LA TOMA DE
CHILPANCINGO
Autor:
Carmen G. Ocampo
Nobles patriotas que en
las montañas
ven del pueblo la admiración,
cuando escondidos en las cabañas
se oye el feroz rugir del cañón.
n hombre idiota de mala
saña,
que fue D. Luis Gral. Cartón,
diría y cruel de malas entrañas
todo pagaste en una ocasión.
Un pueblo culto, la heroica
Cuautla
que investigaba su falsedad,
salvaje bajaste a Cuautla
acostumbrado siempre a incendiar.
Que viva Huerta, muera
Zapata,
decían los Juanes sin vacilar,
cuando justa, esa es la Patria
y sus armas ha de ganar.
Fuiste sin duda tú
para Huerta
el hombre raro en esta ocasión
y no pensabas que en la revuelta
tú pagarías con tu batallón.
Pero Zapata que estaba
alerta
tirando siempre al usurpador,
hasta que tuvo noticia cierta
que al fin bajabas con gran valor.
Hubo una junta en San Pedro
Hidalgo
que varios jefes en esta vez,
pues se marchaban con mucho agrado
hacia otros puntos donde usted dirá.
Hay muchos jefes, varios
soldados,
que se encontraban con grande fe
de prueba que el Colorado
que por entonces era cuartel.
En Chilpancingo, según
se dice,
los generales eran un rey,
también Cartón, Ponciano Benítez
y el Gral. Juan Apoloncy.
Ellos soñaban que
eran felices
y resoplaban tanto que un güey,
y los pelones echan de gices
vengan bandidos a comer güey.
Así gritaban los
pobres juanes,
sobre las casas de la ciudad,
rompiendo el fuego todos iguales
Cartón gritaban con vanidad.
Muera Zapata, no crean
que gana
porque él no tiene capacidad;
que viva Huerta, porque si sabe
regir un pueblo y gobernar.
El general internóse
un día
hacia la plaza se dirigió,
cuando Vicario, veloz corría
para salir de la población.
Los zapatistas sólo
veían
"alto" y "quién vive", sólo se oyó.
Cartón gritaba: "viva Chón Díaz",
y por engaños, así salió.
Ya había batido
a los cartonistas,
para Acapulco querían correr
con sus cañones de dinamita,
el sitio aquél querían romper.
Pero arreglados los zapatistas
los esperaban con grande fe,
ya de antemano se hallaban listas
todas las fuerzas a acometer.
Iban corriendo por el camino
haciendo fuego sin descansar,
duró la empresa y el primer tiro
que a los tiranos habían de dar.
También Cartón,
el enfurecido,
se parapeta en un tecorral;
allí a balazos fue recibido
y enfurecido hacía fuego mal.
Ya había pasado
según la raya
en esa guerra que supe yo,
cayendo en manos del jefe Maya,
a quien su espada luego entregó.
No crea mi jefe que yo
me vaya,
yo sólo quiero me haga un favor:
que entierre a mi hijo que en la batalla
hace un momento muerto cayó.
Maya le dijo vaya a enterrarlo
tiene permiso por la ocasión.
Así que vaya y enteirre a su hijo
vamos a hacer su presentación.
Veía a sus deudos
como los hijos
hijo de mi alma morir mejor,
tras el sepulcro quiero tal hijo,
yo fui tu padre, adiós, adiós.
Mi general mi alma está
grata
benevolencia yo la amaré,
yo queiro ver a alguien de Zapata
y conocerle siempre ansiaré.
Usted es Cartón,
el jefe de Cuautla,
mi general no lo negaré,
pues sepa usted que yo soy Zapata
el que por los montes buscaba usted.
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