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Josefa Espejo y Emiliano Zapata, recién casados en agosto de 1911, en
Villa de Ayala.
Esta fotografía la tiene registrada Casasola de la
siguiente forma:
Fototeca del INAH. Fondo Casasola: 63952. (1)
Josefa Espejo
Sánchez,
Esposa de Emiliano Zapata
“Nació en
San Miguel de Anenecuilco, el miércoles 19 de marzo de 1879,
sus padres fueron: Fidencio Espejo Avelar y Guadalupe Sánchez
Merino, ambos originarios y vecinos del lugar.
La familia
Espejo Sánchez, se caracterizó en la región
por pertenecer al grupo de los hacendados porfiristas, con una economía
en auge y con poder político. La casa que habitaron se ubicó en
los terrenos que asomaron por el Camino Real a Villa de Ayala justo
al poniente, a las faldas del cerro El Mirador, teniendo como frente
el canal de Los Tomases.
Josefita
como le llamaron de cariño vivió una infancia
desahogada sin preocupaciones económicas y con una estrecha
vigilancia familiar, ya que el momento histórico que le tocó vivir
así lo promulgaba; tal cuidado se conjugaba con una preparación
religiosa que explicaba su proceder en la familia, en la casa y desligaba
del ámbito de la política y de las decisiones de un
pueblo.
Para las
mujeres pertenecientes a la clase dominante fue necesaria la preparación en los términos de la lectura y escritura,
ya que algunas corrientes de la época demandaban de la mujer
una función de preceptoras en el hogar; de esta forma Josefa
aprendió a leer y escribir en su propia casa, pues un lugar
fuera de ella estaba prohibido.
Su profesora
fue María de Jesús Rivera Sandoval, abuela
del profesor Abraham Rivera Sandoval, vecina de la ciudad de Cuautla,
a quien por encargo de don Fidencio, un peón del rancho la
traía y la llevaba a caballo. De esta forma aprendieron a
leer y escribir Josefa, sus hermanos y vecinos.
La vida
de la familia Espejo transcurrió sin mayor sobre
salto en la llamada “paz porfiriana”, hasta que Josefa
se involucró amorosamente con Emiliano Zapata.

El noviazgo
de una mujer que pertenecía a la élite
porfirista con un hombre como él, que en años siguientes
comandaría un ejército en contra de los hacendados
y opresores de campesinos es sancionado por su familia y por su clase,
logrando estos últimos represalias contra los Espejo, la antigua
amistad desaparece.
Para don
Fidencio, Josefita merecía una relación de
noviazgo con un sujeto de su clase que le ofreciera las condiciones
de vida a las que ella estaba acostumbrada y que simpatizara también
con los defensores del régimen dictatorial, por lo que en
versiones de la familia, el padre le advertía lo siguiente:
“Emiliano no te conviene; es un verdadero barrendero, jugador,
mujeriego que no tiene ni burro que montar”.
No obstante
estas dificultades, la pareja se las ingenió para
tener momentos felices. A la usanza de la época, el noviazgo
creció entre tecorrales y “manías”; se
sabe por ejemplo que cuando la señorita Josefa salía
a lavar las vasijas en las aguas del apantle Los Tomases, que quedaba
frente al rancho de sus padres, Emiliano acompañado de un
amigo (previo acuerdo entre ellos) colocaba una carta de amor dentro
de la copa de su sombrero y lo dejaba correr por el agua de tal manera
que Josefa tomara el mensaje amoroso unos metros abajo y dejara el
sombrero en el curso de la corriente, hasta que el amigo de Emiliano
lo recuperara para luego partir al final del recorrido los dos compañeros.
Para sus
citas la señal cambiaba, si una noche se escuchaba
el silbido de Emiliano y un caballo trotando a todo galope, Josefa
sabía que al día siguiente debía buscar algún
mensaje debajo de la piedra del tecorral que únicamente ellos
sabían.
Buscando
mejores condiciones de vida la familia Espejo se trasladó en
1909 a Villa de Ayala para habitar la casa marcada con el número
28, en la Avenida Lázaro Cárdenas; esto facilitó el
noviazgo de la pareja y permitió el tener acciones más
atrevidas como lo fueron las serenatas, las cuales el enamorado llevaba
en compañía de la banda de viento que dirigía
el profesor Pablo Torres Burgos; también se hacía acompañar
de Cándido Muñoz Vélez, su “concuño”; éste
resaltaba por la cercanía que tenía entonces con Emiliano,
ambos coincidían en tener una novia de nombre Josefa, sólo
que el apellido de la otra mujer era Placencia Avila, por tal situación
de homonimia, ellos bromeaban de las serenatas de las “Josefitas”.
Muerto don
Fidencio, la relación llegó a matrimonio.
