OTILIO MONTAÑO.
Por Juan Salazar Pérez


    INDICE

    Nobleza obliga

    1. Evocación del Profr. Otilio E. Montaño

    2. La mañana del crimen

    3. Testamento político del Profr. Otilio Montaño

    4. El Profr. Montaño ¿traidor?

    5. Los últimos días del zapatismo

    6. Una charla con Don Luis Montaño

    7. Aristas de la personalidad de Montaño, lealtad, disciplina
    y amor al zapatismo

    8. Narración de Pablo Brito, uno de los más leales zapatistas

    9. Relato de Samuel Chavarría Benítez

    10. Lo que dice en sus memorias el último firmante del Plan de Ayala

    11. Versión de Soto y Gama

    12. Tildes de los absurdos argumentos de Soto y Gama

INTRODUCCIÓN

El Instituto Nacional de Antropología e Historia a través del Centro Regional Morelos se unió a los festejos del Centenario del Nacimiento del General Emiliano Zapata mediante un convenio con el Estado de Morelos, para realizar el 1er. Concurso Nacional de Ensayo Histórico sobre el tema "Emiliano Zapata y el Movimiento Zapatista".

A fines de 1978, el Gobernador Constitucional del Estado, Dr. Armando León Bejarano V., interesado por dar a conocer los valores de su Estado y de promover la investigación histórica, en combinación con el Centro Regional Morelos lanzaron la convocatoria para el concurso en el cual se explicaba que el tema podía desarrollarse con toda libertad y el Jurado, compuesto por investigadores de reconocida solvencia y representantes de las más altas instituciones en materia de investigación histórica del País, darían su fallo para la premiación de los 5 trabajos que serían publicados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

La respuesta a dicho concurso fue más que satisfactoria habiéndose presentado temas originales, de profunda investigación científica siendo en su conjunto una gran aportación al conocimiento del Zapatismo. Fueron presentados temas como: "El General Emiliano Zapata y el Movimiento Zapatista del Estado de Guerrero" de Guillermo Martínez, "Nacimiento y asesinato de Emiliano Zapata" de Moisés Ortíz Luna, "Algunos cuadros Históricos sobre Emiliano Zapata y el Zapatismo" de Ma. Eugenia Arias, "Porqué fuimos a la Revolución" de Aquiles Chihu, "Genovevo de la O y el Movimiento Zapatista en el Occidente de Morelos y Sur del Estado de México" de Martha Rodríguez, "Emiliano Zapata en el movimiento Zapatista" de Manuel Dehesa, "El papel de Emiliano Zapata en el movimiento Zapatista y la Revolución Mexicana; Una interpretación Marxista" de Juan de Dios Vargas, "El campesino, ayer y hoy" de Alfonso Contreras y "El fusilamiento del General Otilio Montaño. Una página negra en la Historia del Zapatismo" de Juan Salazar Pérez.

Según la convocatoria sólo los 5 primeros lugares serían publicados, sin embargo creemos que todos los trabajos presentados al concurso como el que ahora se publica merecen dar a conocerse aunque no sea con motivo del centenario del General Emiliano Zapata sino por tratarse de un esfuerzo más por conocer, comprender y difundir una de las más importantes páginas de la Historia del Estado de Morelos y de la República Mexicana.

Cuernavaca, Mor., 13 de Abril de 1982.

EMILIO J. BEJARANO E.
DIRECTOR DEL CENTRO REGIONAL
MORELOS.

NOBLEZA OBLIGA.

Difícil era trabajar en común con don Juan Salazar Pérez, mi padre. Sin embargo, por consideraciones de edad y de gratitud, había necesidad de hacerlo. Y cuantas veces solicitaba la "ayudita" para corregir sus trabajos; para alcanzar la palabra que se le escapaba por las sinuosidades del lenguaje; para encontrar la fecha exacta que no recordaba; para cotejar los testimonios que había reunido a lo largo de su vida, y, en fin, para desmenuzar y ordenar sus amarillentos papeles, ahí estábamos los dos, como una sola sombra, pegados a la vieja maquinita llenando interminables borradores.

Sí. Difícil era trabajar con él. Nunca se acostumbró a los períodos breves y concisos. Prefería los párrafos largos y detallados. Y en discutiendo estas pequeñeces -ahora lo comprendo-, nos sorprendió más de una vez, el alba. Eran noches de vigilia, escuchándole, sobrecogida el ánima, el desfilar de personajes, épocas, paisajes y recuerdos que dejaban en ambos, sensaciones de augustas soledades.

Una mañana, puso un legajo de papeles sobre mi mesa. Eran los mismos que meses atrás habíamos corregido una y otra vez, hasta el cansancio, sin resultados positivos (a don Juan pocas veces se le veía satisfecho con su trabajo. Y, si lo estaba, cuidaba de ocultarlo muy bien). Sentía una compulsión moral inmensa por reivindicar la memoria del autor del Plan de Ayala, y había tomado por su cuenta esa causa. Nos falta compaginar un dato: El testamento de Montaño aparecido en un ejemplar de Excélsior de 1919. Días antes lo localizamos, por fin, en la hemeroteca de la ciudad de México. Fué un momento luminoso para don Juan, para él, que las amarguras de la vida, le habían desdibujado ya el milagro de la sonrisa. Y así fuimos, por esas calles antiguas que tanto amaba de la capital, alegres y dichosos, al lado de don Juan, mi compañero Oscar Apáez -a cuya acuciosidad debimos el hallazgo- y yo.

Pero esos papeles se quedarían ahí sobre mi mesa, dormidos un largo tiempo ...

La preocupación de don Juan Salazar Pérez, consistía en quién podría darle difusión a su obra. Debido a un pudor legítimo, se negaba a tocar las puertas del gobierno, que de todos modos las sentía cerradas para él; asimismo, la mayoría de sus amigos, como siempre sucede cuando alguien cae en el "error" político, lo habían abandonado a su propia suerte.

¿Qué hacer?: Un diputado federal por Morelos, a la sazón líder del control político de esa Cámara, le prometió publicárselo. Le enviamos el trabajo. Sonrisas, abrazos ... y nunca más supimos qué pasó con el escrito. A otro historiador, "especialista" -dicen los que saben de ésto-, sobre los asuntos de la Revolución del Sur, le dió una copia más, con la esperanza de que alguna vez siquiera, hiciese mención en sus libros del "Caso Montaño", de acuerdo con las conclusiones a que se llega en estos apuntes. Y tampoco volvimos a tener noticia de tan ilustre investigador.

En 1979, salió una convocatoria suscrita por un comité para la celebración del primer centenario del nacimiento de Emiliano Zapata. Se trataba de ensayos relacionados con la vida del general y la Revolución del Sur. Creí que Dios nos daba la oportunidad de que el sueño de don Juan Salazar Pérez se cumpliese. Y participamos.

Cuando salieron los resultados del concurso, don Juan fué el primero en enterarse por los diarios. Esa noche, a la hora de la plática nocturna, me lo comunicó mientras mordíamos el pan amargo de la desolación. Era una posibilidad más de intentar depurar la imagen del profesor Montaño, que se le iba. ¿Acaso presintió que sería la última? El viejo reloj devanaba, con los dedos del tiempo, el silencio.

Desde entonces, la preocupación de don Juan Salazar Pérez, se volvió angustia. Mi palabra empeñada en que algún día le publicaría su trabajo, ya no le bastaba.

Hace meses, conocí a uno de los jueces que intervinieron en el concurso. Antropólogo, me dijo. Esa vez me expresaba, que el trabajo de mi padre, fué rechazado porque no se había ceñido a los nuevos métodos de investigación y de fichas (! ). Le contesté que si sabía quiénes eran Tucídides y Heródoto. Además de que, los grandes innovadores, nunca se sujetaron a regla ni a modelo ninguno que obstaculizaran su capacidad creativa. Que esa era la diferencia entre un hombre original y un adocenado académico. En todos los campos del conocimiento -,continué-, pero con mayor razón en la historia, cuyo carácter de ciencia se le regatea por lo irreversible de los hechos que registra, es menester echar mano de una gran imaginación, gracia concedida sólo a unos cuantos elegidos. Sin embargo, sobre todas estas cuestiones de forma, el valor de este trabajo, estaba en los testimonios de primera mano que ofrecía. Insignificancia que el honorable jurado, atento a criterios más elevados, no advirtió.

Después de la muerte de mi padre ocurrida el 9 de abril de 1981, intenté poner en orden sus viejos papeles. Una inmensa desazón invadió mi alma: El trabajo dedicado al profesor Otilio Edmundo Montaño, no estaba. Busqué una y otra vez; indagué aquí y allá, sin éxito. Hasta que una tarde, charlando con Raymundo Llera Peña, me dió la gran noticia de que don Juan Salazar Pérez le había obsequiado la última copia de sus apuntes sobre el redactor del Plan de Ayala. Volví a vivir.

A los pocos días el contador Llera Peña me daba una sorpresa más: El gobernador de la entidad, Dr. Armando León Bejarano Valadez, había accedido, con el mayor de los gustos, a publicar el trabajo de mi padre.

Nobleza obliga: De aquí mi gratitud al gobernador Bejarano. Yo le prometí a don Juan Salazar Pérez, que algún día le publicaría su ensayo, pero nunca imaginé que pudiera ser tan pronto. Ni durante este régimen. De aquí mi alborozo.

Lástima que sus ojos, los ojos de mi viejo, ya no puedan leer y solazarse con su obra. Cuánto se habría alegrado si aún estuviera aquí conmigo, como una sola sombra pegados a la vieja maquinita llenando interminables borradores . .!

Manuel Salazar Avila.
Yautepec, Febrero de 1982.

PRESENTACIÓN

Estos apuntes no tienen otra pretensión que de enaltecer la figura del Profesor-y Gral. Otilio E. Montaño, y de intentar depurar la imagen de traidor de la que ha sido manchado.

Pero, no teniendo la autoridad suficiente para tomar por propia cuenta su defensa, dejo la vindicación de su memoria, a quienes intervinieron directamente en la consumación de la muerte de Montaño. Y, es el caso, que, reunidos sus testimonios en el presente trabajo, los expongo a la consideración del "pueblo morelense especialmente", como lo pidió el Profesor Otilio Edmundo Montaño.

EL AUTOR
Juan Salazar Pérez

1.- EVOCACIÓN DEL PROFESOR OTILIO E. MONTAÑO.

Moreno, delgado aún por aquellos años, con el rostro enmarcado por unos espesos bigotes, Otilio Edmundo Montaño, llegó a Yautepec allá por 1908 a la escuelita de gobierno, situada en una esquina del zócalo de la población, cuya casa pertenecía a la familia Rojí.

Semanariamente, las familias acomodadas del lugar, celebraban sus tertulias, que iban rotándose de casa en casa de acuerdo a quien le tocara ser anfitrión: Ora con los Guzmán, ora con los Reyes, los Plasencia, los Rulfo, los Moreno, los Guzmán o con los Salazar, se daba cita lo más escogido de aquel trasunto de sociedad porfiriana.

Los señores se habían constituido en una cerrada fraternidad denominada "La Escuadra".

Un grupo de muchachas en flor amenizaban las reuniones desgranando los arpegios de sus mandolinas, chocolate y primores de la exquisita repostería casera, eran la delicia de los asistentes.

La vida en Yautepec se desenvolvía en medio de una paz monacal y ambiente recoleto. Por las tardes, las campanas tocaban al ángelus.

El párroco Marcos Osuna, don Teodoro González, el Lic. Díaz Mioqui y algún invitado de ocasión tomaban religiosamente sus puestos, a las dos de la tarde, en la tienda de don Chico Salazar, para escanciar los vinos de su bodega.

Atlihuayán, San Carlos y Oacalco, mantenían, entonces, un permanente ritmo de trabajo, que a su vez, permitía que, el grupito que manejaba el comercio, llevara esta forma de vida placentera y de espaldas al pueblo.

En una de esas tertulias, conocí, por azares del destino, al Profr. Montaño: Un traje gris, gazné en el cuello y calzando zapatos de una sola pieza, es todo el recuerdo que guardo de él.

En 1911, ya iniciada la revolución, lo volví a encontrar nuevamente en Yautepec, pero ahora en circunstancias diferentes: Estábamos en el cuartel general de Amador Salazar, que en nada se parecía a los salones de aquellas tertulias de "La Escuadra", y Otilio E. Montaño, de oscuro profesor, había pasado a ser un prestigioso general zapatista. Más tarde me enteraría de algo más importante ¡Que, el profesor Montaño, era nada menos que el redactor del Plan de Ayala!

Esas fueron las dos únicas veces en que me encontré con el Profr. Montaño, pero para mí quedaron indeleblemente marcadas en el recuerdo. Nunca más lo volvería a ver.

