Fotografía tomada alrededor de 1943 por Jesús Sotelo Inclán (2).

Casa donde nació y vivió
Emiliano Zapata


“ En el ángulo suroeste de Anenecuilco, es decir en la parte más opuesta a la entrada del pueblo, según se llega por el camino de Cuautla, pero no lejos de la iglesia y del cementerio, hay una casita a la orilla del poblado.

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Esta casita de muros de adobe y techo de palma -que muchos años después fueron reforzados con apoyos de piedra en las esquinas y otros lugares- fue levantada por don Gabriel Zapata, descendiente de los Zapata de Mapaztlán, que había ido a trabajar como jornalero a la Hacienda de Hospital y se casó con la joven Cleofas Salazar, de familia antigua y oriunda de Anenecuilco.

El casamiento tendría lugar en la parroquia de Villa de Ayala, posiblemente durante la Guerra de Tres Años, y del matrimonio nacieron diez hijos: Pedro, Celsa, Eufemio, Loreto, Romana, María de Jesús, María de la Luz, Jovita, Emiliano y Matilde”. (2)

Jesús Sotelo Inclán


Fotografía tomada en 1952 por Mario Gill (1).


“Sus colindantes como casa fueron: por el norte con un sendero cerril que lleva a la parte alta del cerro “El Mirador”; al sur con el terreno del señor José Merino Cano; al este con el Camino Real de arriba que queda en la falda del cerro “El Mirador” y que conduce a Villa de Ayala (hoy avenida Emiliano Zapata) y al oeste la falda del cerro “El Mirador”.

El solar tenía las siguientes medidas 54 x 58, dando una superficie de 3,132 metros cuadrados.

Propiamente la casa constaba de tres piezas en adobe, piedra, madera, zacate y basura, su piso de tierra al que lo pulían con agua”. (3)

“La construcción original es de un corredor y dos piezas a base de adobe, puertas de madera, pisos de tierra y techo de zacate con morillos.

Hasta 1931 la casa la habitan miembros de la familia de Emiliano (Jesús, su hermana), en adelante se utiliza para el Museo. La casa (era habitada por) la doña Ma. de Jesús; ella se traslada a vivir a otro lote y su sobrino Nicolás (hijo del General) que entonces construye cerca de tal casa, parte a la ciudad de Cuautla con su esposa Venancio Sandoval.

Actualmente el lote está marcado con el número 21 de la Avenida Emiliano Zapata y está convertida en Casa Museo, a su costado sur se localiza el Museo de la Revolución del Sur y a su costado norte un bello mural”. (4)

Amador Espejo Barrera

 


Fotografía tomada en 1952 por Mario Gill (1).

Descripción de la casa

"Antes de entrar a la casa había un corredor amplio, colocado a lo ancho de la construcción, con un pretil lleno de macetas de barro muy bien cuidadas por la señora, bonitas y llenas de flores.

Del lado izquierdo del corredor estaba la cocina y también del lado izquierdo de la puerta de ésta se encontraba en el interior el tlecuil o fogón sobre el que se colocaba el comal de barro para hacer las tortillas, el tazcal para guardarlas y tol tenamaztles, que son tres piedras colocadas de modo que puedan ponerse sobre ellas las ollas al fuego; una tinaja grande para agua, el metate, el molcajete, y colgando del techo, un garabato de madera en donde siempre tenían carne seca o longaniza

Al extremo derecho del corredor, es decir, al lado opuesto de la cocina, estaban dos horcones o troncos en forma de horquetas que sostenían un morillo o palo redondo -generalmente el tronco de un árbol- sobre el que se guardaban colgadas sus dos sillas de montar; en un clavo en la pared, sus reatas, una de mecate y otra de crin, el freno para el caballo, la cabezada, espuelas, cuarta y soguilla y también las cantinas o alforjas.

En el rincón, recargado, un gorguz, que era una vara larga con punta -como especie de jabalina- que servía para arrear a los bueyes cuando andaba arando; había también un yugo, pues aun cuando el señor no tenía bueyes, cuando necesitaba arar la tierra lo usaba en una yunta que alquilaba; había también un arado de reja y el aparejo del burro.

