Dé click en la imagen para ampliar.

EL EXTERMINIO DE
MORELOS

Autor: Marciano Silva

Dios te perdone, Juvencio Robles,
tanta barbarie, tanta maldad,
tanta ignominia, tantos horrores,
que has cometido en nuestra entidad;
de un pueblo inerme los hombres corren
y después de esto vas á incendiar;
qué culpa tienen sus moradores
que tú no puedas al fin triunfar.

Dé click en la imagen para ampliar.

Si es que á Emiliano Zapata buscas
allá en los montes le encontrarás,
marcha á los campos contra él y lucha
y así de gloria te cubrirás;
deja los pueblos, no tienen culpa,
ya no los mandes exterminar,
el que es valiente nunca ejecuta
hechos tan viles como el actual.

Lo que es Cartón y Rasgado en suma
en nuestro Estado nunca podrán
vencer a Neri, que es la figura
más formidable que hay en el plán;
saben muy bien los sitios que ocupa,
al fin se animan, pero no van,
y como pruebas les diré algunas
de sus hazañas en realidad.

Llegan á un pueblo que abandonado
sus habitantes dejaron ya,
tiran balazos, por si emboscados
los zapatistas llegan á estar;
si este saludo no es contestado
entonces entran allí a incendiar;
triunfan los leales de un pueblo aislado
al cual dejaron sin un hogar.

Si zapatistas llegan a un pueblo
y son en número regular,
mandan un parte luego al Gobierno
más inmediato sin dilatar;
aquí se encuentran los bandoleros,
pueden venirlos á exterminar;
el bravo jefe responde luego:

Pero si saben que ya se fueron
y que muy lejos deben estar,
entonces marchan, pero lijeros,
con sus cañones a bombardear;
las pobres casas son los guerreros
con quienes van á contrarrestar
y las mujeres que sin remedio
se llevan como un trofeo marcial.

¡Cuántos pacíficos ha matado
Cartón en su cruel avilantez;
cuando algún pueblo llega á incendiar
y en sus lugares encuentra alguien,
luego en su parte pone el menguado:
honróme participar á usted
que á zapatistas he derrotado,
quité caballos y armas también.

Son nuestros pueblos solo unos llanos,
blancas cenizas, cuadros de horror,
tristes desiertos, sitios aislados,
donde se agita solo el dolor;
fúnebres restos que veneramos
como reliquias de nuestro amor,
donde nacimos, donde nos criamos
y alegres vimos la luz del sol.

Adios, Cartón y Juvencio Robles,
adios, Rasgado, bravo adalid,
llévenle a Huerta sus batallones
y su estrategia tan infeliz;
díganle que ya no hay poblaciones
ni bandoleros que perseguir,
solo Zapata y sus escuadrones
siempre supuestos a combatir.

Bravos guerreros, hijos de Esparta
que al fin se honraron con acabar,
pero á los pueblos, porque á Zapata
ni la razón han podido dar;
quemar á un pueblo creo que no es gracia,
matar inermes es cosa igual,
dejar familias en la desgracia,
eso no es honra de un militar.

Cuántas familias se hallan llorando
en tierra extraña sin un hogar,
y por su pueblo siempre anhelando
sin que ese instante pueda llegar;
cuántas familias peregrinando
de pueblo en pueblo siempre andarán
hasta que el cielo diga hasta cuándo
á sus hogares se volverán.

Soldado viles, que habeis jurado
ser la defensa de la Nación,
ya no exterminen á sus hermanos
y alcanzarán su salvación;
negro caínes cual inhumanos,
tened un rasgo de abnegación,
quiero se dignen, cual mexicanos,
oir los clamores de la razón.

.
Fuentes:
Selección del Prof. Jesús Romero Flores.
Corridos de la Revolución Mexicana
.
Ediciones Encuadernables de El Nacional. México,
primera edición 1941, p. 111-114.