El general tuvo dos hijos: Salvador y Guadalupe. Años después, en plena paz, Salvador estuvo en Yautepec como Secretario del Juzgado de Primera Instancia. Siempre llevó una vida retraída, quizá por la pena de saber que su padre había muerto como traidor. En ese tiempo lo invité para que llevara a uno de mis hijos a la pila bautizmal, así fue como encompadramos. Más tarde le dije que estaba reuniendo datos para demostrar que el Profr. Montaño, su padre, había sido asesinado por sus enemigos políticos. Que no fue traidor a la causa que sirvió. Ahora, cumplo con este ofrecimiento, esperando que las nuevas generaciones lo eximan de ese estigma.

2.- LA MAÑANA DEL CRIMEN.

El 10 de Mayo de 1917, fué ajusticiado en el pueblo de Tlaltizapán, Morelos, el Profr. y Gral. Otilio Edmundo Montaño, autor del Plan de Ayala y compadre del Caudillo Suriano Emiliano Zapata.

Era la madrugada. La pequeña población, se conmovió al estruendo de una descarga cerrada de fusiles en pleno centro. Los vecinos despertaron aterrados creyendo era un ataque sorpresivo de los carrancistas, que, en esos días, invadían al Estado de Morelos. Nunca se imaginaron que, en esos momentos, la detonación escuchada, ponía fin a la vida del prestigiado general Zapatista.

Sin embargo, el Profr. Montaño, antes de ser fusilado, dicta su testamento político, en el que refuta los cargos del Consejo de Guerra que lo juzgó, y pide, a los licenciados que fueron a notificar la sentencia, que, aun después de muerto, se publique en los diarios de la capital, con la finalidad de que, sus compañeros de armas y la Nación, sean quienes lo vindiquen antela historia, y, a pesar de que le ofrecen solemnemente que cumplirán con ésta última voluntad, arrumban el documento entre los papeles sin valor del archivo - ocultándoselo al mismo general Zapata-, por instrucciones de Soto y Gama, señalado por Montaño como el principal responsable de su muerte.

a.- Un Hallazgo Afortunado.

No fué, sino hasta dos años después de ocurrido el fusilamiento, en que, un reportero del periódico Excélsior, lo encuentra en la residencia de- Pablo González, en la entonces población de Tacubaya, y lo publica el martes 21 de enero de 1919? en la edición No. 675 de su periódico y, que ahora reproducimos en estos apuntes para que, el caso del general Montaño, sea juzgado por las nuevas generaciones y sirva al esclarecimiento de la verdad histórica.

A continuación transcribimos el artículo aparecido en Excélsior.

En las tres primeras columnas de la primera plana puede leerse:

"EL TESTAMENTO POLITICO DE OTILIO E. MONTAÑO". ESTE CURIOSO DOCUMENTO FUE ESCRITO DE PUÑO Y LETRA DE MONTAÑO, MOMENTOS ANTES DE CUMPLIRSE SU SENTENCIA DE MUERTE".

ACUSA DE TRAIDORES A LOS PRINCIPALES ZAPATISTAS. REFIRIÉNDOSE ESPECIALMENTE AL CONOCIDO EMBAUCADOR, LIC. ANTONIO DIAZ SOTO Y GAMA".

Y, como pie de grabado, aparece:

"UN FRAGMENTO DEL ULTIMO MANUSCRITO DE OTLILIO MONTAÑO REDACTADO LA VISPERA QUE SE CUMPLIERA SU SENTENCIA DE MUERTE".

Sólo como una aclaración al margen, precisemos que el testamento, no fué escrito de puño y letra por el Profr. Montaño como dice el reportero de Excélsior, pues, por el texto del mismo puede verse que lo dictó, además de que el testimonio del capitán Moisés Bejarano, que más adelante reproduciremos, así lo confirma.

Pero, continuemos con el artículo de Excélsior:

En la página cuatro se encuentra el acuerdo que creó el Consejo de Guerra por órdenes de Zapata:

"CUARTEL GENERAL DE TLALTIZAPAN. 15 DE MAYO DE 1917.

"El C. General en Jefe en su acuerdo de esta fecha, se ha servido disponer,. se constituya un Consejo de Guerra para juzgar al General Otilio Montaño en los graves cargos que le resultan con motivo de la rebelde actitud asumida por vecinos del pueblo de Buena Vista de Cuéllar del Estado de Guerrero, formado por el personal siguiente: Presidente Gral. Manuel Palafox-Gral. M.Y. Gutiérrez-J. V. Blanco, Serafín Robles y el Lic. Antonio Díaz Soto y Gama-P.O. del Gral. Emiliano Zapata, Serafín Robles".

b.- El Reportaje.

"Nuestro enviado especial a la ciudad de Cuautla, obtuvo autorización del señor Pablo González, Jefe de las Operaciones en el Sur, para que le proporcionara a "EXCÉLSIOR" el proceso y documentos que se relacionan con el Consejo de Guerra extraordinario del Gral. Otilio Montaño, fusilado por los mismos zapatistas el 18 de Mayo de 1917.

"Tan interesantes documentos fueron recogidos por las fuerzas del Gral. Pablo González en la plaza de Tlaltizapán, depositados en el archivo cuando abandonaron la población los zapatistas y estos documentos se encontraban en la residencia de un alto jefe Carrancista en la vecina población de Tacubaya, de donde los obtuvimos del encargado de la oficina señor Miguel Porraes.

c.- División entre los Zapatistas.

"Desde hace varios años han venido sufriendo hondas disidencias los directores del Zapatismo, que han dado como resultado reyertas entre sí. El monstruo del Sur se ha destruido a sí mismo: Eufemio Zapata murió en una riña con el General Sidronio Camacho, en las calles de Cuautla, así como también han desaparecido otras cabezas de ese movimiento, que por tantos años se han agitado en los estados del Sur.

"Pero el caso de Otilio Montaño es distinto, su fusilamiento fué precedido de todos los formulismos y hasta sus propios enemigos más encarnizados le concedieron los honores que él merecía como autor del Plan de Ayala.

"En todo el proceso que consta de diez hojas más documentos numerosos y cartas, NO APARECE COMO EL PROPIO MONTAÑO DIJO EN SU REFUTACION, UN SOLO CARGO QUE LE PUEDA SER COMPROBADO () y se limitan sus acusadores a asegurar que estaban en tratos para rendirse y que por lo tanto, se había hecho reo de alta traición a la causa Zapatista. "Las personas que se citan como principales acusadores de Montaño son TIBURCIO FIGUEROA de Iguala y la señora: JESUS BARRERA de Tepecuacuilco, a quien llaman "Chucha la Negra" y parece que fué inmiscuida en la misma causa que se. instruyó días antes a los generales de División, Francisco Pacheco y Lorenzo Vázquez que fueron ejecutados también.

"Montaño a quien conoció perfectamente la ciudad de México durante la época convencionista, por haber figurado como. Ministro de Instrucción Pública y en la Convención, dejó su "TESTAMENTO POLITICO" o refutación de la sentencia, como anteriormente se ha mencionado.

(*) Las mayúsculas son del autor de estos apuntes.

d.- Parte Resolutiva de la Sentencia.

"Después de largas consideraciones, los suscritos, miembros del Consejo de Guerra, deberían fallar y fallan.

"I.- El acusado Otilio Montaño es culpable del delito de traición a la causa revolucionaria.

"II.- Por ese delito se le impone la pena de muerte, que desde luego se ejecutará con las formalidades del caso.

"III.- Notifíquese y remítase copia al Jefe supremo de la Revolución para su conocimiento y efectos.

"Así definitivamente juzgado, lo sentenciaron y firmaron los miembros del Consejo de Guerra, demos fé (firmados) MANUEL PALAFOX-SERAFIN N. ROBLES-ANTONIO DIAZ SOTO Y GAMA- M. Y. GUTIERREZ-J. P. BLANCO.

e.- Un Monumento Funerario.

"Por el hecho de que Otilio Montaño fué fusilado como traidor a la causa zapatista, no ocupó la gaveta que le estaba destinada en el monumento funerario levantado en Tlaltizapán por orden de Emiliano Zapata, para que allí reposen los restos de todos aquéllos que han luchado por el famoso Plan de Ayala, en nombre del cual se han cubierto de sangre los campos del Sur.

"En ese monumento que semeja la forma de una pirámide truncada léense los nombres de todos los principales cabecillas surianos. El nombre que se halla en primer lugar es el de Emiliano Zapata, sigue después el de Montaño y a continuación figuran los de Palafox, Soto y Gama y otros".

3.- TESTAMENTO POLITICO DEL
PROFR. OTILIO MONTAÑO.

Incluido dentro del artículo de Excélsior que hemos reproducido, se encuentra el "Testamento Político" del Profr. Montaño y que, enseguida, leeremos con la salvedad de que los subtítulos y las mayúsculas, son del autor.

a.- Las Intrigas de una Camarilla de Ambiciosos.

"En la villa de Tlaltizapán, a los dieciocho días del mes de mayo de mil novecientos diecisiete, notificado de la sentencia que antecede, el acusado general Otilio Montaño, dijo: Que protesta contra la sentencia forjada a las sombras de la noche y no ante el pueblo, come lo pidió, por sus mismos enemigos políticos; que sólo ha sido condenado por acusadores como se verá en el proceso, pero que no se le ha comprobado nada; que todo lo que contiene la sentencia, es una sarta de falsedades; que invita al pueblo mexicano en general, para que vea el proceso y se convenza de que el mencionado proceso sólo fué una compostela donde se ve claramente que no es más que los políticos deseosos de manchar la reputación de un hombre honrado, APELARON A MEDIOS REPROBADOS PARA HACERLO APARECER COMO TRAIDOR CON EL FIN DE DESAPARECERLO, PARA SATISFACER VENGANZAS MEZQUINAS Y AMBICIONES MISERABLES.

b.- Un Proceso sin Medios de Defensa.

"Que, asimismo, hace constar, para que el pueblo sepa y la patria juzgue lo mismo que la Historia, que SE LE NEGARON TODA CLASE DE GARANTIAS PARA QUE PRESENTARA PRUEBAS; que hasta las pruebas documentales que el mismo licenciado Díaz Soto y Gama tuvo en sus manos, se negaron a tomarlas en consideración: que se negaron a recibir toda clase de pruebas en contrario, al grado de que EL CONSEJO DE GUERRA, CON EXCEPCION DE VARIAS PERSONALIDADES, SE MANEJARON PARA JUZGARLO; NO COMO HOMBRES, SINO COMO FIERAS.

c.- Tuvieron Miedo de Juzgarlo Públicamente.

"El condenado pidió que se le juzgara públicamente ante el pueblo y le tuvieron miedo al pueblo, porque entonces se descubriría la verdad, y entonces EL PUEBLO Y LA OPINION PUBLICA LOS SEÑALARIA COMO TRAIDORES AL "PLAN DE AYALA" A LOS QUE LO JUZGARON, porque han traicionado a la Justicia falseando la realidad de los hechos, y al traicionar la justicia, indudablemente cometen el delito de traicionar a la Patria, de traicionar al pueblo, de traicionar a la revolución y de traicionar a la causa que defendemos; A LOS SEÑORES LICENCIADOS SOTO Y GAMA, MANUEL PALAFOX, INGENIERO ANGEL BARRIOS Y LOS DEMAS FIRMANTES DE ESA SENTENCIA LOS ACUSA PARA QUE EL PUEBLO LOS LLEVE A LOS TRIBUNALES CUANDO LA PAZ SE HAGA Y JUSTIFIQUEN EL MOTIVO DE SU TRAICION.

d.- Sus Acusadores: Jueces y Partes.

"Que así mismo hace constar que acusa desde REYNALDO LECONA A VIDAL BOLAÑOS y a todos los acusadores que figuran en el proceso, a efecto de que cuando se establezca el Gobierno Constitucional, los llame a cuentas a todos los acusadores que figuran en el proceso; que en dicho proceso NO JUSTIFICARON NADA, porque no pueden ser testigos y acusadores, porque se negaron a acusarlo y juzgarlo públicamente ante el pueblo al condenado a muerte en este día, que la sentencia, pide al Jefe de la Revolución en los momentos de morir, que se publique en la prensa de todo el país, lo mismo que la refutación que hace el que va a morir en estos momentos.

e.- No Pudieron Comprobarle Nada.

"Ante la Nación acusa al Consejo de Guerra que subscribe esa sentencia, que es traidor a los principios revolucionarios del Plan de Ayala: que así mismo acusa de traidores a los acusadores que figuran en el mencionado proceso, sin que estos hayan comprobado sus dichos y afirmaciones. Acusa ante la Nación y ante la Revolución misma a los que en las tinieblas de la noche y a puerta cerrada le juzgaron en tres audiencias en que campeó la fiereza y la predisposición de sus enemigos.

f.- El Profesor a Merced de sus Verdugos.