Enseguida del corredor estaba una pieza grande de forma rectangular, de aproximadamente 4 por 8 metros, con paredes de adobe y techo de dos aguas con teja y tapanco de madera; el suelo era de tierra y la apariencia de la construcción era regular, es decir, no vieja pero tampoco nueva. No había luz eléctrica y se alumbraban con vela o quinqué de petróleo.

Dentro del cuarto descrito, hacia la izquierda de la puerta y colocada al centro de la pared, estaba la cama de madera de la señora, en la que dormía ella con sus dos hijos grandecitos, el pequeño dormía en una cuna hecha por don Emiliano en forma de cajoncito de madera con el fondo de mecate entretejido sobre el que había puesto un petatito; ésta pendía del techo con una reata y estaba cerca de la cama, de modo que si el niño lloraba en la noche, la señora pudiera atenderlo o simplemente mecerlo.


Fotografía tomada en 1952 por Mario Gill (1).

La cama tenía un mosquitero de manta de cielo para evitar los moscos y debajo de ella había un "conde" de barro para que los niños lo utilizaran cuando fuera necesario sin tener que salir de noche al patio.

Del lado derecho del cuarto estaba la cama de don Emiliano, también hecha por él. Sobre cuatro horcones chicos tenía una especie de tambor hecho con carrizos entretejidos con cordel, encima un petate tipo estera, sábanas de manta, almohada con orillas y embutidos tejidos con gancho y las iniciales de su nombre bordadas con hilo de color fuerte: rojo, verde, azul rey o negro y su cobija de lana. Ambas camas tenían la misma ropa y la de don Emiliano además tenía un mosquitero que él había hecho uniendo varios ayates de tejido finito con aguja de arria y con cordel.

Las almohadas estaban rellenas algunas con lana y otras con un algodón que produce un árbol llamado pochote que estaba sembrado en el huerto frente a la casa.

En una ocasión preparamos con este material unas almohadas que utilizaríamos durante nuestra estancia en la casa; el árbol que produce este algodón da una especie de bayas llamadas "chilchotes", dentro de las cuales se encuentra el algodón; para no espinarnos las cortamos con un carrizo llamado "chicol", que tiene en un extremo un gancho. Teníamos que hacer el corte antes de que éstas se abrieran y el viento se llevara el algodón; ya cortadas las abríamos, sacábamos y poníamos a asolear el algodón sobre un petate para que se secara, lo revisábamos con minuciosidad para quitarle multitud de pequeñas semillitas negras y después rellenábamos y cerrábamos las almohadas cosiéndolas.


Fotografía tomada en el año 1935. Copia fotográfica de María de Jesús Zapata, hermana del caudillo del sur, acompañada de quien fue su custodio, el señor Policarpo Castro, en la casa de Emiliano Zapata, actualmente en ruinas, forma parte del Museo La Lucha por la Tierra.
Original en poder del señor Santiago Castro Ramos. (6)

Don Emiliano tenía junto a su cama, y pegada a la pared, una mesa bajita sobre la que estaba una caja de cedro barnizada de oscuro donde guardaba su ropa, paliacates, cinturones, su pistola y sus gaznés.

Exactamente frente a la puerta, dentro de la habitación, había una alacena empotrada en la pared en donde la señora guardaba, muy bien acomodados, sus platos de barro y loza, sus pozuelos o tazas, vasos y un cuadro con la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Nosotros dormíamos en el suelo en un petate colocado en el rincón del cuarto junto a la cama de la señora.

En el tapanco se guardaban encostalados el maíz y el frijol que él mismo había sembrado: el maíz en tierra "a medias" y el frijol en un pequeño cuamil, es decir, una pequeña ladera de terreno que él tenía. Esto sucedía más o menos por el mes de octubre.

Una vez repartida la cosecha de maíz de acuerdo a un trato previo con el mediero, que era la persona dueña del terreno en que se había sembrado, llegó a la casa con su burro cargado con dos costales de elotes, uno de cada lado y encima dos o tres calabazas macizas para que su esposa las hiciera en dulce que colocarían en la ofrenda del día de difuntos.