Señores vengo a contarles... La Revolución Mexicana a
través de sus corridos
. Por Carolina Figueroa Torres.
Secretaría de Gobernación e Instituto Nacional
de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. 1a ed. 1995.
1a. reimpresión Febrero 2000. México, D.F. Página 8 del Anexo.

Antonio Avitia Hernández. Corrido Histórico Mexicano.
Voy a cantarles la historia (1910 - 1916) Tomo II
.

Editorial Porrúa. Colección Sepan Cuantos...
México. 1997. p. 126-128.

César Macazaga Ordoño (Introducción y edición) / Eduardo Guerrero
(Colección) Corridos de la Revolución Mexicana. Desde 1910
a 1930, y otros notables de varias épocas
.

Editorial Innovación. México, 1985, 103pp.

Francisco Juliao (Coord.). Zapata Vivo. Corridos y Poesía Coral.
Esta edición se hizo con motivo del Primer Encuentro In Xochitl in
Cuicatl (Flor y Canto) Zapata Vivo, realizado en el estado de
Morelos en el año de 1976. Editores: Centro Cultural Mascarones
de Cuernavaca y la Universidad Autónoma de Morelos.
Cuernavaca, Morelos, México, 1976. 120pp.

Barreto Mark, Carlos. Los corridos de Marciano Silva.
Gobierno del Estado de Morelos. Dirección de
Investigaciones Históricas y Asuntos Culturales,
INAR. Cuernavaca, Morelos.
Se terminó de imprimir el día
29 de marzo de 1984. p. 12 y 13-15.

Corridos, Danzas y Bolas Morelenses. Antología I.
Programa Maestros Jubilados y Pensionados en Solidaridad.
Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos.
Dirección General de Culturas Populares.
Unidad Regional Morelos. México, 1994. 176pp.

Investigación de Juan Robles Castro, Delia Vega,
Manuela Pérez, Miguel Angel y Ema Salgado.

Catalina H. de Giménez. Así cantaban la Revolución.
Consejo para la Cultura y las Artes / Editorial Grijalbo.
Primera edición 1990. México, p. 302-305.

Se adjunta al calce la versión consignada por
Catalina H. de Giménez y Carlos Barreto Mark.

Ver índice de todos los corridos

EL EXTERMINIO
DE MORELOS.

Autor: Marciano Silva
Cantado por Miguel Bello Moreno
de Tepoztlán, Morelos.

¡Oh caros hijos del estado de Morelos,
a qué terrible situación habéis llegado!
El exterminio se enseñorea en nuestro suelo
por una turba miserable de soldados.

Son nuestros pueblos convertidos en cenizas
por un gobierno cruel y bárbaro a la vez,
y perseguidos cual los pobres israelitas,
hasta que venga a libertarnos un Moisés.

Dé click en la imagen para ampliar.

Huerta a la vez quiso seguir su mismo ejemplo
y te mandó al incendiador Juvencio Robles;
para no dar a esas promesas cumplimiento
mandó arrasar toditas nuestras poblaciones.

Al contemplar mi rico estado en exterminio
no puedo menos que expresar con voz doliente:
Juvencio Robles, sin cesar yo lo maldigo,
maldito seas en este mundo para siempre.

¿Qué has alcanzado con quemar nuestra comarca
y perseguir a los neutrales fugitivos?
Sólo salir avergonzado ante Zapata,
ya que juraste entregarlo muerto o vivo.

Tú prometiste según tu plan de campaña
hacerle guerra sin cuartel al zapatismo,
y vemos que ahora sólo diriges tus armas
a los pacíficos inermes, ¡qué heroísmo!

Grandes remesas de pacíficos mandabas
a la metrópoli por su negra desdicha,
a cuyos hombres sin cesar los denunciabas
como avanzados en las fuerzas zapatistas.