"Hace constar que EL GENERAL PALAFOX HA SIDO SU ENEMIGO POLITICO Y PERSONAL DESDE HACE MUCHO TIEMPO, COMO LE CONSTA AL GENERAL ZAPATA; EL INGENIERO BARRIOS, LLAMADO MINISTERIO PUBLICO, TAMBIEN HA SIDO SU ENEMIGO PERSONAL Y LE HA BUSCADO AL CONDENADO A MUERTE, LA MANERA DE DESPRESTIGIARLO Y DE ACABAR CON EL COMO AHORA LO CONSIGUIO EN UNION DEL LICENCIADO SOTO Y GAMA, que por rencillas políticas de camarilla ha procurado deshacerse del condenado a muerte; que asimismo hace constar que el llamado coronel Reynaldo Lecona, instigado por Soto y Gama, fue a apoyar a Vidal Bolaños, quien traicionó a la Revolución, desertándose del Ejército Libertador y pasándose al enemigo en la ciudad de Iguala, comprobado esto por el señor Alberto Sánchez, que vive actualmente en Jojutla, y ya se verá que hasta de los carrancistas se valieron para dictar esa sentencia de muerte; que asimismo se valieron de los carrancistas Tiburcio Figueroa acusador únicamente de la carrancista señora Barrera, sin que éstos carrancistas también le probaran nada.

g.- Montaño, Infamado.

"Que Reynaldo Lecona, lo mismo que Vidal Bolaños se presentaron al Ministerio Público en calidad de acusadores y el llamado Ministerio Público los tomó en calidad de testigos, con fundiendo su papel el Ministerio Público con el de delator, función que desempeñó el llamado Ministerio Público, hace constar: que si no conocía sus funciones o era de mala fé, cuando menos por honradez, los que aspectaron sus actos, debía de haber expulsado del Consejo de Guerra, por haber insultado de una manera bárbara y brutal al acusado que estaba en el banquillo; hace constar el acusado: que en todos los actos del Consejo de Guerra, por señales, por risas, por secreteos, fue burlado ignominiosamente, fue injuriado el acusado. Acusa ante la Nación y ante el pueblo, a los miembros del Consejo de Guerra, señores Manuel Palafox, licenciado Soto y Gama, al ingeniero Angel Barrios, de haber juzgado al acusado como en los tiempos de "Torquemada" y Pedro Arbués, ni siquiera como en la época huertiana de fatal memoria.

h.- Invita al Pueblo de Morelos a que Tome su Defensa Después de Muerto.

"Acusa ante la Nación para que se haga la luz ante la justicia respecto de la complicidad con Pacheco y con todos los que se dice defeccionaron, invita al pueblo a que investigue todo esto para que se convenza de que el autor del Plan de Ayala no es un traidor a la Revolución, sino por el contrario, son traidores los que le condenan; que para que se satisfaga el pueblo, interrogue a los generales Juan Ubera, Jesús Alcaide, Aurelio Castillo y a todos los jefes revolucionarios en general, que vieron su labor contra el carrancismo, contra el felicismo, contra el huertismo ; que consulte los documentos de la prensa general, para que vea y compruebe, que los traidores son los que le han condenado; que asimismo invita al pueblo de Morelos especialmente, al que tanto ha querido, a tomar copias de toda la documentación que existe, por el que va a morir, en los Estados mismos de Morelos, Puebla, Guerrero, México y especialmente Morelos, los documentos que ha calzado con su firma el declarante desde el principio de la Revolución hasta la fecha, para justificar que desde el principio de la Revolución hasta el día en que se le condene a muerte, no ha sido traidor, porque los traidores van a las filas de los enemigos o se les justifica con pruebas documentales o testimoniales de buena ley".

i.- Montaño pide que el Consejo de Guerra demuestre con pruebas su culpabilidad.

"Hace constar el condenado a muerte que pide al pueblo de Morelos, que desde luego que se haga su ejecución, se dirija al Consejo de Guerra para que presente pruebas documentales, no testimoniales, impuestas por las armas o por el mendrugo de pan; que el Consejo de Guerra encabezado por Soto y Gama y Palafox, justifique con documentos-pruebas que el condenado a muerte haya traicionado a la Revolución; que justifiquen Palafox y Soto y Gama lo mismo que el Consejo de Guerra, con pruebas documentales, los cargos que le hacen; que asimismo invita al pueblo de Morelos se dirija al Cuartel General para que le enseñe el Centro Consultivo, todas las actas y documentaciones de propaganda que hizo el acusado en la zona de Huamuxtitlán, Guerrero, los cuales pasan en poder del licenciado Soto y Gama, y no se le tomaron en cuenta en el proceso".

j.- Lega su testamento para que Emiliano Zapata lo conozca.

"Por último, lega estas declaraciones al Juez que le notifica le sentencia, para que haga del conocimiento del Jefe de la Revolución, los hechos criminosos que constan en contra del Consejo de Guerra que le juzgó; que asimismo pide al señor juez, en los momentos de morir, que se pase copia a las autoridades de los pueblos, de estas declaraciones, en los momentos de morir, agregando que al hacerlo la notificación, lega este testamento político a todos sus compañeros de armas, a la Revolución y a la Patria, por quien tanto se ha sacrificado.

"Y en nombre del Dios que gobierna las naciones y las Sociedades DECLARA ANTE EL MUNDO CIVILIZADO QUE FUE INOCENTE Y CON LA SATISFACCION DE SU CON CIENCIA, de que si su sangre se necesita para fortificar las libertades del pueblo y darle. bienestar, con todo beneplácito dá su sangre para salvación de tan hermosos principios y para que se destruya por completo el odioso yugo de la tiranía contra el cual combatimos, y firmo. Doy fé (firmado) licenciado Gregorio Zúñiga.- Licenciado A. Santos, hijo.

"Se hace entrega del señor general Otilio E. Montaño al jefe de la escolta, ciudadano coronel Gil Muñoz, para la ejecución de la sentencia. Conste.

Lic. A. Santos. Jr. (Al margen firmado: Otilio E. Montaño, rúbrica).

Hasta aquí el artículo de Excélsior y el testamento político de Montaño.

4.- EL PROFESOR MONTAÑO: ¿TRAIDOR?

Digna dé hacer mención, es la entereza con que Montaño recibió su sentencia de muerte, entereza que mantuvo hasta los últimos momentos. Por regla general, todos los traidores son al mismo tiempo cobardes. ¿De dónde, pués, iba a ser traidor un hombre tan valiente como él? y todavía más ¿Acaso alguien cuya generosidad como la del profesor que sin titubeos y "para fortificar las libertades del pueblo y darle bienestar, con todo beneplácito dá su sangre para salvación de tan hermoso principios" podría haber sido al mismo tiempo un débil de espíritu? ¡Qué absurdo!

Ni un resentimiento, ni un asomo de amargura contra su compadre Emiliano Zapata. Hasta el final pudo vérsele firme y dueño de sí mismo.

Por otro lado, al Profr. Montaño se le negó todo medio de defensa, cosa inadmisible en un abogado como era Soto y Gama. Y, a favor de los verdugos, no puede argüirse que obraron apremiados por las circunstancias, porque prácticamente, en esos días, había caído la Revolución en una etapa de aparente tranquilidad.

Si de todos modos, la finalidad era acabar con el profesor Montaño ¿Para qué, entonces, ese trasunto de proceso legaloide? El tal juicio no pasó de ser una farsa para cubrir las formalidades de un crimen. Porque, sabido es, hasta por un lego, de lo que no puede privársele a nadie, así sea el peor de los delincuentes, se da su derecho a defenderse.

5.- LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL ZAPATISMO.

A partir de la muerte de Montaño, al extenderse la noticia en los campamentos revolucionarios, cunde la decepción entre los elementos zapatistas. Muchos jefes empiezan a defeccionar y a rendirse al carrancismo.

Después de la muerte de Lorenzo Vázquez, Francisco Pacheco y Otilio Montaño, ya no hubo confianza. Si Zapata fusilaba a lo más significado de sus generales, ¿Qué podrían esperar los demás?

A Zapata lo perdieron el egoísmo y las ambiciones desmedidas de los "Intelectuales" capitalinos que lo rodearon en los últimos años. Gracias a sus intrigas, la Revolución Suriana fué perdiendo a sus mejores hombres y menguando sus filas.

Si Carranza hubiera tenido un poco de visión y paciencia, no habría tenido necesidad de mancharse las manos de sangre. Los enemigos más fuertes del zapatismo, estaban dentro, y sólo era cuestión de esperar a que su obra lenta, pero terriblemente corrosiva, terminase.

Baltasar Dromundo, en su libro "Vida de Emiliano Zapata" (*), comenta esta etapa del zapatismo de la siguiente manera: "Fines de 1918 y principios de 1919 fué tiempo de deserciones y toda fuente de mezquindades entre muchos jefes surianos que, para objeto de resolver sus problemas económicos de carácter personal; no tuvieron escrúpulo alguno en abandonar a Emiliano en aquella difícil etapa por la que atravesaba. Le iba fallando al héroe la confianza que tenía depositada en determinados elementos. Pero la medida de un ideal también se eleva en relación inversa de la poca altura de quienes lo traicionan o lo niegan".

Después hace un relato minucioso de los jefes que se rindieron al carrancismo: El coronel Justo Ruiz, Encarnación Zaval y Virginio Arata, se rindieron en Yautepec el 18 de diciembre de 1918. El coronel Fidel Cuesta y el teniente coronel Aurelio Puebla, en Cuernavaca, el 25 de diciembre. El general Domitilo Ayala, el 28 del mismo mes en Puente de Ixtla. El último día del año de 1918, se rindieron Antonio Bello y Trinidad Alcántara. El día 2 de enero de 1919, se sometió Victorino Bárcenas, el 4 Severo Vargas y el coronel Nicéforo Maldonaldo. El día 7, el teniente coronel Antonio Vadillo y el 9 Silviano Arriaga. Sus nombres han quedado grabados en las páginas de la historia. Algunos, supervivientes, aún, se ostentan como paladines inmaculados de los ideales zapatistas.

Pero, también, es necesario señalar a los combatientes que se mantuvieron firmes hasta el fin, como fueron: El coronel Rafael Castañeda, quien fué capturado en una emboscada; el general Arnulfo Lagunas, aprehendido el 19 de enero de 1919; el coronel Celestino Carnallas; el general Camilo Paredes; el día 21 caía el general Marcos Pérez; el 2 de febrero el coronel Alejo Hernández; el 13, Isabel Romero y, por último, el general Eusebio Jáuregui, quien fué detenido en Cuautla, el 20 de febrero de 1919.

En estas circunstancias, aunadas a la situación de que el Estado de Morelos se encontraba en poder de los carrancistas, la noticia de "Excélsior" fué muy poco conocida, y, cuatro meses después de su publicación, muere en Chinameca el 10 de abril de 1919, el general Zapata.

El movimiento queda sin jefe y se desintegra el zapatismo, que se divide en grupos diferentes; Uno de ellos trata de organizarse nombrando un jefe en sustitución de Emiliano y eligen al general Gildardo Magaña, pero, otro grupo, no conforme con la elección designa un jefe nativo del Estado, al general Jesús Capistrán que consideran con mayores méritos. Lamentablemente éste jefe falto de carácter y de convicciones, en poco tiempo se rinde al general guerrerense Salvador González, de las fuerzas de Figueroa ya unidos al carrancismo, y, entre tanto, el caso de Montaño queda relegado al olvido.

Tienen que transcurrir cuarenta y dos años para que el nombre de Montaño vuelva a recordarse. Por una afortunada coincidencia, el veintisiete de diciembre de 1961, celebrando su asamblea ordinaria la Comisión de Honor Revolucionaria en Cuernavaca, para estudiar las solicitudes de los veteranos que aspiraban a obtener la recompensa que les otorga la Ley de Estímulos, promulgadas en el gobierno del Tte. Coronel Norberto López Avelar, y redactada por el Lic. Antonio Riva Palacio López, el capitán Moisés Bejarano, en sus antecedentes, refiere la intervención que tuvo en el fusilamiento del general Montaño.

a.- Testimonio del Capitán Moisés Bejarano.

Originario de la hacienda de Treinta, donde pasó sus primeros años, el capitán Moisés Bejarano, se incorporó a las fuerzas zapatistas en el año de 1913, después de la Decena Trágica de México, al mando del general Jesús Estrada, con el que permaneció todo el tiempo que duró la Revolución, hasta 1920 en que se firmó la paz con el general Obregón.

