años del siglo XX empiezan a surgir organizaciones
de trabajadoras (integradas por maestras normalistas y obreras textileras
principalmente) que se vinculan al Partido Liberal Mexicano desarrollando
una intensa labor política en contra del régimen de
Díaz, lo que causó la persecución y el encarcelamiento
de algunas de sus integrantes.
Juana Belén Gutiérrez de Mendoza (editora del seminario
Vésper); (12) Dolores Jiménez y Muro (colaboradora
en la revista La Mujer Mexicana, redactora y firmante del Plan político-social
de la Sierra de Guerrero, el antecedente más inmediato del
Plan de Ayala, documentos en el que también participa de su
elaboración, (13) y Elisa Acuña y Rosetti (integrante
del centro director de la Confederación de Clubes Liberales
en 1903 y editora de La Guillotina, periódico que ella misma
financiaba) fundaron en la cárcel la sociedad "Hijas
de Cuauhtémoc".
Además de protestar por los excesos cometidos
en el porfiriato y pronunciarse a favor del antirreeleccioriismo,
se expresaron partidarias
del reconocimiento de la igualdad de la mujer con el hombre.
Otra de las primeras organizaciones revolucionarias
que hizo suyo el Programa del Partido Liberal Mexicano fue la denominda
Hijas de
Anáhuac, fundada en Tizapán, D.F., en 1907, por obreras
textileras.
Además de luchar por los principios del
magonismo (motivo por el que algunas de sus dirigentes padecieron
arrestos y encarcelamientos),
se pronunciaron a favor del mejoramiento social de la mujer obrera.
(14)
Todas estas mujeres fueron propagandistas activas
de las ideas del magonismo y las que sobrevivieron más tarde
fueron protagonistas en el movimiento armado.
No fue entonces a partir de 1910 que se empezó a cuestionar
la condición subordinada de la mujer, ya que si bien la Revolución
mexicana es un verdadero parteaguas, alteró y modificó sus
formas de vida, antes de esta revuelta existió gran participación
femenina en distintos ámbitos y niveles.
LAS SOLDADERAS
La mujer no se incorporó a "la bola" por primera
vez en la Revolución, durante los conflictos armados que vivió el
país a lo largo del siglo XIX, a la mujer del campo, compañera
del soldado federal (por extensión llamada "soldadera"),
la vemos enrolada en los ejércitos, desempeñando además
de las tareas tradicionales las que surgen como parte de la guerra.
Julio Guerrero en su libro La génesis del crimen en México,
publicado en 1901, aporta una caracterización de las soldaderas
decimonónicas:
"Estas mujeres durante el día no tienen más hogar
que la calle; y la cuadra del cuartel en la noche. Sentadas en la
banqueta, con el perro á sus pies, y el muchacho recostado
contra el canasto, forman frente á los cuarteles, grupos que
ocupan media calle; acompañan al marido ó amacio en
sus marchas militares, llevando á cuestas al niño de
brazos, al canasto lleno con ropa y los trastos de guisar [...] La
mayor parte son concubinas de los soldados pero fieles, y jamás
tienen dos amacios á la vez [...] Son celosas y valientes,
habiendo, muchas veces, saqueado las poblaciones pequeñas;
pues se encargan de procurar alimentos á la tropa; y los consiguen
por la fuerza, cuando los rehusan los dueños de tiendas, corrales ó rancherías".
(15)
Si bien es cierto, las imágenes de las soldaderas que conocemos
son producto de la Revolución; las recrean los corridos, los
archivos fotográficos guardan en sus negativos tanto escenas
de vida cotidiana en los campamentos, como las más difundidas
en las que las vemos retratadas portando carabinas y cananas, los
pintores las han inmortalizado en sus murales, descripciones de viajeros
y novelas de la época registran sobre todo las hazañas
de coronelas y generalas que tuvieron mando de tropa. (16)
La gran mayoría de mujeres campesinas se incorporan a los
distintos ejércitos en función de su lugar de origen,
acompañando al padre, esposo o hermano, por propia voluntad
o bajo el viejo sistema de leva.
El rapto y la violación fueron actos de agresión
que las mujeres padecieron en este periodo de ilegalidad y en nombre
de las distintas facciones. Diversos relatos hablan de esos abusos
sexuales.
"En el norte reina una total ilegalidad, en cualquier parte
los hermanos se matan entre sí, en tanto que a las hermanas
las reparten como botín; (17)
"Una vez mi mamá me puso ropa de mi abuelita; mi abuelita
ya había muerto, me puso unas enaguas y me sacaron a que fuera
yo a moler nixtamal; y ¡que llegan los zapatistas aventando
la puerta! [. . .] ¿Qué querían? preguntó [mi
mamá] a los zapatistas. Pues unas gordas, algo de comer.
"Dice ella: pues, apenas está moliendo ella. Ahorita
les hago unas memelas y vienen. ¡váyanse y den la vuelta!
Ya pa' que te vayas p'alla, me dijo a mí. Si no, ¡capaz
que te llevan! Yo tenía quince años.
"Se llevaron de aquí varias muchachas de soldaderas.
Aquí de "La Fama"; se las llevaron a la fuerza.
Pues ¡quién se iba con un calzonudo. (18)
"En el pueblo de Namiquipa, Villa lo sitió y ordenó matar
a todos los hombres y las mujeres se las echó a la tropa...
porque creía que eran enemigos de él, porque lo habían... él
decía que lo habían traicionado. (19)
"También los carrancistas en Rubio, también se
trajeron como unas catorce muchachas y hasta se querían traer
mujeres casadas, y así". (20)
Temas como la violencia hacia las mujeres y
la prostitución,
no han sido abordados en forma sistemática.
