ASESINATO DE
EMILIANO ZAPATA

Autor: Luis Fermín Cuéllar.

Con importante resguardo
en Cuautla Pablo González,
en Chinameca Guajardo
urden traiciones fatales.

Mujeres engañadoras
hacían circular versiones:
" en tropas perseguidoras
comenzaban divisiones".

A Zapata la misiva
del tal capitán Salgado
le pareció sugestiva,
podría ser un buen aliado.

A la causa zapatista
le mostraba simpatía,
tropa que tenía ya lista
a sus órdenes ponía.

Que procedía del villismo
decía, por ello sincero
combatiría carrancismo
con empuje verdadero.

Ante tenaz insistencia
podría ya ser aceptado
de Zapata con anuencia
hasta con el mismo grado.

Se tenía prefabricado
sin ser arrepentimiento
la defección de Salgado
fue falaz procedimiento.

Versión que no nos engaña
el parte oficial rendido
a don Gildardo Magaña
por Reyes, del sucedido.

Guajardo, Pablo González
dos militares rufianes
aparentan ser rivales
para realizar sus planes.

Y no fue Zapata tardo
por carta cree necesario
invitar al ruin Guajardo
a ser revolucionario.

El mílite le contesta
que si tiene garantías
aceptaría la propuesta,
estaría con él en días.

Zapata sin falsedades
llamándolo caballero
ofrece seguridades,
no lo creyó traicionero.

Por saberlo partidario
de Guajardo solicita
el castigo necesario
por actitud inaudita:

De las gentes de González
un piquete de soldados
habíales causado males
a diferentes poblados.

Cual facinerosos natos
cometen los valentones
saqueos con asesinatos
y múltiples violaciones.

De Zapata la confianza
avivará como sea
el mílite de Carranza
mostrará su peor ralea.

Ordena que se le lleve
a gente formando fila
grupo de cincuenta y nueve
en el acto los fusila.

Presumía de dar castigo
a soldados responsables,
el pueblo sería testigo
de muerte de los culpables.

La noticia sería grata
cree Guajardo ciegamente
para general Zapata,
sería muy buen precedente.

Sucedió que zapatistas
prisioneros disfrazados
como tropas gobiernistas
fueron los sacrificados.

No cerca de Cuernavaca
a las tropas federales
por sorpresa las ataca,
parte del plan de González.

Que tiraron a mansalva
aseguran enterados
usando balas de salva
en ataques simulados.

Guajardo se muestra pingo
y con su maldad innata
quiere ver en Tepalcingo
al gran caudillo Zapata.

Llegar con treinta elementos
se tenía por convenido,
Guajardo llevó seiscientos,
se pasó de precavido.

A Chinameca pasaron,
y que serían atacados,
las versiones circularon,
por muchísimos soldados.

Llevaría tropa consigo,
Guajardo dijo taimado,
a batir al enemigo,
Zapata por otro lado.

Contra los atacadores
va Zapata prontamente
y sus leales seguidores
acompañan al valiente.

Exploraron con cuidado
aquellos alrededores
que les habían indicado
sin encontrar agresores.

Guajardo vil sólo trata
como cobarde falsario
de distraer a Zapata
para formar escenario.

Y los detalles retoca,
en hacienda muy mentada
a diez matones coloca
escondidos en entrada.

En muy criminal alianza
viste de soldado raso
oficiales de confianza
para dar el vil zarpazo.

Y por orden recibida
Castillo con un sargento
a Zapata lo convida
a pasar hacienda dentro.

Por Guajardo regalado
monta valiente suriano
un buen alazán tostado
y va seguro, galano.

Como se los ordenara
le seguían diez partidarios,
parte oficial lo declara,
no creía más necesarios.

Por estimarlo prudente
en zonas muy bien sombreadas
quedó resto de su gente
carabinas enfundadas.

La guardia ya preparada
está detrás de la puerta,
toca de honor la llamada
el clarín en plan alerta.

Ultima nota termina
por órdenes del villano
y disparan con inquina
sobre caudillo suriano.

De ruindad hacen alarde,
en forma vil, alevosa,
cual proeza de cobarde
cegaron vida preciosa.

Con Zapata por valiente
usaron táctica baja,
matarlo cobardemente
con alevosía y ventaja.

Sólo traicioneras balas
disparadas por chacales
cortarían tan nobles alas
con elevados ideales.

En acción liberadora
quería que tierras feraces
fueran de quien las labora
sin amos, sin capataces.

A su causa le dio brillo
con pasión, sin conformismo,
es tan excelso caudillo
apóstol del agrarismo.

Zapata sacrificado
en tierra que tanto amara
en ella quedó sembrado
para que fructificara.

 

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Fuente:

Luis Fermín Cuéllar. Historia de la Revolución
Mexicana en Verso Romance.
Cuartetas Octosílabas.

Publicaciones Blancas, S.A.
México, 1985. p. 363-367

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