Leamos a continuación, el acta donde narra Bejarano el caso de Montaño:

"En la ciudad de Cuernavaca, Morelos, siendo las doce horas con cuarenta y cinco minutos del día veintisiete de diciembre del año de mil novecientos sesenta y uno, reunidos en asamblea en las oficinas del Comité Estatal del Frente Zapatista de la República, ubicadas en el Despacho número ciento ocho de la calle de Galeana, edificio Benedicto Ruiz, número dos, los señores Juan Salazar Pérez, Francisco Solar Cañas y Rafael Nava, Presidente, Secretario General y Representante personal del señor general Palomera López y vocal, respectivamente de la Legión del Honor, así como los ciudadanos general Zeferino Ortega, Luis Bustamante Heredia, María Leonor Alfaro, coronel Jovito Galarsa, coronel Pablo Brito, coronel Santos Delgado, Juan Vital, Timoteo Montes de Oca y Jorge Francisco Vega, Presidente, Secretario General, Secretario de Acción Femenil, Secretario de Acción Militar, y vocales, respectivamente, todos componentes del comité Estatal, y con asistencia del cincuenta por ciento de sus miembros, se abrió la sesión bajo la Presidencia del compañero Juan Salazar Pérez, quien explicó el objeto de la misma, dando lectura a una solicitud de ingreso del compañero Bejarano, quien a su vez a la misma acompaña varios certificados que lo acreditan como Veterano de la Revolución del Sur, reconocido por la Secretaría de Defensa Nacional, acto seguido la Presidencia interrogó al compañero Bejarano para que dijera qué personas de las aquí presentes lo identificaban como revolucionario, a lo que indicó de inmediato a los compañeros general Zeferino Ortega y coroneles Pablo Brito y Zacarías Muñoz, mismos que desde luego y como revolucionarios viejos, reconocieron al compañero Bejarano, así como sus méritos como tal. Acto continuo y a preguntas especiales del Presidente, se le concedió el uso de la palabra al compañero Bejarano, para que diera a conocer a la asamblea algunos puntos importantes de su actuación dentro de la Revolución en el Sur, y algunos datos relacionados con el fusilamiento del general Otilio Montaño, y dijo:- Que un día cuya fecha no recuerda de momento, pero que la dará oportunamente, le ordenó su jefe inmediato, general J. Refugio Medrano, se presentara a las cinco de la mañana en el Cuartel General, establecido en Tlaltizapán, Morelos, para que tomara parte en la ejecución del general Otilo Montaño: que así lo hizo ante el Jefe de la Escolta de ejecución, que lo era el general Gil Muñoz Zapata; que cuando llegaron a donde se encontraba el general Montaño, se identificaron con la guardia, penetrando hasta la pieza en que le servía de capilla, encontrando al general Montaño en una silla de tule, en calcetines, camisa blanca y pantalón negro.

b.- Montaño Recibió con Serenidad su Sentencia de Muerte.

"En seguida se presentaron los licenciados Gregorio Zúñiga y Arnulfo Santos, mismos que le notificaron al precitado general Montaño la. sentencia de muerte que en su contra había dictado el Consejo de Guerra que lo juzgó por traición a la causa revolucionaria; que habiéndosele leído, la escuchó con mucha serenidad, demostrando una entereza a toda prueba, pero sí protestando enérgicamente por considerarla injusta, obligando a los señores licenciados a que escribieran su protesta, pues éstos se resistían, hasta que al fin el licenciado Zúñiga escribió a mano, en papel ministro rayado, lo que el mismo general Montaño le dictaba, diciéndole que no tuviera miedo a la voz viva".

c.- Ahí, Donde se Hace la Justicia, ahí los Espero.

"Agregando entre otras cosas: "Voy a morir, no cabe duda, pero ahí donde -se hace la justicia, ahí los espero, tarde o temprano": "estoy seguro que ninguno de mis compañeros de armas creerán esta patraña"; nuevamente el señor licenciado Zúñiga se negaba a seguir escribiendo, pero el general Montaño le volvió a repetir que no le tuviera miedo a la voz viva, "que bien sabía que sus enemigos eran Palafox, Soto y Gama y Serafín Robles; que más de una hora estuvo dictando su protesta, al cabo de la cual se levantó de su asiento y dijo: "Ahora sí señores, muchas gracias".

d.- No le Permitieron Hablar con Zapata.

"Que el general Montaño solicitó le concedieran hablar con el general Zapata, y no se lo permitió el general Muñoz Zapata; solicitó igualmente un sacerdote y tampoco se lo concedió el mismo Muñoz Zapata, por lo que el general Montaño le dijo a éste: "Hasta ahora veo que se le niega un sacerdote a un reo que va a morir", agregando y dirigiéndose a Muñoz Zapata: "Fíjate, tú eres muy muchacho y fíjate el pago que me dá la Revolución".

e.- Madre, tú pariste a un hombre.

"Que el general Montaño pidió al jefe de la escolta lo dejara un rato solo para prepararse ante Dios; que momentos después entró la señora madre del general Montaño y le dijo a ésta: "Madre, tú pariste a un hombre, pero no llores, no hay remedio"; que en seguida tomó el mando del pelotón que fusilaría al general Montaño, el general Julián Blanco, quien en compañía del general Montaño, salieron de la pieza a donde éste se encontraba, y al frente de una banda de guerra, llegaron hasta la esquina del mercado de Tlaltizapán, frente a una fondita formando el cuadro de fusilamiento cinco soldados; que el general Montaño dió la cara para la pared, abrió los brazos y dijo: Dios mío, acógeme en una buena hora, oyéndose en seguida una descarga cerrada; que el cadáver del general Montaño fue conducido hasta Huatecalco, a donde su cuerpo fue colgado en un cazahuate, con lo que terminó el relato del compañero Bejarano".

f.- La Captura.

"A continuación el compañero teniente coronel Trinidad Sánchez manifiesta que al pie del árbol en que fue colgado el cuerpo del general Montaño se le puso una tabla con una leyenda que decía: "Este es el destino que encuentran los traidores a su Patria, la tumba que encuentran en el Estado de Morelos".

En seguida el compañero Juan Pérez Burgos dijo a preguntas del señor Juan Sálazar, que él fué quien acompañó al general José Rodríguez (a) "El Ranchero", perteneciente a la escolta del general Zapata a la aprehensión del general Otilio Montaño, por órdenes directas del propio general Emiliano Zapata, que fueron seis los que lo aprehendieron, Leobardo Suárez, Elías Capistrán, Ignacio Castañeda, Aureliano Lozano (a) "La Alpargata" y el que habla, Juan Pérez Burgos; que la aprehensión se llevó a cabo antes de llegar a Tlaquiltenango, pues que el general Montaño se dirigía a Jojutla en unión de su hermano Luis y un asistente; que ya una vez aprehendido el general Montaño, se regresaron a Tlaltizapán, y ahí en el Cuartel General lo entregaron; hasta aquí el relato del compañero Juan Pérez Burgos. Acto seguido, tanto el coronel Pablo Brito como el general Ortega y el mismo Pérez Burgos, aseguran que la intriga para el fusilamiento del general Montaño consistió en que dizque le habían encontrado en su casa unos papeles debajo de una piedra grande, cosa que no es exacta, pero el general Montaño siendo el alma de la revolución y Plan de Ayala, jamás podría traicionar su misma obra. Con lo que se dió por terminada la sesión, siendo las catorce horas con veinte minutos".

g. El Carácter de Montaño

Una de las principales constantes de la personalidad del profesor Montaño, que podemos entresacar del testimonio del capitán Moisés Bejarano, es su invariable serenidad y presencia de espíritu, que ya habíamos advertido en la forma como redactó su testamento, que, no obstante, lo hizo con verdadera energía como quien se sabe y, es inocente.

Otra característica más del general Montaño, es su profunda fé en la Justicia Divina y en la seguridad de que, en última instancia, la historia lo absolvería.

6. UNA CHARLA CON DON LUIS MONTAÑO

Corría el año de 1958, cuando una tarde, entrevistamos en su antigua casona de Villa de Ayala a don Luis Montaño, hermano del general Otilio Montaño, en presencia de su esposa señora Eulogia Torres y de sus hijas maestras. Don Luis contaba a la razón 78 años.

"Mi hermano Otilio fué el tercero de siete hermanos hijo de nuestros padres Esteban Montaño Medina y Guadalupe Sánchez, Miguel fué el primogénito, seguido por Zenaido, luego Otilio Edmundo, después Refugio, Fernando y yo, el "Xocoyote".

"Nuestro padre era un pequeño agricultor al que ayudábamos a cultivar sus tierras que heredó del abuelo. Tenía un poco de ganado en el cerro, varias yuntas de bueyes, una partida de yegüas y, en el patio, esos coscomates o trojes, siempre los tenía llenos de maíz, así que no pasábamos hambres ni necesidades. Como le digo, mis hermanos cultivamos junto con mi padre nuestro campo, excepto Otilio que no le gustaba la agricultura y él quizo estudiar para maestro: "sólo a ustedes les gusta andar siempre cagados de vaca", nos decía.

a. Luego que Zapata se enteró vino al Pueblo para felicitarlo

"Cuando se recibió lo mandaron a una pequeña escuela de San Juan Huejotzingo, pero luego lo trasladaron a San Miguel Anenecuilco, la tierra de Emiliano Zapata, que en esos días lo habían nombrado representante de las tierras comunales del pueblo, y, por ello, tenía entablado un litigio en contra de la hacienda de Coahuixtla. Con ese motivo, Emiliano, que ya conocía con anterioridad a Otilio, le pidió que lo ayudara en la elaboración de los escritos y en muchas otras cosas lo aconsejaba mientras estuvo ahí, pero luego lo pasaron a otra escuela más importante, a Tlayca, y de ese lugar a Jantetelco, saliendo después como ayudante de la escuela de Yautepec, y, por fin, se le cumplieron sus deseos de ser director de la escuela de Villa, nuestra tierra natal. Luego que se enteró Emiliano vino al pueblo para felicitarlo por su nuevo cargo, y a partir de esa fecha, cada domingo estaba aquí Emiliano con su primo Rafael Merino reunidos con los Plascencia y mi hermano tomándose la copa en la cantina de un señor que se llamaba don Eleuterio Villaseñor, que estaba por el mercado. En algunas ocasiones también asistía Eufemio, el hermano de Emiliano.

b. Al ahijado le pusieron Nicolás.

"Pero, sucede que, un domingo, Eufemio que era muy borracho, le pegó en esa cantina un botellazo en la cabeza a uno de los "zardos" del destacamento al que tiró al suelo bañado en sangre. Sus compañeros al ver ésto, salieron corriendo al cuartel para traer refuerzos y Eufemio tuvo que salir huyendo a México, motivo por el cual se acabaron las reuniones. Algunos días después, Emiliano se llevó a una muchacha agraciada del pueblo, Inés Alfaro, hija de Remigio Alfaro, que disgustado, fue a rajarse al Jefe Político de Cuautla y éste mandó a la Comisión de Rurales a que fueran por la pareja a Chietla, donde se habían ido. A Emiliano lo mandaron de soldado a un batallón en México, y ahí estuvo dos años, luego el patrón de la hacienda de Tenextepango pagó su reemplazo y lo dejaron libre; pero don Ignacio de la Torre, conociendo que era muy buen arrendador de caballos, se lo llevó a su cuadra para que se encargara de ellos. Un año más tarde, regresó, encontrando a Inés que ya tenía un hijo de él, entonces fue cuando Emiliano invitó a mi hermano para que lo llevaran a bautizar y con ese motivo lo hizo su compadre. Al ahijado le pusieron el nombre de Nicolás.

c. Montaño esperó la Muerte de su Padre para incorporarse a las filas.

"En 1910, estalló la revolución en el Norte, después de la muerte de Serdán en Puebla que se iba a levantar en armas, y aquí en la Villa, varios muchachos del pueblo concurrían a unas 26 juntas secretas en el "cerro del ahuacate", convocadas por Pablo Torres Burgos, Emiliano, Rafael Merino, los Plascencia y, algunas veces, mi hermano, que estaba en el secreto, pero nunca nos dijo nada a nosotros. Un día dieron el grito de rebelión aquí en el zócalo, remontándose al cerro. Mi hermano no se fué con ellos, en vista de que nuestro padre se encontraba agonizante y no quiso dejarlo hasta que muriera. Posteriormente se incorporó a Emiliano cuando ya no hubo nada que lo detuviera. Mi hermano, como usted sabe, fué el hombre en quien confió Emiliano para que escribiera el "Plan de Ayala".

d. Los enemigos de Montaño, sabían que Zapata era Impresionable.

Don Luis, lo interrumpe; ¿Entonces por qué siendo tan amigos y compadres, Emiliano, que tanta confianza le tuvo, permitió que lo fusilaran?

"Emiliano era en el fondo hombre generoso, enérgico, pero tenía también, como todos, sus debilidades. Una de ellas, es que era muy impresionable, y esto lo sabían los enemigos de mi hermano. Lo predispusieron contándole chismes y éste perdió la cabeza cuando creyó que lo traicionaba."