Esta última reglamentada en el porfiriato, por considerarse "un
mal necesario", vivió en la clandestinidad durante la
Revolución.
Los burdeles representaron para muchas mujeres
indigentes una forma de sobrevivencia; para otras quizá, la posibilidad de encauzar
una sexualidad reprimida, que por tantos años había
imperado como norma socialmente aceptada.
Incorporadas las soldaderas en los distintos grupos revolucionarios,
participaron de muy diversas maneras.
"Encargadas de las tareas domésticas, como siempre,
pero en tiempos de guerra en medio de condiciones más adversas,
peregrinando de un lugar a otro, pernoctando en los campamentos improvisados,
se ocuparon no sólo de alimentar a la tropa, lavar la ropa
y cuidar a los hijos, sino también de atender a los heridos,
servir de correos y de espías en los pueblos, abastecer de
armas y brindar compañía sexual a sus hombres".
(21)
Narraciones de mujeres zapatistas cuentan cómo fue su incorporación
al ejército y describen su vida en los campamentos.
"Me fui porque quemaron Huitzilac y despoblaron, y claro que
quemaron merito en 1911, cuando nos despoblaron. Cuando estalló la
Revolución fue en 1910, hubo sitio, de ese sitio, al año
como quien dice, sembramos nuestro granito de maíz, pero todo
se quedó, trapos y ¡qué se entiende! todo se
quedó ahí en la casa, todo... Entraron a quemar pero
fue el gobierno, no los zapatistas, entró el gobierno. [A
los hombres] se los llevaban lejos a guerrear y nosotras en el campamento.
Pero nos dejaban un resguardo, por alguna cosa que hubiera. (22)
"Las esposas de los generales siguieron a sus hombres porque
no había gente que les hiciera de comer, no había nadien,
no sabían hacer nada y los soldados que llevaban sus esposas
no querían tampoco que les ayudaran porque también
ellas se cansaban. Andábamos todas con ellos en el monte,
todos, sí. La vida en los campamentos era muy triste, muy
dura". (23)
Un numeroso contingente de soldaderas, en el
silencio y desde la invisibilidad cumplieron el importante objetivo
de sostener la vida
cotidiana de sus "juanes".
Cabría subrayar, sin embargo, que además de realizar
las faenas domésticas desempeñaron tareas de mayor
riesgo.
Un informante relata:
"Las mujeres con Villa tenían mucho corazón y
mucho valor, eran espías en los campamentos federales, se
hacían pasar como vendedoras, la tropa les decía "Marías",
así ellas se fijaban en las trincheras, en el armamento, escuchaban
de los movimientos y luego iban e informaban al general Villa".
(24)
Muchas mujeres participaron como combatientes
en las batallas, algunas ocupando el lugar del marido muerto -heredando
incluso el grado militar-
lograron ganarse el respeto de sus subordinados, otras haciéndose
pasar por hombres se pierden entre la tropa y algunas más
en forma sanguinaria implantaron justicia por propia mano. (25)
La literatura ha elaborado un estereotipo de
estas soldaderas dotándolas
de características tradicionalmente masculinas: la valentía,
el aplomo y la bravura son atributos que se destacan en ellas.
Platica Tomasa García:
"A todas nos decían adelitas, pero la mera Adelita era
de Ciudad Juárez ... ella decía: ¡Órale! Éntrenle
y el que tenga miedo que se quede a cocer frijoles ... Éramos
muchas: la Petra, la Soledá ... y la mayoría sí servíamos
para combatir". (26)
Los papeles, aunque definidos ancestralmente,
fueron trastocados en la Revolución, nuevas formas de relación se establecen
entre hombres y mujeres, se rompen esquemas que habían imperado
como norma de conducta.
La presencia femenina en la Revolución
no se limita, empero, a las soldaderas; en ella participaron mujeres
de distintos estratos
sociales, en las distintas facciones y desde los distintos frentes:
"Las mujeres trabajaron como despachadoras de
trenes, telegrafistas, enfermeras, farmacéuticas, empleadas de oficina, reporteras,
editoras de periódicos, mujeres de negocios y maestras". (27)
EL COMPROMISO CON EL MAGONISMO
La formación de clubes liberales en el interior de la República
contó con el trabajo de activas colaboradoras, que en forma
comprometida participaron en los movimientos insurreccionales de
Chihuahua y La Laguna hacia 1906, realizando diversas actividades.
La profesora Silvina Rembao, escribió una serie de artículos
en contra de la dictadura, publicados en los periódicos locales
de Chihuahua.
Margarita Ortega y su hija Rosaura Cortari,
militantes magonistas, combatieron en los estados norteños
de Baja California y Sonora.
Al triunfo del maderismo en 1911, se exiliaron
en Yuma, Arizona, donde fueron arrestadas por las autoridades de
inmigración;
logrando escapar se trasladaron a Phoenix, cambiándose los
nombres por el de María Valdez y Josefina. El largo y pesado
trayecto provocó la muerte de Rosaura Gortari.
Margarita continuó su militancia en las
filas del Partido Liberal Mexicano (PLM).
Junto con Natividad Cortés reorganizaron el movimiento en
Sonora teniendo como centro de operaciones la pequeña población
de Sonoyta.
Ahí se enfrentaron a las fuerzas del
carrancista Rodolfo Gallegos muriendo Natividad durante el tiroteo.
Margarita huyó hacia Baja California y cerca de Mexicali
fue hecha prisionera por tropas huertistas el 20 de noviembre de
1913; encarcelada y torturada por no confesar los nombres de sus
compañeros magonistas, murió fusilada cuatro días
después. (28)
Destacaremos también la presencia en el magonismo de Elizabeth
Trowbridge, Avelina Villarreal, María Brousse, y Ethel Duff
Turner.