¡Cuántas personas de ese modo arrebataste
de sus hogares sin tener ningún delito!
¡Cuántas esposas, cuántas infelices madres
llorando viven por la ausencia de sus hijos!

El hombre vil siempre es cobarde en sus empresas
porque carece de valor en lo absoluto;
si llega a herir es a mansalva y si no acierta
sólo la mísera venganza es su recurso.

Mas tu estrategia que no ha sido mas que un mito,
sólo a los hombres indefensos se aplicó,
reconcentrándolos primero a los distritos
para incendiar luego sus pueblos, ¡qué dolor!

Como ninguno obedeció tales mandatos
fueron cruelmente por doquiera perseguidos
aquellos hombres indefensos a balazos
llevando algunos sus esposas y sus niños.

Aquellos seres fugitivos se lanzaban
hacia los montes y a los bosques más espesos,
buscando abrigo a tan injustas represalias
de que eran víctimas en aquellos momentos.

¡Oh, que dolor era escuchar allá en los bosques
aquel incógnito llorar de las criaturas,
y el clamor de aquellas madres que a sus voces
unían el llanto, la tristeza y la amargura!

Aquel continuo navegar en las montañas
sufriendo, humildes, la intemperie de los cielos,
llevaban niñas y decrépitas ancianas
sin encontrar a su tormento algún consuelo.

Eran las cuevas los santuarios silenciosos
donde llevaban a albergarse aquellos seres,
gratos asilos que ocultaban los despojos
de aquellos pueblos incendiados por infieles.

Al recordar lo proceder yo me estremezco
Juvencio Robles, hombre vil, cruel y menguado;
y si hay alguien que me desmienta, yo protesto
y así lo harán todos los hijos de mi estado.

El zapatismo está concluido, le dijiste,
al viejo Huerta con muchísima eficacia;
sólo unos quedan y esos voy a perseguirles,
pronto tendrá usted la cabeza de Zapata.

Sólo unos quedan y es don Francisco Mendoza,
Jesús Navarro y don Eufemio Zapata,
Lorenzo Vázquez y el señor Vicente Rojas,
Ignacio Maya, cuyo mérito se ensalza.

Agustín Casarez, Marcelino Rodríguez,
don Carlos Torres, Primo Sol, y enseguida
Pioquinto Galis, Franco Pliego que invencibles,
se han distinguido cual Marcelino Alamirra.

Zacarías Torres, don Cleofas y José Hernández,
Efrén Mantilla y señor Vicente Aranda
y don Francisco Alarcón, y el indomable
y distinguido señor Concepción Baranda.

Joaquín Camaños, Fidel Arcos y Vaquero
Juan Alatorre y Margarito Ortiz se escriba;
Cesáreo Burgos y Silvino que sinceros
al Plan de Ayala han consagrado su vida.

Eusebio Jáuregui y Trinidad Tenorio digo
y el invencible coronel Camilo Duarte
y Bardomiano González, que un día unidos
con Everardo irán al templo de Marte.

El impertérrito Amador Salazar
y Mauro Neri y el coronel Octaviano,
don Román Silva y Constancio Farfán,
Samuel Bautista e Isauro Toledano.

Aunque ya algunos de estos jefes, por desdicha,
El Imparcial ha fusilado en sus columnas,
vuelven de nuevo a renacer de sus cenizas,
como el gran Fénix volvió a tomar su figura.

El zapatismo se halla en toda su grandeza,
nada le han hecho los soldados herodianos;
sólo las casas acabó con su estrategia
el señor Robles, y a infinitos ciudadanos.

Tierra sagrada de Morelos, Dios me inspira
para cantarte mi dolor y así lo haré;
y cual fantasma sobre ti, nueva Palmira,
a contemplar sólo tus ruinas llegaré.

Adiós hermoso y rico estado de Morelos,
tierra bendita que en su seno me arrulló;
yo lo dirijo desde mi amargo destierro
aquestos ritmos cual humilde trovador.