¿Quiénes eran esos enemigos de su hermano, don Luis?. "Bueno, era un pequeño grupo encabezado por Soto y Gama, el principal, un tal Palafox, Serafín Robles y otros licenciados que estaban celosos del afecto y las muchas atenciones que le guardaba Emiliano a mi hermano".

e. Celos Políticos, Origen de la Animadversión a Montaño.

"Estos individuos eran amigos de mi hermano, llegaron a incorporarse a las filas después de la Decena Trágica, en el año de 1913. Le fingían amistad y respeto, pero fué creciendo en ellos la mala voluntad desde que estuvimos en México, sintieron mucho celo porque en una comida que le dieron al Presidente de la Convención, general Eulalio Gutiérrez, mi hermano -estuvo sentado al lado de Emiliano, luego le dolió más a Soto y Gama, que tenía pretensiones de ser Ministro, que, el Presidente interino de la República, el Lic. Lagos Cházaro, nombrara a mi hermano Ministro de Instrucción Pública, puesto en el cual estuvo sólo un par de meses o algo más pues luego que Carranza se apoderó nuevamente de la Capital, la Convención se trasladó a Cuernavaca y de ahí a Toluca; pero, mi hermano, ya no se fué con ellos, sino que se vino a incorporar a las fuerzas zapatistas á Tlaltizapán, donde había establecido el cuartel general Emiliano Zapata. Ahí llegamos junto con su secretario particular el señor Francisco Larrañaga, su fiel asistente Abraham, que era un costeño muy fornido, y sus dos ayudantes, uno se llamaba Cesáreo, no recuerdo el nombre del otro, en total conmigo, éramos cinco".

f. Montaño fué bien Recibido por Zapata.

"Otilio se presentó a su compadre y fué muy bien recibido. Zapata le dijo que buscara un lugar donde se instalara con sus hombres, así es como nos acuartelamos en una gran casa con huerta de unos ricos que se encontraban en México.

"Teníamos como un mes inactivos y mirando que los víveres escaseaban. Fué, entonces, cuando mi hermano pensó hacer un viaje a Guerrero, para ver si podíamos conseguir algunas provisiones de boca, así es que nos trasladamos a Jojutla, a donde se entrevistó coro el general Pancho Alarcón, con el fin de que nos acompañara; ésto aceptó, desde luego, juntos fuímos a Huitzuco donde se encontraba el general Salgado, portándose como un buen compañero que, al saber el objeto que llevábamos, nos proporcionó ocho cargas de maíz y, al general Zapata, le envió treinta reses como un regalo de su parte, comisionando a varios de sus hombres para que nos acompañaran hasta los límites de Morelos. A nuestro regreso a Tlaltizapán, cumplimos inmediatamente con el encargo. Zapata recibió con sumo agrado el obsequio de Salgado y agradeció a mi hermano su valiosa aportación, con la que se aliviaba el problema de alimentos. Pero, éstos, se agotaron en unos pocos días y, entonces, pensó hacer otro viaje a Guerrero, disponiendo la salida el trece de mayo".

g. Hágase a un lado, es la Escolta del General.

"Por la tarde, a eso de las tres, salimos de Tlaltizapán rumbo a Jojutla, con el propósito de volver a pasar por el general Alarcón, como en el viaje anterior.

"Apenas habíamos salido de Tlaltizapán, después de pasar la vía del ferrocarril, y empezábamos a subir la pequeña cuesta para llegar al pueblecito de Huatecalco, cuando escuchamos el tropel de caballos, que, en fuerza de carrera, venían en la dirección que llevábamos. Volteamos la cara para ver quiénes eran, y nos dimos cuenta de que, al frente de esos jinetes, venía el coronel Gil Muñoz Zapata, jefe de la escolta del general, seguido de sus hombres, por lo que nos dijo mi hermano: "Háganse a un lado para que pasen, deben ir en comisión, es la escolta del general".

h. Si tocas a mi General, ¡te Mueres!

"En unos cuantos minutos nos alcanzaron y se pasaron de largo sin saludar. Unos cien metros adelante, frenaron los caballos y dieron media vuelta, regresando donde íbamos, todos con las armas preparadas. Gil, al llegar frente a mi hermano, le apuntó con el fusil y los intimidó: "Hagan alto, nadie se mueva, usted general, es mi prisionero", le dijo, pero, en un momento, el asistente de mi hermano, o sea Abraham, sacó rápidamente la pistola y le apuntó a su vez a Gil, gritándole a la cara: "Si tocas a mi general, te mueres!".

"Gil obedeció, bajó el arma y sus compañeros se quedaron paralizados sin saber qué hacer, pero mi hermano, calmado, nos replicó: "Calma muchachos, no se alteren", al ver que ya todos habíamos sacado las armas y cortábamos cartucho.

"Otilio le preguntó a Gil: ¿Quieres explicarme qué ocurre? "Gil, ya más calmado, le contestó: General, tengo órdenes de llevarlo prisionero al cuartel general, yo no sé de que se trata".

"Pues yo tampoco sé por qué motivo, contestó mi hermano, pero vamos, todo se aclarará".

i. Zapata no Estaba en Tlaltizapán.

"Enseguida de que Otilio nos ordenó entregar las armas, nos condujeron a Tlaltizapán al cuartel general, donde pensaba que estaría Emiliano Zapata esperando; pero nada, él no se encontraba presente. Gil, nos entregó con el jefe de las armas, el general Blanco, éste ordenó que encerraran a mi hermano en uno de los cuartos al final del corredor, y a nosotros nos dijeron que nos retiráramos.

"El licenciado Larrañaga, le pidió al general que le informara el motivo de esta aprehensión, pero Blanco le contestó que él nada podía decirle y que esperara hasta mañana en que lo hiciera el Secretario de Guerra. Dió media vuelta y se marchó.

"Al día siguiente, después de una noche de tormento, no pude conciliar el sueño. Nervioso, me levanté muy temprano y desperté al licenciado para tratar de caerle en su casa al general Zapata, a ver qué nos decía, pero todo fué inútil, Zapata no se encontraba en Tlaltizapán, se nos informó que estaba ausente. Nos fuímos al cuartel para ver a Serafín Robles, el mentado Secretario de Guerra. Mucho tiempo estuvimos afuera de su despacho esperando que nos recibiera, y, hasta que se le pegó la gana, nos llamó uno de sus ayudantes. Larrañaga le preguntó; ¿General, qué es lo que ocurre con mi general Montaño que ni siquiera nos dejan verlo? ¿Qué delito ha podido cometer para que sus compañeros lo traten así?

"Mire licenciado, eso debe preguntárselo al general Zapata, que ordenó se le apresara, y, en cuanto al delito, también lo sabrá mañana que lo juzgue el Consejo de Guerra, y ahora les ruego que abandonen el cuartel.- Así nos despidió Serafín después de ser tan amigo de mi hermano".

j. El Temor a Caer en Desgracia era el Ambiente que se Respiraba.

"Cuando salíamos del despacho de Serafín, en el patio había algunos generales que conversaban, y al vernos, se hacían disimulados para no saludarnos. Todos. nos conocían, pero el temor a perder la confianza del jefe, y, el miedo a caer en desgracia, era el ambiente que se respiraba. Cuando regresamos a donde vivíamos, un propio de la Villa, me esperaba con la noticia de que mi mujer estaba agonizando y tuve que salir violentamente para ver si la alcanzaba viva. No me esperó. Había muerto horas antes.

"Después de sepultarla esa misma mañana, encargué a mis pequeños hijos con mis hermanas y regresé a Tlaltizapán inmensamente preocupado por la suerte de mi hermano, llegando a eso de las tres de la tarde a mata caballo. En el patio de la finca salió a mi encuentro el señor Larrañaga, estrechándome en sus brazos con palabras entrecortadas: "Amigo Luis, no sé como darle la infausta noticia, no tengo palabras, pero debo informarle: ¡Esta mañana mataron esos desgraciados a mi general!, Lo estaba esperando para despedirme. Esta misma noche nos largamos a la chingada yo y los muchachos, donde no volvamos a saber nada de estos jijos. . . y soltó una fuerte imprecación como nunca le había oído". Apenas pude contenerme. Nada se me vino a la mente y lo único que hice fué encerrarme en mi cuarto.

k. El Cadáver de Montaño, Salvado del Escarnio por sus Leales.

"Al día siguiente, no amanecieron mis amigos. No volví a saber que rumbo tomaron. Pero sucedió algo esa noche: El cadáver de mi hermano, desapareció de donde lo colgaron. Supe que Emiliano ordenó que se buscara por todos los alrededores, pero nunca lograron dar con él. Yo me supongo que tal vez ellos fueron los que lo enterraron en algún lugar sin dejar rastro. Cesáreo y Abraham, querían mucho a Otilio, y es posible que éstos hayan sido quienes descolgaron el cuerpo para que no sirviera de burla".

Así terminó su relato don Luis Montaño, mientras una lágrima irisaba allá en el negro de sus cansados, inaccesibles ojos.

7. ARISTAS DE LA PERSONALIDAD DE MONTAÑO
LEALTAD, DISCIPLINA Y
AMOR AL ZAPATISMO.

Por la narración de don Luis Montaño, podemos corroborar, una vez más, aunada a las anteriores, las cualidades del general Montaño: Serenidad, confianza en sí mismo y en Zapata, y profundas convicciones morales; además de nuevos aspectos de su personalidad que, a pesar de que podríamos desprender de las anteriores, sin necesidad de que expresamente se manifestaran, no dejan lugar a dudas con la exposición de don Luis Montaño: La lealtad, disciplina y amor al movimiento zapatista. Por qué ¿De qué otra manera podría entenderse esa actitud del general Montaño, al retornar con Zapata, cumplida su misión como secretario de Instrucción Pública?; ¿de proveer de víveres al campamento menguado y exhausto de los zapatistas?; y, todavía mas, ¿de tener la posibilidad de huir, como Sócrates y, como él, preferir enfrentarse con hidalguía a sus verdugos, incluso ordenándole a sus subalternos que entregasen las armas? ¿Esto no habla de su alta calidad moral? ¿Esto no dice de su profunda convicción en el movimiento armado que él secundaba?

Ahora, si en verdad pesaba sobre Montaño la duda de la traición, ¿Por qué no también sobre sus compañeros? ¿No es ingenuo pensar que sólo él estaba implicado? ¿Por qué no enjuiciaron a todos? La respuesta no puede ser más clara, porque sólo Montaño había atraído la envidia y el odio de sus verdugos. Mayor infamia no pudo cometerse con un acusado. Y hasta el propio general Zapata le volteó la espalda, dejándolo por completo en manos de sus enemigos. Ni la más remota posibilidad de defenderse le dejaron: Incomunicado, escarnecido, humillado, Montaño tuvo que soportarlo todo con estoisismo, no en balde había abrevado en las fuentes de la filosofía griega con venerable dedicación, tal como puede observarse en todos sus escritos. Montaño, con su muerte, nos volvió a dar, como el sabio ateniense, y, guardadas las proporciones, una gran lección de autenticidad, de grandeza y pundonor.

8. NARRACION DE PABLO BRITO, UNO DE
LOS MAS LEALES ZAPATISTAS.

El coronel Pablo Brito, jefe de la primera escolta del general Zapata durante la Revolución Maderista, y después jefe de su Estado Mayor, nativo de Maquiltenango, fué uno de sus compañeros más leales que no se rindieron al carrancismo y permaneció fiel a la bandera zapatista después de la muerte del Caudillo. De ahí que su testimonio sea particularmente valioso.

El coronel Brito, años antes de su muerte, ocurrida en febrero de 1963, me refirió la impresión que le causó el fusilamiento del profesor Montaño cuando se enteró de él.

"Ese día, 17 de mayo, relata el coronel, me encontraba de guarnición en mi tierra Tlaquiltenango, conversando con algunos de mis compañeros en las bancas del jardín, frente al Palacio Municipal, entre los cuales estaban los generales Demetrio Gutiérrez, Pioquinto Galis, los coroneles Juan Rojas, Pedro Amaro de apodo "El Maíz Ancho", cuando se acercó a nosotros un muchacho del pueblo todo excitado y sudoroso, que, con la voz alterada, dirigiéndose a mí, me dijo: ¿Ya sabe lo que pasó coronel?

-No sé de qué me hablas muchacho. ¿Qué pasa?, le contesté.

Pos que ora en la madrugada fusilaron al general Montaño en Tlaltizapán, de donde acabo de llegar.