Este grupo de mujeres realizaron importantes
tareas, especialmente en Estados Unidos cuando los principales
dirigentes magonistas se
encontraban refugiados en el vecino país, por las actividades
subversivas realizadas en contra de la dictadura.
Avelina Villarreal ayudó a editar Regeneración en
St. Louis Missouri, Elizabeth Trowbridge entregó a la causa
no sólo su fortuna personal, sino también su trabajo.
Fue una activa propagandista de los ideales
del magonismo; escribió sobre
la situación que prevalecía en México en diarios
estadunidenses, posteriormente fue editora de The Border, periódico
mensual que bajo la apariencia de una publicación de carácter
literario, en sus páginas se denunciaba tanto la situación
de los prisioneros magonistas en Estados Unidos, como las condiciones
de los trabajadores mexicanos. (29)
En The Border colaboraba Ethel D. Turner, encabezando
campañas
que tenían la intención de crear entre los americanos
una corriente de simpatía hacia México, también
escribía artículos para Regeneración. (30)
Todas estas mujeres tuvieron vidas muy azarosas,
pero su compromiso político era resultado de sus convicciones ideológicas.
LAS MUJERES EN EL MADERISMO
Dentro del maderismo algunas mujeres que habían
militado en las filas del PLM, se incorporan al movimiento armado
de 1910
como activas protagonistas.
Organizadas en agrupaciones femeninas que no precisamente feministas,
participan a favor del antirreeleccionismo.
Una hojeada a la correspondencia del archivo de Francisco I. Madero
(31) descubre una variedad de intereses y preocupaciones femeninas.
Mujeres que ofrecen sus servicios como soldaderas;
(32) obreras que demandan instrucción militar; madres, esposas
o hijas que interceden por sus familiares; mujeres que denuncian
atropellos
cometidos por las autoridades locales en su persona o propiedades,
etc.
La mayoría -simpatizantes y seguidoras del Apóstol
de la Democracia- se organizan en ligas antirreeleccionistas encargadas
de difundir las ideas democráticas, principal bandera de lucha
en esta etapa de la Revolución.
La Liga Femenil de Propaganda Política, constituida en 1910
por Teresa Arteaga, Ma. Luisa Urbina, Joaquina Negrete, María
Aguilar, Adela Treviño y Carmen Serdán, entre otras;
(33) la Liga Feminista Antirreeleccionista Josefa Ortiz de Domínguez;
el Club Sara Pérez de Madero; el Consejo Nacional de Mujeres
Mexicanas, por mencionar algunas, trabajaron en la campaña
de apoyo a Francisco I. Madero.
La actividad llevada a cabo por las hermanas
Narváez en Puebla
el lado de Carmen Serdán, ejemplifica la participación
política y el nivel de compromiso sostenido con la causa revolucionaria.
Mujeres que vamos descubriendo en la medida en que aumenta nuestra
curiosidad y el placer por hurgar los papeles.
Guadalupe y Rosa Narváez, educadas dentro
de una familia poblana de clase media y de ideas liberales, eran
maestras en un
instituto para mujeres, que establecieron en la ciudad de Puebla.
Por su padre, que frecuentaba los círculos antirreeleccionistas,
supieron del libro de Madero que ya circulaba en forma clandestina
entre los grupos de oposición.
La lectura de La sucesión presidencial (34) las convirtió en
entusiastas partidarias de las ideas democráticas, más
tarde en empeñosas colaboradoras.
Vigilando casillas en las elecciones de 1910,
consumado el fraude electoral, estuvieron presentes en los actos
de protesta y en la
manifestación del 7 de julio, brutalmente disuelta por las
fuerzas policiacas estatales.
Tras los sucesos ocurridos el 18 de noviembre
en la casa de la familia Serdán, organizan la Primera Junta Revolucionaria de Puebla,
el 25 de diciembre de 1910, dirigida desde la cárcel por Carmen
Serdán.
Entre sus funciones estaban realizar trabajos
de unificación
de los correligionarios dispersos a la muerte de Aquiles.
Mantenían comunicación estrecha
con centros revolucionarios activos en la capital para coordinar
acuerdos y trabajo.
Actuaron como enlace transmitiendo instrucciones
reservadas, adquirían
pertrechos que hacían llegar a los revolucionarios en lugares
convenidos.
En 1911 organizan un club político revolucionario femenino
denominado Carmen Serdán, encargado de preparar la recepción
a Madero en la ciudad de Puebla.
Editaban semanariamente un boletín llamado Soberanía
del Pueblo, más tarde denominado Defensa del Pueblo. (35)
Tras el asesinato de Madero se funda el Club
Femenil Lealtad organizado por María Arias Bernal, Inés Malváez y Dolores
Sotomayor; entre cuyos objetivos se contaban, además del culto
a los "mártires de la democracia", la difusión
de noticias sobre el curso de la Revolución, trabajar por
el derrocamiento de Victoriano Huerta, y la protección de
la vida y la libertad de los presos políticos. (36)
El periodo de 1913-1917 contó con una amplia participación
femenina. Las mujeres presentes en el maderismo se integran ahora
en las distintas facciones: constitucionalistas, zapatistas, villistas,
y desde los distintos frentes: doméstico, sindical, militar,
político y feminista.
Mariana Gómez Gutiérrez, originaria de Chihuahua,
participó activamente empuñando las armas en el ejército
de Pancho Villa. Profesora de una escuela pública en Ojinaga,
al estallar la Revolución en 1910 abrazó la causa maderista.
Cuando se alistó fue presentada por Villa a la tropa como "la
profesora", diciéndoles: "ella escribirá la
historia de nuestras batallas y de nuestra causa; será como
una hija para los hombres ya viejos y el resto la tratará como
su hermana y profesora".