También cargaba otro bulto de mazorcas en un ayate sobre la espalda; después desgranábamos el maíz en un rodete de olotes amarrado con una reata y hecho también por él, lo poníamos a asolear para que se acabara de secar y una parte de las mazorcas se guardaba en el zincolote o pequeña troje, tanto por si faltaba maíz para el gasto diario, como para seleccionar las mejores mazorcas que serían la semilla de la próxima siembra. Los olotes se ocupaban como combustible para hacer el nixtamal o nextómetl con el que se hacían las tortillas y cuya masa se molía en el metate.


Fotografía tomada alrededor del año 2004. Autor desconocido.

Cuando don Emiliano salía a trabajar al campo, desayunaba muy temprano en la cocina, tomaba un jarro de café negro, muy caliente y aromático, con pan.

Antes de mediodía pasaba a su casa un muchacho al que llamaban "tlacualero", porque en un carrizo que cargaba sobre los hombros y por detrás del cuello recogía para cada trabajador el itacate o tlacual que cada mujer mandaba con él para que almorzara su marido en el campo; para transportarlo lo iba ensartando en el carrizo que cargaba. Generalmente la señora mandaba a don Emiliano varios taquitos doblados en forma de quesadilla con queso, cecina, salsa o chiles verdes para morder y huevos cocidos. No le ponía tacos con frijoles porque por razones climáticas éstos se agriaban y no era posible comerlos.

Cuando don Emiliano cosechaba el frijol era que la vaina ya estaba maciza, iba sacando de la tierra la mata con todo y raíz y en un ayate sobre el burro lo llevaba a la casa, lo extendía sobre unos petates para asolearlo y que se acabara de secar, después nosotros lo vareábamos con otates para separar el grano de la vaina: don Emiliano lo aventaba después al aire con el objeto de quitarle la basura de la vainas, lo encostalaba para guardarlo en el tapanco e irlo sacando conforme se necesitara; diariamente en la casa se consumían dos cuartillos de maíz y medio de frijol. En el tapanco también se guardaban dos cazos de cobres uno más chico que otro en donde se hacía, en uno el atole y en otro, dulces de camote o calabaza.

La casa tenía un patio atrás y el terreno estaba delimitado por un pequeño tecorral, con las piedras acomodadas una sobre otra sin pegar, en donde había un frondoso mezquite; hacia un lado del patio estaban sus cabras y borregos, que eran de 20 a 24 animales, éstos dormían sobre un entarimadito que les había hecho de más o menos medio metro de altura; tenía de 10 a 12 gallinas de diferentes colores y un gallo giro. Del otro lado, bajo un tejabancito que hizo con tejamanil, estaba el machero o pesebre y ahí una vaca con su becerro, sus dos caballos, el colorado, con el que domingueaba, y el pinto, además de un burro; estos dos últimos eran los animales que más utilizaba en su trabajo.

El patio de delante de la casa estaba delimitado por alambre de púas sostenido en tramos regulares por unos árboles de ciruelo rojo.

Tenía también un perro grande de pelo negro y corto, al que llamaba capulín, y un gato pardo; a ambos los quería mucho.

Cuando don Emiliano iba solo en su caballo pinto y con el burro al monte, a trabajar en algunas tierras alejadas o bien de cacería, llevaba su escopeta o machete esto según la actividad que iba a realizar, y colgado de la cabeza de la silla de montar un guaje o bule con agua limpia para tomar. A veces lo acompañaba su perro.

De regreso traía a la casa el burro cargado con leña y en su morral palomas o conejos que había cazado; también llevaba frutas de la región entre las que recuerdo las vainas de cuajinicuiles y los guamúchiles. En cierta ocasión llegó con un panal de avispas que fue asado en rebanadas al comal por su esposa y todos -incluyéndolo a él- lo saboreamos con gusto.

Ordeñaba las cabras y un muchacho que él empleaba después las llevaba a pastar; también le acarreaba en dos botes alcoholeros, a lomo de burro, el agua que se necesitaba en la casa, pues no la había, desde un ojo de agua que aún existe y se llama La Xocoche.


Fotografía tomada alrededor del año 2004. Autor desconocido.