¿Qué dices muchacho? ¿No nos estás engañando?, todavía no le creíamos. Luego nos dijo que anoche se había quedado en Tlaltizapán y que hoy en la mañana lo habían ajusticiado. Que cuando venía para acá, continuó, lo vió colgado en Huatecalco, cosa que lo espantó mucho, y por eso, venía a comunicárnoslo.

a. Esos Catrincitos ya nos Marearon al General.

Todos nos quedamos mudos unos momentos, pero Amaro, que de suyo era muy mal hablado, exclamó con una grosería a su estilo: Esto es una chingadera, sé me hace que esos catrincitos ya nos marearon al general, al que han cambiado "dealtiro".

Después que confirmamos con otras gentes el acontecimiento, y que lo había fusilado por traición, ninguno lo creíamos, pues conocíamos desde hace años la firmeza de convicciones de Montaño a quien todos apreciábamos y reconocíamos como el autor de nuestra bandera "El Plan de Ayala". Nunca nos pasó por la mente que fuera quien traicionara su causa, a mí me consta cómo actuaba desde que Victoriano Huerta pretendió atraerse al general Zapata, cuando envió la comisión de paz y entonces Montaño dió muestras de su energía.

Por eso todos le echamos la culpa al grupito de catrines que después se unieron a nosotros: Soto y Gama y su hermano Conrado, Angel Barrios, Lecona y Palafox, por cierto que a este chaparrito a mi me tocó entregárselo al general en una ocasión en que hacíamos una exploración por el rumbo de San Pablo Hidalgo a Villa de Ayala. El general me ordenó adelantarme con mis hombres en avanzada, cuando nos topamos en el camino con un hombre chaparrito vestido de chaqueta y un sombrero de canasta, que venía en sentido contrario al que llevábamos. Al encontrarlo le pregunté: ¿Pa' dónde camina amigo?.

-Vengo en busca del general Emiliano Zapata, traigo un asunto importante.

b. Así se Incorporó Palafox a. Nuestras Filas.

-Por mire amigo, le dije, si viene a proponerle la paz, más vale que se regrese, porque si a eso viene lo quiebra.

-No señor general, me contestó, lo que traigo es para bien de la causa.

-Pos entonces espérelo aquí que no tarda en pasar; y ordené a uno de mis muchachos: Quédate aquí con este señor y se lo entregas al general.

Días después lo ví incorporarse con nosotros, luego lo nombró general. No supe lo que trataría con el jefe Zapata. Así se incorporó Palafox a nuestras filas, a las que después traicionó.

9. RELATO DE SAMUEL CHAVARRIA BENITEZ

Después de las reuniones que teníamos la Comisión de Honor Revolucionaria en las oficinas del Comité Estatal del Frente Zapatista de la República, allá por el año de 1961, en Cuernavaca, solíamos irnos a un restaurancito del centro de la ciudad, los compañeros Zeferino Ortega, Moisés Bejarano, Pablo Brito, y otros, para continuar nuestras pláticas relacionadas con diversos aspectos oscuros de la Revolución.

a. Saavedra y Victorino Bárcenas Estaban Distanciados.

Esa tarde invernal, nos acompañaba también, el coronel Samuel Chavarría, originario de Jonacatepec. El coronel Chavarría de las fuerzas del general Francisco Mendoza, nos relataba aquella ocasión, que, a raíz del fusilamiento de Montaño, el general Zapata comisionó al coronel Octaviano Muñoz y a él, para que con sus fuerzas acompañáramos al licenciado Arnulfo Santos a Huitzuco, en el Estado de Guerrero, con objeto de entrevistar a Victorino Bárcenas, a fin de buscar un entendimiento con el general Saavedra, con quien existía un distanciamiento. En el pueblo de Apipilulco -continuó Chavarría-, celebramos una conferencia con la intervención del general Jesús H. Salgado, de quien el general Zapata tenía noticias de sus intenciones de asumir el mando de las fuerzas revolucionarias, aclarando que no había ningún fundamento para ello.

b. Llévenle esta Mujer a Zapata, es la Causante de la Muerte de Montaño.

Después de haberse resuelto las dificultades entre esos jefes, nos regresamos al Estado, pero, al volver, el mismo Salgado nos hizo entrega de una mujer llamada Jesús Rueda Barrera, originaria de Iguala, no de mala facha, diciéndonos: "Llévenle esta mujer al general Zapata, díganle que es la causante de la muerte de Montaño, ella se prestó a la intriga que le hicieron sus allegados".

El general Salgado comisionó al general Samuel Ocampo para que nos acompañara hasta Jojutla, y en el pueblo de Cuaxitlán, nos hizo entrega de sesenta cabezas de ganado que le mandó regalar al general Zapata.

En Tlaltizapán le entregamos a la mujer al propio general Zapata, en los momentos que conferenciaba con el general Marcelo Caraveo, un revolucionario norteño. Años después, cuando vine a radicar a Jojutla, todavía vivía esta mujer, tenía una fonda en el mercado después de que se vino del Estado de Guerrero, y, en todo Jojutla, se sabía que ella se había presentado como testigo de cargo en el consejo de guerra que "juzgó" a Montaño, aconsejada por los propios enemigos. Hasta aquí la narración del coronel Chavarría.

Al terminar su relato, el pálido sol de enero empezaba a esconderse entre las almenas del Palacio de Cortés, metamorfoseando figuras bélicas, invitándonos a la ensoñación. La estatua de Pacheco que en el jardín de enfrente se levantaba, entonces, bruñía imponente y magnífica. La tarde se extinguía.

10. LO QUE DICE EN SUS MEMORIAS EL ULTIMO
FIRMANTE DEL "PLAN DE AYALA".

El coronel Quintín González, último superviviente de los firmantes del "Plan de Ayala", en el año de 1961, antes de su muerte, entregó al general Zeferino Ortega, un legajo con las memorias de su actuación revolucionaria, donde constaba su opinión sobre el caso de Montaño.

a. Existió la Certeza de que su Muerte se debió a una Trampa.

"Desde hace muchos años, -refiere Quintín González-, después de ocurrido el fusilamiento del estimado profesor y más tarde general Otilio Edmundo Montaño, prestigiado jefe de las fuerzas del Ejército Libertador del Sur y redactor indiscutible del "Plan de Ayala" que nos sirviera de bandera, mérito que jamás podrá quitárselo, con otro de sus correlatores el general José Trinidad Ruíz (a) "El Cura", así se le conocía al ex ministro protestante, existió la certeza y la creencia de que su muerte se debió a la trampa que le fraguaron el grupo de políticos que se incorporaron con nosotros, mucho después de firmarse el Plan, en el año de 1913, después de la "Decena Trágica", en México".

b. A partir de esa fecha comenzó la Desbandada.

"Cuando se conoció su muerte, nunca se creyó en la traición de Montaño, noble jefe a quien conocíamos profundamente. El consejo de Guerra que lo condenó, estuvo integrado por sus más enconados enemigos, sin que hubiera tomado parte alguno de los generales del Estado, excepto Serafín que se había confabulado con el grupito de Soto y Gama. A partir de esa fecha comenzó la desbandada, muchos jefes con mando de fuerzas se pasaron al enemigo, los volteados, les decíamos, al carrancismo, tal vez decepcionados del cambio que el grupillo aquel había hecho de nuestro jefe Zapata".

Al ver la avalancha de volteados que era ya incontenible ordena a Soto y Gama elabore un manifiesto en contra de los traidores al que sigue un "Decreto contra los traidores de la revolución". El General Emiliano Zapata, jefe supremo de la revolución, a los habitantes de la República hace saber: Que en vista de las razones expuestas en el manifiesto adjunto, he creido necesario expedir el Decreto que sigue

ARTICULO PRIMERO.- Serán considerados traidores a la causa revolucionaria:

I.- Todos aquellos individuos que, habiendo formado parte del Ejército Libertador, se hayan pasado o pasen en lo futuro a las filas del enemigo o se hayan presentado o presenten a éste para alcanzar amnistía, aún cuando no vuelvan a tomar las armas.

II.- Los que habiendo desempeñado bajo el gobierno convencionista los cargos de Ministros, Gobernadores, Delegados a la Convención, Secretarios Generales, Subsecretarios u Oficiales Mayores de Ministros o Secretarios de Gobierno en los Estados, se hayan ido a presentar voluntariamente al llamado del gobierno carrancista, para acogerse a la amnistía decretada por éste. Por esta forma siguen los Artículos Segundo, Tercero y Cuarto, pero ya ni este manifiesto fué suficiente para impedir el colapso final. Al General Zapata se le observaba cada día más histérico, todo lo encolerizaba, cuando con anterioridad era un hombre humanamente controlable en las peores situaciones, ahora todo era diferente y por esa razón muchos jefes temían acercársele a tal grado había llegado su estado de ánimo. El pánico había cundido en nuestras filas. Eso fué lo que dijo el Coronel González.

11. VERSION DE SOTO Y GAMA.

Las distintas narraciones expuestas por testigos y actores presenciales que hemos leído hasta el momento constituyen inapreciables testimonios que contribuirán al esclarecimiento de la verdad, en el tenebroso plan que fraguaron los enemigos políticos del general Montaño para hundirlo, entre los que se encontraba, como principal instigador, Soto y Gama: por eso, es preciso analizar lo que dice en la Pág. 228, y siguientes, de su libro "La Revolución Agraria del Sur y Emiliano Zapata, su Caudillo", que publicó en el año de 1960, enterado de las versiones que circulaban entre los jefes, zapatistas que siempre negaron la culpabilidad del ajusticiado. He aquí lo que dice Soto y Gama.

"Hubo jefes que claudicaron, entre ellos el general Domingo Arenas, a cuya defección siguieron bien pronto las de Francisco Pacheco, Lorenzo Vázquez y Otilio Montaño.

"Esto era de esperarse, en virtud de que los jefes sancionados formaban, desde hacía tiempo, un grupo ligado por compromisos misteriosos, según en cierta ocasión reveló Otilio Montaño. A este, en una reunión en Cuernavaca se le escapó la declaración terminante de que entre él, Lorenzo Vázquez y Pacheco, existía una alianza irrompible de la que nunca se apartarían.

"Zapata abrigaba sobre esto varias sospechas al grado de que allá por el año de 1916 y 1917 (no recuerdo) la fecha exacta, le hizo conocer ciertos hechos que le produjeron fundada alarma.

"Al creer que en Jojutla celebraban misteriosas juntas Montaño, Pacheco y un representante de Arenas, comisionó a personas de su confianza para que los vigilase.

"El comisionado, conocedor de la casa donde se celebraban estas reuniones, logró colocarse debajo de una ventana desde la cual podía oír las conversaciones.

"Seguramente alguno de los asistentes a la junta se acercó a dicha ventana, situada a espaldas de la casa, y sorprendió al espía en el escondite, por lo que consideraron aquellos indispensable hacerlo desaparecer.

"Lo cierto es que Zapata jamás volvió a tener noticias de él, lo que lo persuadió de que había sido víctima de un atentado, según me lo expresó algún tiempo después.

"De cualquier-modo, este incidente ayuda a explicarse como en el ánimo de Zapata fueron formándose y creciendo las suspicacias contra el grupo de Montaño, Pacheco y Lorenzo Vázquez (al que después se adhirió Domingo Arenas).

"A esas sospechas dieron plena confirmación los hechos que sucesivamente se fueron desarrollando, según veremos enseguida.

EL CASO DE MONTAÑO

"Después de la misteriosa reunión de Jojutla a que me referí antes, los acontecimientos se desarrollaron en forma trágica. tas defecciones de Arenas, Pachecho y Lorenzo Vázquez se sucedieron una tras otra, y comprobada la culpabilidad de los aludidos, Zapata ordenó su persecución y castigo inexorable. "Por lo que hace a Montaño, Zapata se dedicó a vigilarlo, pues desde hacía tiempo desconfiaba de él.

"Me refirió alguna vez que allá por 1911 o 1912, cuando el maderismo desató su ofensiva contra la revolución del Sur, Montaño se alarmó exageradamente y se atrevió a proponerle a Zapata que, dada la gravedad de la situación, deberían ambos ausentarse de la zona peligrosa y refugiarse en algún lugar donde no fueran conocidos.

"Zapata reprimiendo su cólera, quiso ver hasta dónde llegaba, y lo interpeló diciéndole: "Pero usted no ve que seríamos fácilmente descubiertos".

"Cuando a ello contestó Montaño que lo indicado sería que ambos se disfrazaran, para lo cual Zapata debería rasurarse el bigote y Montaño cubrirse los ojos con unas gafas negras, Zapata ya no pudo contener su indignación y estalló contra Montaño, diciéndole que "el no era un traidor para abandonar a los suyos y que en cuanto a rasurarse el bigote que él no era afeminado, torero, ni fraile, para hacer semejante cosa, humillante y para él indigna".

"Desde entonces comprendió Zapata, según me explicó, que Montaño no era hombre de ideales, capaz de sacrificarse por la causa del pueblo, y empezó a verlo con recelo.