Mariana escribió artículos a favor de la causa revolucionaria
en periódicos americanos publicados en español que
circulaban en el sur de Estados Unidos.
Participó en la toma de Ojinaga contra los orozquistas en
diciembre de 1913; durante el asalto a la ciudad ella iba con la
carga de caballería que atacó por el lado oeste. Al
ver que las tropas desfallecían se puso al frente de ellas
para infundirles ánimo.
La victoria villista hizo a Mariana pagadora
de la División
del Norte, trabajo que desempeñó durante cinco días.
El rompimiento de Villa con Carranza motivó el
exilio de Mariana a Presidio, Texas en 1917, ya que era una activa
propagandista
del Centauro del Norte. (37)
Dentro del constitucionalismo -facción triunfante de la Revolución-
la presencia femenina fue numerosa. Las mujeres en las distintas
regiones del país se incorporaban a las fuerzas activas realizando
las tareas que les eran encomendadas.
Existen numerosos relatos que nos hablan de
su actuación,
sin embargo muchas de ellas aún permanecen en el anonimato.
El constitucionalismo además de que legitimó su participación,
reconociéndoles grados militares y méritos revolucionarios,
hizo posible la representación femenina en la arena política.
Plantear los problemas específicos de
las mujeres y desarrollar estrategias, fueron las tareas que dentro
de la legalidad realizaron
quienes se adscribieron al carrancismo.
Particular mención haremos de la periodista Hermila Galindo,
(38) secretaria particular de Venustiano Carranza y directora del
semanario ilustrado La Mujer Moderna, quien sostenía que la
participación activa de las mujeres debía darse tanto
en los asuntos políticos que atañen al país
como en los propiamente femeninos.
Fue una de las más destacadas exponentes del feminismo en
México entre 1915 y 1919, periodo en que la vemos trabajar
incansablemente en la prensa, la tribuna y en la organización
de clubes políticos femeniles.
Originaria de Cd. Lerdo, Durango, de una inteligencia
precoz, su capacidad oratoria se puso de manifiesto cuando en nombre
del Club
Liberal Abraham González pronunció el discurso de bienvenida
al Primer Jefe del ejército constitucionalista, en su entrada
victoriosa a la ciudad de México.
Dejó a Venustiano Carranza gratamente impresionado por su
agilidad mental, su entusiasmo y su juventud (contaba tan sólo
17 años), razones por las que la invitó a colaborar
con su gobierno cuando tuvo que trasladarlo a Veracruz en 1914.
Siendo su secretaria particular, Hermila Galindo
viajó al
extranjero para efectuar una campaña a favor del constitucionalismo;
estuvo en La Habana, Cuba, y en Colombia dando a conocer la Doctrina
Carranza contenida en el discurso del 29 de noviembre de 1915 pronunciado
por el Primer Jefe en Matamoros, Tamps. (39)
Desde la tribuna Hermila Galindo continuaba
su labor propagandística
en pro del feminismo, adoptando una posición de avanzada en
problemas como el divorcio, la sexualidad, la religión, la
prostitución y la política.
Una noticia periodística nos da cuenta
de estas actividades:
"En el Teatro García de Saltillo, Coahuila, tuvo lugar
la última conferencia de la serie que sobre la mujer ha estado
dando la inteligente y popular conferencista mexicana Srita. Hermila
Galindo. Asistieron todas las Escuelas Municipales, que gustan de
escuchar la elocuente palabra de la propagandista del feminismo,
que viene predicando la emancipación de la mujer, en esta época
en que la Revolución reconstruye sobre las bases nuevas, el
gran edificio social". (40)
Su entusiasmo y empuje favoreció la creación de sociedades
feministas en distintos lugares de la República: México,
Toluca, Puebla, San Luis Potosí, Campeche, Veracruz, etc.
La influencia que ejerció en el gobernador Salvador Alvarado
fue decisiva para la realización del Primer Congreso Feminista
celebrado en Yucatán, en enero de 1916.
Dicho congreso estuvo representado básicamente por profesoras
(700 congresistas aproximadamente) que discutieron en torno a cuatro
temas fundamentales: los medios más adecuados para la desfanatización
de la mujer y su mejoramiento social; la educación femenina
en el entendido de que había que prepararlas para la vida
intensa del progreso, y sobre las funciones públicas que puede
y debe desempeñar la mujer; concretamente se discutía
el derecho al sufragio.
Opiniones a favor y en contra del desarrollo
del congreso, así como
del contenido de las ponencias que más impacto tuvieron aparecieron
durante esos días, en la prensa de la época.
El trabajo enviado por Hermila Galindo, "La mujer en el porvenir" provocó gran
revuelo entre las asistentes, ya que ciertamente la propuesta resultaba
demasiado audaz; en ella intentaba "comprobar la conocida verdad
científica de que el instinto sexual impera de tal suerte
en la mujer y con tan irresistibles resortes, que ningún artificio
hipócrita es capaz de destruir, modificar o refrenar [...]
Siendo el matrimonio el único medio lícito y moral
para satisfacerlo cumplidamente, según las exigencias de la
sociedad y según las leyes escritas, quedamos frente a un
pavoroso problema". (41)
Razón por la que la autora preparó un extenso documento
que presentó al Segundo Congreso (diciembre de 1916) donde
explicaba claramente su idea con respecto a la igualdad en diversos
planos entre mujeres y hombres.
Cuestiones como el aborto, el infanticidio,
la orfandad y la prostitución,
que no siempre registran las estadísticas -señalaba
Hermila-, son consecuencia de esa moral desigual que castiga en la
mujer actos que son resultado de las "naturales exigencias sexuales".
