EL
EXTERMINIO
DE MORELOS.
Autor: Marciano
Silva
Cantado por Miguel Bello Moreno
de Tepoztlán, Morelos.
¡Oh caros hijos del
estado de Morelos,
a qué terrible situación habéis llegado!
El exterminio se enseñorea en nuestro suelo
por una turba miserable de soldados.
Son nuestros pueblos convertidos
en cenizas
por un gobierno cruel y bárbaro a la vez,
y perseguidos cual los pobres israelitas,
hasta que venga a libertarnos un Moisés.

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Huerta a la vez quiso seguir
su mismo ejemplo
y te mandó al incendiador Juvencio Robles;
para no dar a esas promesas cumplimiento
mandó arrasar toditas nuestras poblaciones.
Al contemplar mi rico estado
en exterminio
no puedo menos que expresar con voz doliente:
Juvencio Robles, sin cesar yo lo maldigo,
maldito seas en este mundo para siempre.
¿Qué has alcanzado
con quemar nuestra comarca
y perseguir a los neutrales fugitivos?
Sólo salir avergonzado ante Zapata,
ya que juraste entregarlo muerto o vivo.
Tú prometiste según
tu plan de campaña
hacerle guerra sin cuartel al zapatismo,
y vemos que ahora sólo diriges tus armas
a los pacíficos inermes, ¡qué heroísmo!
Grandes remesas de pacíficos
mandabas
a la metrópoli por su negra desdicha,
a cuyos hombres sin cesar los denunciabas
como avanzados en las fuerzas zapatistas.
¡Cuántas personas
de ese modo arrebataste
de sus hogares sin tener ningún delito!
¡Cuántas esposas, cuántas infelices madres
llorando viven por la ausencia de sus hijos!
El hombre vil siempre es cobarde
en sus empresas
porque carece de valor en lo absoluto;
si llega a herir es a mansalva y si no acierta
sólo la mísera venganza es su recurso.
Mas tu estrategia que no ha
sido mas que un mito,
sólo a los hombres indefensos se aplicó,
reconcentrándolos primero a los distritos
para incendiar luego sus pueblos, ¡qué dolor!
Como ninguno obedeció tales
mandatos
fueron cruelmente por doquiera perseguidos
aquellos hombres indefensos a balazos
llevando algunos sus esposas y sus niños.
Aquellos seres fugitivos se
lanzaban
hacia los montes y a los bosques más espesos,
buscando abrigo a tan injustas represalias
de que eran víctimas en aquellos momentos.
¡Oh, que dolor era escuchar
allá en los bosques
aquel incógnito llorar de las criaturas,
y el clamor de aquellas madres que a sus voces
unían el llanto, la tristeza y la amargura!
Aquel continuo navegar en
las montañas
sufriendo, humildes, la intemperie de los cielos,
llevaban niñas y decrépitas ancianas
sin encontrar a su tormento algún consuelo.
Eran las cuevas los santuarios
silenciosos
donde llevaban a albergarse aquellos seres,
gratos asilos que ocultaban los despojos
de aquellos pueblos incendiados por infieles.
Al recordar lo proceder yo
me estremezco
Juvencio Robles, hombre vil, cruel y menguado;
y si hay alguien que me desmienta, yo protesto
y así lo harán todos los hijos de mi estado.
El zapatismo está concluido,
le dijiste,
al viejo Huerta con muchísima eficacia;
sólo unos quedan y esos voy a perseguirles,
pronto tendrá usted la cabeza de Zapata.
Sólo unos quedan y
es don Francisco Mendoza,
Jesús Navarro y don Eufemio Zapata,
Lorenzo Vázquez y el señor Vicente Rojas,
Ignacio Maya, cuyo mérito se ensalza.
Agustín Casarez, Marcelino
Rodríguez,
don Carlos Torres, Primo Sol, y enseguida
Pioquinto Galis, Franco Pliego que invencibles,
se han distinguido cual Marcelino Alamirra.
Zacarías Torres, don
Cleofas y José Hernández,
Efrén Mantilla y señor Vicente Aranda
y don Francisco Alarcón, y el indomable
y distinguido señor Concepción Baranda.
Joaquín Camaños,
Fidel Arcos y Vaquero
Juan Alatorre y Margarito Ortiz se escriba;
Cesáreo Burgos y Silvino que sinceros
al Plan de Ayala han consagrado su vida.
Eusebio Jáuregui y
Trinidad Tenorio digo
y el invencible coronel Camilo Duarte
y Bardomiano González, que un día unidos
con Everardo irán al templo de Marte.
El impertérrito Amador
Salazar
y Mauro Neri y el coronel Octaviano,
don Román Silva y Constancio Farfán,
Samuel Bautista e Isauro Toledano.
Aunque ya algunos de estos
jefes, por desdicha,
El Imparcial ha fusilado en sus columnas,
vuelven de nuevo a renacer de sus cenizas,
como el gran Fénix volvió a tomar su figura.
El zapatismo se halla en toda
su grandeza,
nada le han hecho los soldados herodianos;
sólo las casas acabó con su estrategia
el señor Robles, y a infinitos ciudadanos.
Tierra sagrada de Morelos,
Dios me inspira
para cantarte mi dolor y así lo haré;
y cual fantasma sobre ti, nueva Palmira,
a contemplar sólo tus ruinas llegaré.
Adiós hermoso y rico
estado de Morelos,
tierra bendita que en su seno me arrulló;
yo lo dirijo desde mi amargo destierro
aquestos ritmos cual humilde trovador.
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