"Más tarde, con motivo del proceso que se formó al famoso Tuerto Morales por haberse pasado al enemigo, se comprobó que fue Montaño quien lo aconsejó que así lo hiciera según declaración expresa y categórica del mismo Morales.

"Esto vino a aumentar la desconfianza de Zapata, que llegó al extremo cuando se dió cuenta de que entre el propio Montaño, Domingo Arenas, Pacheco y Lorenzo Vázquez había una extraña confabulación, que fué dando lugar a las sucesivas defecciones de dichos amigos o aliados de Montaño.

"Las cosas culminaron con la infidencia y rebelión de Lorenzo Vázquez, en la que resultó complicado Montaño.

"Así lo explica con precisión y reveladores detalles el Licenciado Octavio Paz en su monografía sobre el general Zapata que de tantas veces he hablado, y en virtud de que el relato de Octavio Paz está basado en datos e informaciones tomados por él escrupulosamente, consultando a testigos insospechables, juzgo preciso reproducir textualmente la narración que hace de los hechos relativos.

"El general Zapata marchó con la gente que había mandado reunir en Tlaltizapán, a Buenavista de Cuéllar, abatir a Lorenzo Vázquez que encabezaba la rebelión. En pocos días lo copó, haciendo prisioneros a los principales jefes de la sublevación sin combatir."

"Don Emiliano ordenó que llevaran a su presencia a los prisioneros y personalmente los interrogó sobre los móviles de la rebelión y quienes la encabezaban; estos dijeron todo lo que sabían, y era que Lorenzo Vázquez se había levantado en armas de acuerdo con Otilio Montaño, director intelectual del movimiento; que habían lanzado un Plan desconociendo a Zapata, que tenía el lema de Don Benito Juárez "El Respeto al Derecho Ajeno es la Paz"; que ellos no estaban en su contra, sino todo lo contrario, habían batido a Lorenzo Vázquez. Como no les creyó, les dijo que si lo tenían prisionero lo llevaran, y regresaron en efecto con su cadáver, pues ellos lo habían asesinado.

"Entre tanto, había vuelto Montaño de una comisión (de una comisión que le había dado Zapata).

A su paseo por Tlaltizapán. . . en las goteras de la población le esperaba una escolta, y con ella se dirigió a la ranchería, que había sido el Cuartel General de los sublevados y que está situado entre Puente de Ixtla y Xicatlacotla.

"Inmediatamente supo el general Zapata la entrada y salida de Montaño, mandando desde luego una fuerza en su persecución, que pronto le dio alcance, haciéndolo prisionero y presentándolo al Cuartel General.

"A los pocos días se le formó consejo de guerra, estando integrado por el general Angel Barrios como presidente, y como vocales el general Palafox y los licenciados Antonio Díaz Soto y Gama, Gregorio Zúñiga y Arnulfo Dorantes; fué sentenciado a muerte, pues se le comprobaron todos los cargos que pesaban sobre él, tanto por las declaraciones de los jefes sublevados, de que ya se ha hecho mención, como por una mujer, a quien había aprehendido el general Octabiano Muñoz, a la que se le recogió una caja conteniendo: dos de los documentos relativos a la rebelión y el famoso plan basado en el lema de Juárez".

12. TILDES A LOS ABSURDOS ARGUMENTOS
DE SOTO Y GAMA.

Para poder formarnos un juicio correcto acerca del "caso de Montaño", es necesario cotejar los testimonios de los jefes zapatistas que expusimos al principio de la obra, con algunos párrafos del texto que acabamos de transcribir de Soto y Gama.

1o. Desde luego podemos advertir la parcialidad del licenciado Soto y Gama, cuya narración discrepa de los relatos que nos dieron los testigos presenciales de la ejecución. Y no podía ser de otra manera, dado que, Soto y Gama, fue uno de los integrantes del consejo de guerra.

2o. Su libro no hace referencia, en ningún momento, al "Testamento de Montaño" que tuvo en sus manos, y por órdenes de él fue arrinconado en el archivo.

3o. Respecto a la confabulación que, según Soto y Gama, existía entre los generales Arenas, Vázquez y Pacheco, LA UNICA PERSONA CON AUTORIDAD MORAL PARA ACLARAR ESTE PUNTO, SERIA EL EXCELENTISIMO DR. GUSTAVO BAZ, por su condición de intelectual en las filas zapatistas como oficial del Estado Mayor del general Pacheco, del que no tengo noticias si en alguna ocasión he hecho referencia a este espinoso asunto.

4o. La supuesta plática que tuvo con Zapata, en que le cuenta la proposición de Montaño para quitarse los bigotes allá por los años de 1911 o 1912, alarmado por la ofensiva maderista, se destruye por sí sola: El 28 de noviembre de 1911, justamente, es la fecha en que Montaño escribió su "Plan de Ayala".

5o. El Consejo de Guerra que juzgó a Jesús Morales (a) "El Tuerto", lo integraron generales nativos del Estado de Morelos: Pioquinto Culis, Modesto Lozano, Emigdio Marmolejo y Santiago Rodríguez. El Agente del Ministerio Público, Luis Castell Blanch, fue el único que no era del Estado. Morales encomendó su defensa al coronel Eutimio Rodríguez. Durante al proceso, Morales en ningún momento dijo que Montaño fue quien le aconsejó que se rindiera, como dice Soto y Gama. Si así hubiera ocurrido, el Consejo de Guerra se lo habría informado a Zapata, y éste, no hubiera perdonado a Montaño.

a. Catilinarias de Montaño.

Pero hay otra prueba más que evidencia la ilimitada confianza que Zapata tenía en su compadre, y ello lo demuestra durante la determinante intervención que tuvo Montaño durante las pláticas con la Comisión de Paz enviadas por el Presidente Victoriano Huerta, a la cabeza de la cual venía el coronel Pascual Orozco, Sr. A Montaño le correspondió formular la redacción de las tremendas catilinarias que remitió el general Zapata a Huerta y el general Pascual Orozco, Jr.

Leamos a continuación los fragmentos más importantes de esas cartas:

"Campamento Revolucionario en Morelos, Abril 7 de 1913.

"Señor General Don Pascual Orozco, Jr.

"México, D.F.

"Señor de mi respeto y estimación:

"He tenido el honor de leer la grata de usted fechada el 10 de marzo último, la cual me fue entregada por su estimable padre el 29 del mes antes citado, y refiriéndome a los conceptos en ella emitidos, con la franqueza y sinceridad que caracterizan todos mis actos, me veo en la imperiosa necesidad de manifestarle: que ha causado decepción en los círculos revolucionarios de más significación en el país la extraña actitud de usted al colocar en manos de nuestros enemigos la obra revolucionaria que se le confirió.

"Yo siempre admiré en usted al obrero de nuestras libertades, al redentor de los pueblos de Chihuahua y de la región fronteriza y cuando lo he visto tornarse en Centurión del Poder del Pretorio de Huerta, marchitando sus lauros conquistados a la sombra de nuestros pendones libertarios, no he podido menos que sorprenderme delante de la Revolución caída de sus manos, como César al golpe del puñal de Bruto.

"Quizás usted cansado de una lucha sin tregua y de un esfuerzo constante y viril en pro de nuestra redención política y social, abdicó de un credo que en el Orbe revolucionario de toda la República, recibió, en medio de nubes, relámpagos y truenos, de glorias y libertades; pero usted en vez de laborar por la paz ha laborado por la guerra, provocando el suicidio de la Revolución, en sus hombres y en sus principios."

b. Quiero Morir Siendo Esclavo de los Principios, no de los Hombres.

"Yo pertenezco, señor, a una raza tradicional que jamás ha degenerado ni ha podido traicionar las convicciones de una colectividad, y las de su propia conciencia; prefiero la muerte de Espartaco acribillado a heridas en medio de su libertad, antes que la vida de Pausanias encerrado vivo en una tumba por su madre en representación de la Patria. Quiero morir siendo esclavo de los principios, no de los hombres.

c. Usted ha tratado la Paz como si se Tratase de una Transacción Mercantil.

"No pretendo encastillarme en la barrera infranqueable de un plan político, pero cuando los representantes, como usted, de una colectividad revolucionaria o de cualquiera otra clase, se salen de los límites de la ley que les da poder y fuerza sin la sanción de las unidades principales de aquella colectividad, claro es que provocan el desconcierto por una y otra parte, pierden su valor y suscitan la ruptura de los compromisos contraídos. Usted ha tratado la paz con el Gobierno de Huerta de una manera aislada y sin programa, como si se tratase de una transacción mercantil particular y de una forma de tal significación, como si hubiese encabezado un movimiento revolucionario local. . ."

d. Huerta Representa la Defección del Ejército y Ud. de la Revolución.

"Por último, si Huerta que representa la defección del Ejército, y usted que representa la defección de la Revolución, procuran hacer la paz nacional, les propongo lo siguiente: Que se establezca el Gobierno Provisional por medio de una Convención formada por delegados del elemento revolucionario de cada Estado, y la Revolución así representada, discutirá lo mejor que convenga a sus principios e intereses que ha proclamado; este procedimiento es el culto al respeto del derecho ajeno, es decir: el respeto al derecho de todos.

"Agradecemos los conceptos con que me favorece y reiterándole mis protestas de estimación y respeto, me repito una vez más su afmo. s.s. y amigo.- EMILIANO ZAPATA".

e. El Gobierno de Usted no es Emanado de la Revolución.

A continuación leemos los puntos más sobresalientes de la carta que Zapata le envió a Victoriano Huerta: "Campamento Revolucionario, Abril 11 de 1913.

"Señor General Don Victoriano Huerta. "México, D.F.

"Muy señor mío:

"El Coronel Pascual Orozco Sr., se ha presentado en este campamento, haciéndome conocer, por medio de una carta suscrita por usted el 22 de marzo último, la comisión de paz que se le ha conferido para entrar en arreglos con este Centro Revolucionario, me ha dado detalles y propuesto verbalmente las condiciones para que acceda a la sumisión y reconocimiento del Gobierno de usted, a fin de que lleguemos a un acuerdo y se consolide la paz de la República.

"En la conciencia de todos está que el Gobierno Provisional de la República que usted representa, no es emanado de la Revolución, sino pura y simplemente emanado del cuartelazo felixista, que como usted comprenderá, no consultó para nada a los elementos revolucionarios de mayor significación en el país, ni le sirvieron de norma los principios que constituyen el lábaro revolucionario de la República.

f. La Paz sólo Puede Restablecerse Teniendo por Base la Justicia.

"En medio de los derechos violados, de las libertades ultrajadas, de los principios vulnerados y de la justicia escarnecida, no puede existir la paz, porque de cada boca brota un anatema, de cada conciencia un remordimiento, de cada alma un huracán de indignación. La paz sólo puede restablecerse teniendo por base la justicia, por palanca y sostén la libertad y el derecho, y por cúpula de ese edificio, la reforma y el bienestar social.

g. A las cascadas de Oro de la Luz del Día se Pretende Asesinar a la Revolución.

"Y después de un rudo batallar, de una era prolongada de sacrificios, frente a una decena de días trágicos, de cuartelazo sangriento en que usted y Félix Díaz jugaron el principal papel, contemplamos a la dictadura maderista demolida y a Madero transformado en un cadáver físico y político. Frescos aún los acontecimientos, cuando todavía humeaba la sangre en los patíbulos y en la arena de los combates, cuando todavía estaban insepultadas las víctimas envueltas en un sudario de sangre y la Capital de la República ostentaba el crespón de duelo, al final de la jornada, todos esperábamos el triunfo radical de la Revolución; pero desgraciadamente no fue así; se asesinó a Madero en las sombras de la noche, y a las cascadas de oro de la luz del día se pretende asesinar a la Revolución.

h. La Revolución por Segunda Vez ha Sido Derrotada.

"Si el Ejército, en el golpe de Estado que efectuó, se hubiera unido a la Revolución por principios y sanas convicciones, y no para dar los destinos de la Nación a quien quisiera de sus jefes; se hubiera respetado el elemento revolucionario dentro de los principios que son el objeto de sus ideales, entonces si podría decirse con orgullo y tintes de gloria que la Revolución había triunfado; pero en nuestra conciencia y en la de la Nación está que la Revolución por segunda vez ha sido derrotada y burlada por sus antagonistas de 1910. Este nuevo desastre nos viene a restaurar por segunda vez el sistema conservador porfiriano-científico, consistente en "mátalos en caliente" a la sombra de la noche, sin formación de causa: en hacer de la justicia un escarnio, del pueblo un rebaño de viles esclavos, y de los derechos y libertades, la más estupenda de las bancarrotas.

i. Ultimo Recurso: Llevar a la Revolución al Triunfo Definitivo.

