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FRANCISCO (CHICO)
GUTIERREZ (a la izquierda)
Nací el 17 de septiembre de 1927
en Santa Cruz, municipio de Tlaquiltenango, Morelos; de oficio campesino,
me inicié en la cantada desde que era pequeño y me le
acercaba a los señores grandes de la población a oírlos;
me enseñé a cantar y a tocar de una manera lírica,
nada más oyendo a otros señores; luego entonces, a ellos
les gustaba la forma como cantaba yo, y así me gustó la
forma de ser cantador.
Poco a poco fui agarrando la manera de
la cantada, me llamaba mucho la atención, de los señores
viejos esos que se ponían a cantar; uno se llamaba Anastasio
Uroza, Edmundo Gadea, mucho más viejos que yo cuando los escuchaba
cantar en la esquina, y ellos en su tomadera me decían: ¡échate
una!, ¡enséñate a cantar! Me les arrimaba y me decían:
¡hazme segunda!, y empezaba a hacerla aunque fuera de en pedacitos,
pues todavía no me sabía las canciones; de ahí
me nació.
Luego me enseñé a tocar
la guitarra y así fui aprendiendo, le empecé a hacer segunda
a Timio Torres, cuando salía a cantar en las noches a las esquinas
y nos invitaba a dar serenata; estando ya reunidos nos íbamos
a correr la parranda, y así enamorábamos a las muchachas.
En ese tiempo no había tocadiscos,
ni tevé. Respetuosamente se cantaba. En la actualidad ya no se
sale a correr la parranda, pues todos las cantadores viejos se han ido
muriendo. Aquí en el pueblo ya nada más quedo yo y Adolfo
Almanza.
En las ferias nos reuníamos alrededor
de las cantinas, changarros o puestos de hojas con alcohol, nos arrimábamos
con nuestro bajo o guitarra y empezábamos a cantar y a tomar.
A la dueña del negocio le convenía porque así se
le iba arrimando la gente a oírnos.
Ninguno me enseñó, yo solo
aprendí; iba viendo las posturas de los dedos en la guitarra,
y así un día yo agarré la guitarra, a la siguiente
noche eran tantas mis ganas de aprender que ya empecé a acompañar
y tocarla. Empecé a salir a Huehuetzingo, a Puente de Ixtla,
Cuauchichinola, Huajintlán, hasta casi andar en todo el estado
de Morelos, no sólo en las ferias sino también cualquier
día de gusto.
Me pasaba dos noches con sus días
cantando sin repetir una sola canción; cuando terminaba mis amigos
se iban a dormir, otros se seguían cantando. Y ahí me
encontraba también con otros cantadores de otros pueblos, como
uno de Acamilpa que se llamaba Fructuoso García. Muchos ya murieron;
bueno, ya en la actualidad cada vez que tengo gusto me da por reunir
a todos los cantadores en mi casa de Santa Cruz y nos ponemos a cantar
hasta tres días nuestras canciones.
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