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HONORIO ABÚNDEZNací el 30 de diciembre de 1921, soy campesino y minero, intérprete y compositor. Me empezó a gustar la música desde chamaco, cuando veía a mi hermano tocar y entonar canciones; desde entonces aprendí las posiciones y como fui creciendo aprendí más. Desde muy joven empecé a componer canciones que algunas gentes me encargaban, me mandaban datos y yo le ponía letra y música y se las daba al interesado de una forma lírica. De aquí mismo de Huautla me iba a las fiestas a cantar; de la primera que me acuerdo es de la del 12 de diciembre en Chautzingo, Guerrero. Venían también cantadores a la fiesta de Huautla el 4 de octubre, también me invitaban a cantar en las fiestas de su pueblo, me invitaban a Huachinantla, Puebla, y Salado, Puebla. Había unos cantadores muy buenos en Chautzingo, ya se murieron; uno se llamaba Rogaciano Marbán, cantor, Agustín Marbán, cantor compositor, y otro cantor de Huachinantla, Puebla, llamado Otilio Espín, eran los cantadores más antiguos de los que recuerdo. Una de las primeras invitaciones que recibí para ir a cantar fue la fiesta de El Salado, donde canté en las cantinas. Había también señoras que vendían hojas de alcohol y ahí se arrimaban los cantadores; era una de nuestras bebidas favoritas, en ese tiempo no había radio ni rocola; de ahí me fui a Jolalpa, a una invitación del presidente municipal, que me llevó a una mayordomía, ahí estuve cantando a la imagen del pueblo por puro gusto y amistad. Anduve también en casi todas las ferias del estado, la de año nuevo en Jojutla, la de Tlaquiltenango, la Candelaria y otras fiestecitas, como Juchitlán, Quilamula, Pala, Rancho Viejo, Chimalacatlán y Los Hornos. Tuve noticias de Marciano Silva y la idea que tengo de él es que sus composiciones son muy buenas, y creo que por este rumbo no ha habido otro. También había cantadores viejos como Elías Domínguez, que era de Los Hornos, y era sobrino de Eulalio Domínguez, de Huautla, ahí vivió y murió... Fermín Aponte de Guerrero, parece que era de Xochipala. En las fiestas de Tlaquiltenango y en las de Jojutla me juntaba con los Carpios, compositores de Zicatlán; uno se llamaba Federico y el otro Constancio. En estos lugares siempre cantaban más o menos las mismas canciones, se iban repitiendo e intercambiaban las mismas, yo cantaba y le hacía segunda, o al contrario. A mí no me gustaba repetir las canciones, por eso aprendí las que no las supiera todo el mundo. Cuando murió mi segundero empecé a cantar solo, puro moderno, y me empecé a olvidar del corrido, me llamaba más la atención puras cosas de amor, de las que compuse más o menos como cincuenta, pero que se me han ido olvidando porque nunca las apunté y porque el público no me las pide. A veces salía a los ranchos a cantar, me invitaban y me pagaban los alimentos. Iba dos o tres días a vacilar y regresaba a Huautla. Los cantadores le llamábamos gusto a reunirnos, a estar gustando, cantando y saludando. Estos Carpios tenían muchos saludos. También me llegaban invitaciones de ir a darles serenata a las novias; bueno aquí te daban los tragos y los alimentos. Don Eulalio Domínguez, ese señor
sí cantaba y componía muy bien; bueno pero eran otros
tiempos, en la actualidad con la llegada de la radio y la tevé
parece que ya se aplacaron los cantadores, ya nadie sale a cantar en
las esquinas; salen, sí, ¡pero con una grabadora a oír
la música! |
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. Corridos Zapatistas. Corridos de la Revolución Mexicana. Volumen 2. .Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ediciones Pentagrama. México, 2002. Texto adjunto al CD. Pags. 36 a 38. |