"Dentro de esta esfera de acción, en mi pobre concepto, creo que la consecución de la paz nacional es indubitable; no habrá causa ni pretexto para sacrificar más sangre, porque pueblo, Ejército y partidos, quedarán fusionados en la concordia universal que será la salvación de la patria. Pero si lejos de llevar a la práctica los principios de la Revolución, se continúa perseverando en el sistema de Gobierno implantado con menosprecio de nuestras aspiraciones, entonces no nos queda más recurso que el que hemos adoptado: llevar a la Revolución al triunfo definitivo.

"Con las protestas de mi alta consideración, soy s.s.s.
EMILIANO ZAPATA".

13.- EL FIN QUE TUVIERON LOS QUE
MATARON A MONTAÑO.

En algunos de ellos se cumplía la sentencia bíblica: "El que a hierro mata, a hierro muere" o aquella otra: "Con la vara que mides serás medido".

El primero que paga su deuda, es el Licenciado Zúñiga, en 1917, con la entrada de los carrancistas a Morelos. Zúñiga, quien huía con un grupo de gentes de Tlaltizapán, tomó el rumbo de Tepalcingo en busca de la protección del General Francisco Mendoza que operaba en ese rumbo, pero, para su mala estrella, al llegar al pueblo de Ixtlilco, se topó con fuerzas de Jorge Méndez, un indio natural, rudo, perteneciente a la "División Mendoza", que al descubrirlo entre los demás fugitivos, ordenó que lo llevaran a su presencia y cuando lo tuvo enfrente, con voz alterada lo increpó: ¿Con que usted es uno de los "Jijos" de la chingada que mataron a mi general Montaño, no?, y diciendo y haciendo le "sorrajó" un tiro en la cabeza.

El segundo que muere es el general Blanco, en un encuentro con los carrancistas.

El tercero, Gil Muñoz Zapata, sobrino del general y jefe de su escolta personal, cae víctima de una tremenda golpiza que le propinaron en Tlaltizapán la mujer con quien vivía y su amante, al grado de que le sacaron los ojos.

El Licenciado Arnulfo Santos, uno de los que fueron a comunicarle la sentencia y actuó como miembro del consejo de guerra que lo juzgó, vivió muchos años todavía. En los años treintas trabajaba como secretario del Tribunal de Justicia en el Estado de Morelos. Vivía retraído de toda clase de amigos, siempre taciturno y huraño, quizá por los remordimientos de conciencia.

Serafín Robles que fuera el Jefe del Departamento de Guerra en el Cuartel General de Zapata en Tlaltizapán, y, que tan mal se comportó con su compañero y amigo Montaño, también sobrevivió muchos años después. En 1949, desempeñaba el cargo de Secretario de Afiliación en el frente Zapatista de la República. Muere en su cama sin honores.

El Ing. Ángel Barrios, que fungió como Ministerio Público en el proceso, se rindió junto con Soto y Gama a los Carrancistas el 4 de diciembre de 1920.

En cuanto a Palafox, el general Zapata antes de morir, ya le había retirado su confianza, por traidor, después del manifiesto que publicó el 5 de noviembre de 1918, en el hace cargos al general Zapata, acusándolo de que es poseedor de muchas cabezas de ganado y de acumular semillas y alhajas robadas a los ricos. Soto y Gama, principal enemigo de Montaño, merece un estudio más concienzudo.

a. Soto y Gama Antirreeleccionista.

Desde su vida de estudiante. Se destaca por sus ideas anarcosindicalistas. Es uno de los admiradores de los hermanos Flores Magón. Para combatir el porfirismo, se une al Partido Liberal que patrocinaba Ponciano Arriaga, hijo del constituyente del mismo nombre, y llega a ser Vicepresidente de esa organización. Por sus ideas revolucionarias, estuvo preso en San Luis Potosí y después en la cárcel de Belem, en México. Entonces escribía en el periódico "Regeneración", que era la tribuna de los liberales.

b. En los Campos del Sur.

Al ocurrir el asesinato de Madero, Soto y Gama se traslada a Yautepec, donde tenía establecido su Cuartel General el Caudillo Emiliano Zapata. Ahí llega el 26 de abril de 1914, en compañía de su hermano Conrado y Reynaldo Lecona. Emiliano los recibe en las oficinas que tenía instaladas en la casa de Don Teodoro González y, desde ese momento, quedan incorporados a las filas zapatistas. Soto y Gama por su experiencia política y astucia, pronto se gana la confianza del general y se convierte en su principal consejero.

Después de la muerte del Gral. Zapata, se une a varios jefes para nombrar sucesor del Caudillo, puesto que recayó sobre Gildardo Magaña. Sin embargo, otro numeroso grupo no queda conforme con la elección, y reclaman un jefe nativo del Estado, por eso nombran al general Jesús Capistrán de Tlaltizapán. Pero, ni uno ni otro reúnen las cualidades del Caudillo muerto: Magaña se rinde en Chalco y Capistrán al general González, de las fuerzas de Figueroa.

c. El Aprendiz de Maquiavelo.

Soto y Gama, al triunfo de Obregón, es electo diputado federal. Y funda, con el profesor Aurelio Manrique, el Partido Nacional Agrarista. Pero, Soto y Gama, da su primera demostración de inconsistencia: Estando próximo el cambio del Poder Ejecutivo, es uno de los principales promotores a las reformas de la Constitución para poder reelegir al Presidente Alvaro Obregón en el siguiente período. De este modo, el furibundo antireeleccionista, renegaba de su credo convirtiéndose en un apasionado reeleccionista. Seguramente pensaba que al triunfar Obregón, éste le daría alguna cartera, pero la muerte del general trunca sus aspiraciones.

d. Soto y Gama claudicante y convenenciero.

En el año de 1929, se ve inmiscuido en la conjura militarista que encabezaron los generales Aguirre en Veracruz y Escobar y Manzo en Sonora, en contra del gobierno provisional del Licenciado Portes Gil.

El movimiento sedicioso estallaba en los momentos que en Aguascalientes se celebraban la Convención Nacional para formar el Partido Nacional Revolucionario. En esa memorable asamblea, Soto y Gama fué duramente criticado por los generales Luis León, Manlio Rubio Altamirano y otros, al que llamaron claudicante de los principios de la Revolución y convenenciero.

e. Soto y Gama Mediatizador del Símbolo Zapatista.

En 1940, Soto y Gama se opone a la formación del frente Zapatista en Morelos, Diputado Federal; entonces, mandó imprimir una circular con la fotografía del Caudillo Emiliano Zapata al reverso, para impresionar a los veteranos, pero los zapatistas no le hicieron caso y la agrupación se fundó. La circular en cuestión decía:

"A LOS COMPAÑEROS ZAPATISTAS QUE FORMARON PARTE DEL EJERCITO LIBERTADOR DEL SUR".

"Este Partido Nacional Agrarista, tiene a la vista la invitación que los Senadores Benigno Abundez, Alfonso T. Sámano y el Gral. Encarnación Vega Gil, titulándose a sí mismo Comité Organizador de un llamado Frente Zapatista de la República, presenta a ustedes para que concurran a una Convención que intentan celebrar en Cuautla, Mor., pretextando el deseo de unificarlos; pero que en realidad el fin que persiguen es sorprender la buena fé de los zapatistas con la mira de arrancarles alguna firma o promesa y sumarlos a la mala causa comunista-imposicionista-ávilacamachista, tratando de burlarse así del invencible movimiento democrático que en estos momentos está defendiendo valientemente el pueblo mexicano al lado del sincero zapatista y revolucionario General de División Juan Andreu Almazán.

"Damos, pues, la voz de alarma al zapatismo de todo el país, denunciando como una vulgar maniobra imposicionista el llamado que les hace el falso Frente Zapatista de la República.

"Este Partido Nacional Agrarista, tiene absoluta confianza en que los compañeros zapatistas que formaron parte del ejército Libertador del Sur, harán fracasar hoy, como ayer, las malas artes a que constantemente recurre el imposicionismo para encubrir sus tremendos fracasos".

"PARCELA LIBRE, HONRADEZ EN EL EJIDO Y VERDAD ELECTORAL".

"México, D.F., a 6 de junio de 1940.

PARTIDO NACIONAL AGRARISTA EL SECRETARIO GENERAL

Lic. Antonio Díaz Soto y Gama .
(Rúbrica)

f. Las Veleidades de Soto y Gama.

Años más tarde, en 1961, vuelve a confirmar su postura reeleccionista, encabezando al grupo de la Cámara de Diputados para la prorrogación del mandato del Lic. Miguel Alemán, para lo cual funda el "Frente Cívico de Afirmación Revolucionaria". La gente del pueblo le cambia lo de "cívico" por "cínico", y a sus agremiados los apodan "Los cínicos de la Revolución".

Soto y Gama, con el propósito de apoyar la reelección de Alemán, se olvida de su oposición a que se fundase el "Frente Zapatista" y ahora los convoca en Cuautla el 5 de noviembre de 1961, para celebrar una asamblea que tiene lugar en el cine Reforma, y a la que concurren varios políticos simpatizadores de la idea, entre ellos ex-gobernador de Veracruz, Marco Antonio Muñoz; el del Estado de México, Sánchez Colín; el de Baja California, Braulio Maldonado; la Dra. Leonor Alvarez; los señores Melchor Ocampo, padre e hijo; los dos diputados federales, Porfirio Palacios y Manuel Aranda, el diputado local Ramón Castelo. Al grupo zapatista lo representa el Gral. Julián González, Palacios Quiñones y Manuel Cardona Testa. En la asamblea propone Soto y Gama que se constituya en Comité Estatal y que sus elementos sean de preferencia del Frente Zapatista, grupo al que antes había repudiado, como vimos en la carta circular que transcribimos en el inciso anterior.

Soto y Gama muere en la ciudad de México, en su antigua casa de la calle de Zarco, en la colonia Guerrero. A sus funerales lo acompañó un pequeño cortejo. Bajando a la tumba sin honores. Así acabó el último de los que formaron el consejo de guerra que condenó al profesor Otilio Montaño. La muerte de Montaño, fue la más grande infamia de sus enemigos. Una inmensa pérdida para la Revolución Suriana. Y, en las conciencias de sus viejos compañeros, jamás se incubó la idea de que fuera un traidor.

Desgraciadamente, su sacrificio escribió una página negra en la historia del zapatismo.

Ahora en posesión de datos fidedignos relatados por actores y testigos en este dramático episodio, es posible formarse un juicio exacto, verídico para normar nuestro propio criterio.

Los hechos apuntados pertenecen al pasado, quizá por ello a nadie interese depurar la conducta de un hombre honrado; pero yo como dijera alguna vez en su periódico mi estimado amigo don Modesto Reyes, "estoy chapado a la antigua", sostendré hasta el final de mi existencia, que será próxima, mis convicciones de lealtad a mis principios y a la memoria de quienes nos marcaron una ruta. Los viejos vivimos de recuerdos. siempre habrá alguien quien ame la libertad de expresar la verdad, antes que callar por conveniencia, mentir para estar bien con el poderoso.

Si estos apuntes logran el objetivo que me propuse para limpiar de la negra mancha de traidor al Profesor Montaño, será la más grata satisfacción de su autor y haber cumplido con lo que ofrecí a su hijo Salvador que todavía vive en Jojutla rumiando en silencio su amargura. Pero yo le digo. NO COMPADRE TU SEÑOR PADRE NO FUE TRAIDOR.

Salvador Montaño Murió en Jojutla en junio de 1980.

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GOBIERNO DEL ESTADO DE MORELOS

GOBERNADOR
Dr. Armando León Bejarano V.

SECRETARIO DE GOBIERNO
Lic. Fausto González Hernández

SECRETARIO DE PROGRAMACION Y PRESUPUESTO
Ing. Armando Bejarano Almada

SECRETARIO DE FINANZAS
C.P. Raúl Morales del Río

SECRETARIO DE DESARROLLO Y FOMENTO INDUSTRIAL
Ing. Mario Sánchez Ruiz

SECRETARIO DE DESARROLLO AGROPECUARIO
Lic. Roberto Juárez Ramírez

SECRETARIO DE ASENTAMIENTOS HUMANOS
Ing. Fernando Jiménez Cano

OFICIAL MAYOR DE GOBIERNO
Francisco Gutiérrez Hormigo

DIRECCION PARA LA INVESTIGACION DE LOS VALORES HISTORICOS DEL ESTADO DE MORELOS
Lic. Valentín López González

EDICIONES DEL GOBIERNO DEL ESTADO LIBRE Y SOBERANO DE MORELOS

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Fuente:


Juan Salazar Pérez. Otilio Montaño.
Cuadernos Morelenses. Ediciones del
Gobierno del Estado Libre y Soberano
de Morelos. México, 1982. 58 pp.