Tal insistencia en dicha naturalidad, no obedecía a un afán
de notoriedad, sino que constituía el punto de partida de
su análisis feminista.
Hermila Galindo expresaba la necesidad de que
la mujer conociera y entendiera la naturaleza de su propio cuerpo,
para ello proponía
que las escuelas de enseñanza secundaria incluyeran en sus
programas cursos de anatomía y fisiología.
Tales conocimientos les ayudarían a controlar y manejar mejor
sus "naturales impulsos".
Además señalaba a la religión
como la principal responsable de que la mujer permaneciera en la
ignorancia, y al no
poder encauzar su sexualidad continuara sujeta a los designios del
hombre.
Afirmaciones atrevidas para su época, como lo había
sido una década antes, la declaración de la escritora
hispana Concepción Gimeno de Flaquer, publicada en La Mujer
Mexicana: "una moral para los dos sexos es el constante anhelo
de las feministas"; Hermila Galindo también criticaba
y proponía la transformación de la doble moral vigente
en las legislaciones civil y penal.
Con respecto al tema del libre acceso de las
mujeres en la esfera de la política, se argumentaba en su contra la falta de preparación
para ejercer el voto, y el reducido número de mujeres que
lo demandaba; fútil pretexto, expresaron quienes estaban a
favor de que se concediera, ya que son siempre las minorías
las encargadas de agitar, dirigir y marcar derroteros. Las mayorías
son por idiosincrasia gregarias. (42)
Francisca Ascanio respondía al argumento de falta de preparación: "no
es necesaria la experiencia previa para entrar a las luchas sufragistas,
porque nunca la experiencia es previa y porque la práctica
se adquiere en la lucha". (43)
Adelina Zendejas ha comentado sobre el desarrollo del evento:
"El Congreso Feminista es un fiasco porque participaron mujeres
que no estaban ligadas a las obreras y a las campesinas. Es un Congreso
de la pequeña burguesía donde se perdieron en divagaciones,
en versos y hasta en pleitos entre ellas. No es nada del otro mundo".
(44)
Sin embargo, tanto el Primero como el Segundo
Congreso Feminista celebrado también en Yucatán, marcaron un hito en tanto
que contribuyeron a puntualizar una serie de problemas presentes
desde tiempo atrás.
Así fue el trabajo organizado y de lucha que sostuvieron
las mujeres en el largo periodo, lo que propició que fueran
tomadas en cuenta sus demandas, algunas de ellas incorporadas en
las nuevas legislaciones y otras, incluso, llevadas a la práctica.
La ley del divorcio con disolución de vínculo expedida
por Venustiano Carranza en diciembre de 1914, la Ley del Matrimonio
que decretó Emiliano Zapata en 1915, y la Ley sobre Relaciones
Familiares, expedida también por el gobierno de Carranza en
abril de 1917, son algunos ejemplos.
Esta última establecía, además del divorcio
con disolución de vínculo -que ya contemplaba la legislación
anterior-, la posibilidad de contraer nuevo matrimonio a los cónyuges;
se incrementaba la edad mínima requerida para casarse de 12
años en las mujeres y 14 en los hombres, a 14 y 16 años
respectivamente, dicha legislación consignó también
los derechos y obligaciones entre los consortes, las relaciones concernientes
a la paternidad y el reconocimiento de los hijos (aunque establecía
todavía la diferencia entre hijos legítimos y naturales,
que el proyecto del matrimonio expedido por Zapata eliminaba).
La mayoría de edad para ambos sexos se adquiría a
los 21 años; sin embargo, si la mujer permanecía soltera
no podía abandonar la casa paterna hasta cumplir los 30 años;
la mujer casada pasaba de la tutela del padre a la del esposo ya
que requería de su consentimiento para trabajar, ejercer una
profesión o establecer un comercio. (45)
No obstante las disposiciones legislativas,
el matrimonio civil no se generalizó, ya que según muestran datos estadísticos,
al finalizar los años veinte el matrimonio religioso superaba
al civil (la tasa de nupcialidad registrada en 1922 era de 3.7% y
en 1929 apenas de 5%).
En el censo de 1921 encontramos la categoría de divorciado(a),
dado que el divorcio vincular quedó instituido en 1917.
Las iniciativas presentadas al Congreso Constituyente
en 1916, relativas a imponer la pena de muerte por el delito de
violación (46)
y el otorgamiento del voto femenino (47) -aunque ambas propuestas
fueron negadas- pusieron en el tintero otras de las preocupaciones
por las que las mujeres habían venido luchando y sentaron
con ello un precedente.
La organización femenina "Admiradoras de Juárez",
desde 1906 había planteado la necesidad de que se concediera
el voto a la mujer.
Con respecto a la iniciativa presentada por
Hermila Galindo sobre el derecho al sufragio, el constituyente
se manifestó en contra
bajo los siguientes argumentos:
"El hecho de que algunas mujeres excepcionales tengan las condiciones
necesarias para ejercer satisfactoriamente los derechos políticos
no funda la conclusión de que éstos deben concederse
a las mujeres como clase. [...] La diferencia de los sexos determina
la diferencia en la aplicación de las actividades [...] la
actividad de la mujer no ha salido del círculo del hogar doméstico,
ni sus intereses se han desvinculado de los de los miembros masculinos
de la familia; no ha llegado entre nosotros a romperse la unidad
de la familia, como llega a suceder con el avance de la civilización;
las mujeres no sienten pues, la necesidad de participar en los asuntos
públicos, como lo demuestra la falta de todo movimiento colectivo
en ese sentido". (48)
El Congreso Constituyente negó el derecho de voto a la mujer
desconociendo con ello la participación activa y numerosa
que las mujeres habían desplegado durante la lucha armada
revolucionaria; un discurso patriarcal se afanaba en mostrada recluida
en el mundo de lo doméstico, excluyéndola de los asuntos
relacionados con la política.