Mi mamá e Inesita cuajaban la leche para hacer queso, la procesaban y finalmente la metían en aros o moldes de diferentes tamaños, después, en una especie de repisas o sarzos hechos por don Emiliano con varas largas de otate, las ponían a orear; después Lupe y yo íbamos al campo a cortar las hojas de una planta silvestre de la cual no recuerdo su nombre, eran anchas, casi redondas, de modo que en cada una se podía envolver bien un queso; los acomodábamos cuidadosamente en dos cajones y don Emiliano los llevaba cada sábado a entregar a Cuautla.

Cuando no iba al campo hacía en la casa lazos o mecates de fibra de maguey; cortaba las pencas y las golpeaba para sacarles el jugo y después las tallaba con una tabla sobre una especie de lavadero que había hecho con un pedazo de viga; torcía los mecates ayudado por un implemento de madera parecido a una matraca que se llama tarabilla; la parte de fibra que no torcía la vendía en costales y servía para lavar sarapes de lana, ésta se llamaba shishi.

Cuando trabajaba en los arrozales llevaba a la casa muchas ranas limpias, es decir, despellejadas y destripadas e Inesita y mi mamá las ponían en el comal con un poco de manteca y sal y unas hojas de epazote, las tapaban con una cazuela para que se cocieran a vapor y quedaban exquisitas.

Sus platillos preferidos

Aparte de lo que ya he referido que le gustaba comer a don Emiliano, tenía un gusto muy particular por los atoles que su esposa preparaba en un cazo de cobre del que yo pensaba que era de oro por lo limpio y bruñido que estaba; los atoles eran de ciruela que cortaba de los árboles de enfrente de la casa o de elote tierno con leche, canela y endulzado con panela o con azúcar; café negro, mole de olla con cecina y sus honguitos de masa, tacos de longaniza asada o frita, salsa de tomate con guajes y de jitomate con "jumiles", que son unos insectos muy nutritivos que aún se consumen en Cuautla, frijoles de la olla, tortillas hechas al momento y queso del que se hacía en la casa.

Todos desayunábamos un jarrito de leche o atole y gorditas picadas con crema o jocoque; todos comíamos lo mismo, sólo que los niños tomábamos menos picante. Don Emiliano comía en la mesita chica de patas cortas sobre la caja de cedro en que guardaba su ropa, encima de ésta su esposa le colocaba como mantel una servilleta blanquísima, bordada por ella con sus iniciales y orillada con tejido de gancho; sus cubiertos, plato, salero, vaso y un cantarito de barro de un litro con agua de limón, naranja o jamaica; todos los demás comíamos cerca de él sentados en el suelo sobre un petate. " (5)

Herlinda Barrientos Velasco


 

(1) Fotografías: "ZAPATA: SU PUEBLO Y SUS HIJOS". Por Mario Gill. Revista HISTORIA MEXICANA, Número 6, Octubre - Diciembre 1952, El Colegio de México, Sección "El Gran Reportaje Histórico", México, pp. 294-312.

(2) Jesús Sotelo Inclán. Raiz y Razón de Zapata. Comisión Federal de Electricidad. México,
1a edición 1943-44. Segunda versión 1970. p. 415. Fotografía. p. 533a.

(3) Prof. Amador Espejo Barrera. Guerrilleros y Lugares de Zapata. Dirección General de Culturas Populares. Unidad Regional Morelos. México, Enero 1997. p. 158.

(4) Prof. Amador Espejo Barrera. Guerrilleros y Lugares de Zapata. Dirección General de Culturas Populares. Unidad Regional Morelos. México, Enero 1997. p. 160.

(5) Con Zapata y Villa. Tres relatos testimoniales: Herlinda Barrientos, Ma. Dolores Cárdenas y Guillermo González Cedillo. Instituto de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, México, 1991, p. 9 a 29.

(6) Lucino Luna Domínguez y Efraín Escarpulli Limón. Anenecuilcayotl. Anenecuilco Desconocido. Unidad Regional Morelos de la Dirección General de Culturas Populares. Consejo del Patrimonio Histórico de Anenecuilco, A.C. Dirección de Centros Regionales, Universidad Autónoma Chapingo. México, 1997. p. 177.

(7) Video de la casa donde nación Emiliano Zapata, subido a internet por walaz1978 en Youtube: http://youtube.com/watch?v=hWGhHfxN1Po