Al promulgarse la nueva Constitución en febrero de 1917,
Hermilda Galindo lanzó su candidatura para diputada por el
5o. Distrito Electoral de la Ciudad de México (aun sabiendo
que no sería electa), con la intención de hacer pública
la demanda de las mujeres que exigían el derecho de voto;
sabía que con ello sentaba un precedente para las nuevas generaciones.
En cambio, los derechos laborales, aquellos
que fueron una exigencia permanente de las mujeres, sí fueron incorporados en el artículo
123 de la nueva Carta Magna.
Quedó fijado el salario mínimo en condiciones de igualdad
con el hombre, se estableció en ocho horas la jornada máxima
de trabajo, se protegió la maternidad (los tres meses anteriores
al parto las mujeres no desempeñarían trabajos pesados,
el mes posterior disfrutarían forzosamente de descanso percibiendo
su salario íntegro y conservando su empleo; durante el periodo
de la lactancia tendrían dos descansos extraordinarios por
día de media hora cada uno) y también quedaron prohibidos
los trabajos insalubres y peligrosos tanto para las mujeres como
para los jóvenes menores de 16 años. (49)
Corresponde a la gestión del gobernador de Yucatán
Felipe Carrillo Puerto, en los años veinte, la puesta en marcha
de cambios radicales que hacían eco a las demandas, por las
que las mujeres habían venido luchando.
Iniciativas como la del amor libre, que para
los socialistas radicales significaba que un hombre y una mujer
guiados por el instinto de
conservación de la especie, podían unir sus corazones,
sus mentes y sus cuerpos sin la sanción de la Iglesia o del
Estado.
La Ley del Divorcio (marzo de 1923) que definía al matrimonio
como una unión voluntaria apoyada en el amor, con el objeto
de fundar un hogar y que era disoluble por voluntad de cualquiera
de las partes.
Sin embargo, dicha ley, con todos sus aspectos
radicales, dejaba intacta la doble moral tan notoria en la legislación mexicana
y que las feministas intentaban erradicar, ya que veía con
indulgencia el adulterio cometido por el hombre y el hecho de que
una vez divorciado pudiera casarse de inmediato, mientras que la
mujer divorciada tenía que esperar 300 días antes de
contraer nuevas nupcias.
Y, finalmente, la relativa al control natal,
tema que circuló entre
los recién casados mediante el folleto de la doctora Margaret
Sanger: La regulación de la natalidad o La brújula
del hogar.
Todas ellas encontraron el rechazo e incluso
la indignación
de los sectores más conservadores del estado. (50)
Como resultado del intenso trabajo político realizado por
las mujeres en el largo periodo, entre 1922 y 1925 en los estados
del sureste (Chiapas, Yucatán y Tabasco) se obtuvo la igualdad
jurídica de la mujer para votar y ser votada en puestos de
representación popular.
Sin embargo, esta experiencia duró poco,
lo mismo que los representantes del poder regional que la hicieron
posible.
La cancelación de los proyectos políticos estatales
interrumpió la puesta en marcha de los programas en pro de
las mujeres.
Notas:
1.- A manera de ejemplo: Ángeles Mendieta Alatorre. La mujer
en la Revolución Mexicana, 1961; Laureana Wright de Kleinhans.
Mujeres notables mexicanas, 1910; Lucina. G. Villarreal. Heroínas
de la Independencia. Adelitas de la Revolución. Legionarias
del Ejército Nacional, 1940; Aurora Martínez Garza.
Antorchas de la Revolución, 1964; Josefina M. de Ángeles.
María Arias Bernal, su vida, su obra, 1947; Artemisa Sáenz
Royo. Semblanzas; mujeres mexicanas revolucionarias y guerreras revolucionarias
ideológicas, 1960, Historia político-social y cultural
del movimiento femenino en México, 1914-1950, 1954; María
Efraína Rocha. Semblanzas biográficas de mujeres de
la Revolución, 1947; Ana María Hernández. La
mujer mexicana en la industria textil, 1940; Aurora Fernández,
Mujeres que honran a la patria, 1958; Rosalía M. D. Chumacero,
Perfil y pensamiento de la mujer mexicana, 1964; PRI. Heroinas de
México; homenaje a la mujer mexicana, 1953. Estos textos constituyen
parte de la literatura femenina escrita por mujeres sobre mujeres
del periodo revolucionario, todos ellos comparten una estructura
similar, accedemos a relatos -la mayoría de carácter
biográfico- que cumplen más bien la función
de tributo a la labor desarrollada, convirtiéndolas en paradigma.
Pocos son hasta ahora los ensayos contemporáneos de nivel
interpretativo que nos ofrezcan una imagen más articulada
de las mujeres en esta etapa. Cito los estudios de Friedrich C. Turner. "Los
efectos de la participación femenina en la Revolución
de 1910", 1967; Ma. Antonieta Rascón. "La mujer
y la lucha social, de 1979; Anna Macías. Against all odds.
The feminist movement in Mexico to 194O, 1982. Incluyendo la publicación
de artículos en revistas especializadas; sin pasar por alto
el esfuerzo realizado en la revista FEM, espacio abierto también
a los interesados en la historia de la mujer.
2.- Porfirio del Castillo."La mujer poblana en la Revolución",
en Archivo Guadalupe Narváez, col. INEHRM, Archivo General
de la Nación.
3.- Entendemos la categoría sexo-género como la define
María Jesús Izquierdo: "La identidad sexual comparte
una identidad de género, esto es una constelación de
formas de comportamiento, de relación con los demás
y de acción con el medio que hacen diferentes a los hombres
de la mujeres". El sistema sexo-género y la mujer como
sujeto de transformación social, Barcelona, Ediciones laSal,
1983.
4.- Para 1895, 183 293 mujeres estaban incorporadas
a la fuerza de trabajo, lo que constituía 26.5% del total, número
que se incrementó hasta 210 566 mujeres en 1990. Vivian Vallens
M., Working Women in Mexico during the porfiriato, 1880-1910, R.
y R. Research Associates, San Francisco, Calif., 1978.
5.- "Estadísticas Sociales del Porfiriato", en
Mílada Bazant, et al. Historia de las profesiones en México,
México, El Colegio de México, 1982.
6.- "Las mujeres que no cocen", en El Correo de las Señoras,
México, 1883, p. 608.
7.- El Colmillo Público, México, 12 de julio de 1903,
en Ángeles Mendieta Alatorre. La mujer en la Revolución
Mexicana, núm. 23, México, Talleres Gráficos
de la Nación, 1961, p. 36.
8.- Esta tesis fue sostenida por la escritora
Laureana Wright de Kleinhans, fundadora y directora en 1887 de
la revista Violetas de
Anáhuac. La publicación estaba dirigida al sector de
mujeres que contando con una instrucción básica, y
con inquietudes intelectuales, encontrara en ella un espacio de participación
y reflexión sobre los problemas que las inquietaban.
9.- Al iniciarse el siglo, 14.30% de los estudiantes
eran mujeres, y en 1907 la matrícula se había incrementado en un
10%. Con profesión universitaria las estadísticas de
1900 mencionan a 2 abogadas, 3 dentistas, 24 médicas y 13
farmacéuticas. Estadísticas Sociales del porfiriato,
en Mílada Bazant, op. cit. Todavía en la década
de los veinte las mujeres inscritas en carreras universitarias (134)
continuaban siendo una minoría.
10.- La Sociedad Protectora de la Mujer se constituye
el 8 de febrero de 1904, en La Mujer Mexicana, año 1, núm.
9, 1905.
11.- Los artículos referentes a la situación de las
mujeres trabajadoras en el siglo XIX publicados en periódicos
obreros, se encuentran reunidos en la antología preparada
por CEHSMO. La mujer y el movimiento obrero mexicano en el siglo
XIX.
12.- Un buen intento de perfil biográfico de esta extraordinaria
mujer lo encontramos en Pedro Siller. "Testimonios: Juana B.
Gutiérrez de Mendoza", en Historia Obrera, núm.
5, CEHSMO.
13.- Para datos biográficos de Dolores Jiménez y Muro
(1850-1925) véanse Ángeles Mendieta. Las mujeres...
op. cit., y Artemiza Sáenz Royo. Historia político-social
y cultural del movimiento femenmo en México. 1914-1950. Su
colaboración en La Mujer Mexicana fue de julio a diciembre
de 1905. Al consultar la revista aparece signada dentro del cuerpo
de redacción, sin embargo no pudimos localizar sus artículos
ya que al parecer los firmaba con pseudónimo. Para conocer
de su militancia en las filas del PLM, el contenido del plan y su
actuación como coronela zapatista, véanse también
Gildardo Magaña. Emiliano Zapata y el Agrarismo en México,
v. 1, México, Talleres Gráficos de la Nación,
1979, pp. 93-99, y James D. Cockcroft. Precursores intelectuales
de la Revolución Mexicana, México, Siglo Veintiuno
Editores, 1971, pp. 77, 175.
14.- HERNÁNDEZ, Ana María. La mujer mexicana en la
industria textil, México, Secretaría del Trabajo y
Previsión Social, 1940.
15.- GUERRERO, Julio. La génesis del crimen en México.
Estudio de psiquiatría social, México, Librería
de la Vda. de Ch. Bouret, 1901, p. 163.
16.- Las coronelas Rosa Bobadilla Vda. de Casas,
Carmen Parra Vda. de Alanís, Margarita Neri, Ramona Flores, conocida como la "güera
Carrasco", Clara Rocha, entre otras.
17.- O'SHAUGHNESSY, Edith. Huerta y la Revolución vistos
por la esposa de un diplomático, México, Ed. Diógenes,
1971, p. 129.
18.- RADKAU, Verena. "La Fama" y la vida: una fábrica
y sus obreras, México, ClESAS, 1984, Cuadernos de la Casa
Chata, núm. 108, pp. 80-81.
19.- ROCHA, Martha Eva. Las defensas sociales
en Chihuahua. Una paradoja en la Revolución, México, INAH, 1988 (col.
Divulgación), p. .76.
20.- Ibidem, p. 77.
21.- El álbum de la mujer. Antología ilustrada de
las mexicanas, México, INAH, 1990, vals. 1, II (col. Divulgación)
(en prensa).
22.- Entrevista a la Sra. Ignacia Peña Vda. de Fuentes, realizada
en Huitzilac, Morelos, en Salvador Rueda S. "Oposición
y subversión: testimonios zapatistas", Historias núm.
3, 1983.
23.- Entrevista a la Sra. Irene Copado Vda.
de Reyes, realizada por Alicia Olivera y Laura Espejel en Tizapán, D.F., los días
14 y 18 de agosto de 1973. PHo/z/1/10.
24.- Entrevista al señor Félix Garduña Nava
realizada por Ramón Aupart en enero de 1980 (grabación).
25.- Ángeles Mendieta en su libro La mujer en la Revolución
Mexicana, proporciona una lista de 395 mujeres combatientes cuyos
expedientes se encuentran en la Secretaría de la Defensa Nacional,
reconocidas como Veteranas de la Revolución, por su participación
en el primero y segundo periodos.
26.- ROMO, Martha. "¿Y las soldaderas? Tomasa Garda
toma la palabra", en FEM, vol. III, núm. 11, nov.-dic.
de 1979.
27.- TURNER, Friedrich. "Los efectos de la participación
femenina en la Revolución de 1910", en Historia Mexicana,
v. XVI, núm. 4, México, abril-junio de 1967.
28.- Archivo personal de Ethel Duffy Turner, documento 39 (manuscrito).
29.- Para datos biográficos y trayectoria política
de Elizabeth Trowbridge, casada con Manuel Sarabia en 1909, consultar
documentos, 133, 139 y 141 en el archivo de Ethel D. Turner.
30.- lbidem, sobre su vida y su compromiso permanente
con el magonismo, véase documento 1197 en su archivo personal y artículos
periodísticos escritos por José Muñoz Cota y
Rosa Castro, en Novedades y El Día, respectivamente. En 1960
publica su libro Ricardo Flores Magón y el PLM.
31.- SUÁREZ, Ma. de los Angeles. Catálogo del Archivo
de Francisco I. Madero. Archivo General de la Nación.
32.- Archivo Francisco I. Madero. Correspondencia, MS. M. 384. AGN.
33.- TUÑÓN, Esperanza. "También somos
protagonistas de la historia de México", en Cuadernos
para la Mujer, núm. 5, EMAS, 1987, pp. 5, 6.
34.- MADERO, Francisco I. La sucesión presidencial en 1910.
El Partido Nacional Democrático, 3a. ed., México, Editora
Nacional, 1969.
35.- Para datos biográficos de Guadalupe y Rosa Marváez,
consultar el archivo de Guadalupe Narváez de Vilchis, col.
INEHRM en el AGN. Desarrollan también una activa participación
dentro del constitucionalismo, fundan nuevas organizaciones, dirigen
publicaciones periódicas, hacen labor de proselitismo dictando
conferencias, organizando mítines, en distintos sitios del
interior del estado: fábricas, escuelas, plazas públicas,
etc., dando a conocer el programa político y social del constitucionalismo.
El problema agrario y el obrero: trabajan también por la implantación
de la jornada de 8 horas, la formación de sindicatos y la
protección de mujeres y niños. A esta tarea propagandística
se adscriben las profesoras poblanas partidarias de Carranza.
36.- DEL VALLE, Angelina. "María Arias Bernal (1884-1923)",
en FEM, núm. 30, oct.-nov. de 1983.
37.- Clee Woods. "La profesora of the Arroyos",
en Empire Magazine, archivo de Ethel D. Turner, documento 61.
38.- Para datos biográficos de Hermila Galindo véanse, Ángeles
Mendieta La mujer en..., op. cit.; Anna Macías. Against all
odds. The feminist movement in Mexico to 1940, EVA, Greenwood Press,
1982; Fortino Ibarra de Anda. Las mexicanas en el periodismo, México,
Imprenta Mundial, 1937; Daniel Muñoz. "Ocho periodistas
mexicanas", en El Universal, 15 de octubre de 1954.
39.- Hermila Galindo. La Doctrina Carranza y
el acercamiento indolatino, México, s.e., 1919.
40.- La Mujer Moderna, 2 de abril de 1916.
41.- El discurso completo se encuentra en 1916
Primer Congreso Feminista de México, México, Infonavit, 1975. Un interesante
análisis sobre el contenido de la ponencia "La mujer
en el porvenir" es el realizado por Gabriela Cano en su artículo "Las
precursoras. Hermila Galindo", FEM, año 12, núm.
72, diciembre de 1988, pp. 19-21.
42.- RAMÍREZ Garrido, José Domingo. Al margen del
feminismo, Mérida, Yuc., Talleres Pluma y Lápiz, 1918,
pp. 44, 45.
43.- 1916 Primer Congreso..., op. cit.
44.- Entrevista a Adelina Zendejas, realizada
por Esperanza Tuñón
los días 20 y 25 de octubre de 1984, en También somos...,
op. cit., p. 11.
45.- CARRANZA, Venustiano. Ley sobre Relaciones
Familiares, México,
Imprenta de Gobierno, 1917. Esta ley fue muy importante en tanto
modificaba la Ley sobre Matrimonio Civil, del 23 de julio de 1859,
y la Ley Orgánica del Registro Civil, del 28 de julio del
mismo año.
46.- Se refiere al proyecto de reforma del artículo 22 que
proponía reimplantar la pena de muerte a los culpables por
el delito de violación. Es interesante la discusión
que se genera al interior del Congreso Constituyente. "El violador
es el individuo que ejerce violencia carnal sobre una mujer",
sin embargo, no logran ponerse de acuerdo en qué casos debe
determinarse que se cometió violación, por aquello
del "temperamento de los mexicanos". Aunque el artículo
se aprobó sin ninguna modificación, en las actas del
congreso se puede seguir la' argumentación vertida por los
diputados a favor y en contra de la reimplantación de dicha
pena. La parte final del artículo consigna "[...] Queda
también prohibida la pena de muerte por delitos políticos,
y en cuanto a los demás, sólo podrá imponerse
al traidor a la patria en guerra extranjera, al parricida, al homicida
con alevosía, premeditación o ventaja, al incendiario,
al plagiario, al salteador de caminos, al pirata y a los reos de
delitos graves del orden militar". Véase El Álbum...,
op. cit., t. II.
47.- Se refiere al proyecto de reforma de los
artículos 34
y 35, presentado al Congreso Constituyente por Hermila Galindo. lbidem.
48.- lbidem.
49.- lbidem.
50.- Anna Macías. Against all odds..., op. cit., la autora
realiza un estudio sistemático y analítico sobre la
experiencia de lucha feminista desarrollada en Yucatán en
esos años.