Sin mayor objeción que la cancelación de los “lazos
de amistad” con los hacendados porfiristas de la región
se llevó a cabo la boda de Emiliano con Josefa en el mes de
agosto de 1911 en la Parroquia de San José, del poblado de
Villa de Ayala; su fotógrafo fue el señor Salvador
Medina y la modista que confeccionó el vestido la señora
Olaya Naranjo, originaria y vecina de San Pedro Apatlaco.
Este evento
resultó importante no sólo para que la
pareja sino para la población en general, ya que como padrinos
tuvieron a dos personajes de importancia nacional: Francisco Indalecio
Madero y Sara Pérez de Madero, quienes obsequiaron como regalos
de bodas, un anillo con juego de aretes y camafeo hechos de oro con
incrustaciones de coral (las dos últimas piezas aparecen en
la pintura); la fiesta se realizó después de la ceremonia
al medio día, se cuenta que tocaron dos bandas de música
de viento y en el banquete hubo arroz y frijoles ayocotes hasta para
la gente que no pudo ir a la ceremonia religiosa por miedo al ver
tanta tropa dentro y fuera del pueblo resguardando la figura de Madero.
Por los
testimonios familiares se conoce que Emiliano Zapata pidió a
la novia no usar el vestido que le hiciera Olaya, pues se mostraba
lujoso para las costumbres del pueblo, en su lugar se vistiera con
las prendas que los campesinos utilizaban para esta ceremonia religiosa
y que si ella lo deseaba el otro atuendo lo llevara al banquete de
su casa.
Esta boda
tuvo como marco el movimiento armado de “los alzados” con
Pablo Torres Burgos y Emiliano Zapata y los intentos de pacificación
por parte de Francisco I. Madero, para este último el compromiso
filial significaba la adhesión sin cuestionamiento de las
tropas rebeldes zapatistas al proyecto maderista; sin embargo, para
Zapata sólo representaba una relación personal que
no condicionaba sus objetivos de lucha llegando posteriormente a
desconocer el gobierno de “su padrino”.
Josefa procreó dos hijos de su matrimonio con Emiliano. El
primero tuvo por nombre Felipe; éste nació en el cerro
El Jilguero y murió a la edad de cinco años en uno
de los tantos refugios que como familia tuvieron. Su muerte fue trágica
ya que no fue fácil evadir los peligros del monte y menos
aún para un pequeño a quien el juego se apetece en
cualquier lugar. Felipe fue mordido por una víbora de cascabel
y su salvación resultó prácticamente imposible.
La segunda
hija fue Josefa; ella nació el Tlaltizapán
y su suerte no fue distinta a la de su hermano: su muerte resultó por
la picadura de alacrán, su vida culminó un año
antes que la de Felipe; de esta forma Josefa quedó sin hijos
en poco tiempo pero además con la constante angustia de perder
en cualquier momento la vida ya que ser la esposa del “caudillo
del sur” le causó múltiples persecuciones por
los gobiernos del general golpista Victoriano Huerta y por la de
Venustiano Carranza.
Este último resultó de importancia para su vida, pues
sus fuerzas armadas (federales) son las que apresan a su madre doña
Guadalupe Sánchez Merino, a sus hermanas: Félix, Juana
e Ignacia (las llevaron presas junto con su pequeño hijo Angel)
y su tía Gabriela Espejo Avelar, todas ellas fueron llevadas
a San Ildefonso en la ciudad de México, siendo detenidas en
la población morelense de Yautepec.
En su traslado
Félix fue cortejada por el coronel federal
de apellido Pérez, hecho que les salva de la prisión
y de perder la vida, ya que fueron liberadas de “sus cargos” tiempo
después.
La vida
de Josefa en los años de revolución fue un
constante ir y venir por sitios de “seguridad”, evitando
caer prisionera o muerta en alguna emboscada, tal situación
le impide a ella al igual que a un número considerable de
mujeres tener vida como la habían aprendido de pequeñas,
es decir, sin participación en la dinámica y acciones
que se realizarán fuera del hogar.
Muerto Zapata
y licenciados los ejércitos rebeldes, Josefa
es conocida como “La Generala”, por ser la viuda del
General.
En los años posteriores a la Revolución, ella regresó al
hogar a ejercer sus tradicionales tareas y a cuidar de sus hermanos
quienes continuaron con el trabajo de la ganadería, herencia
de su padre.
En los siguientes
49 años después de 1920, doña
Josefita fue vista con alta estima y respeto jerárquico por
todos aquellos que sobrevivieron al movimiento revolucionario agrario.
De entre ellos, se recuerdan las visitas que cada 30 de septiembre
le hiciera hasta su muerte, el famoso guerrillero de Acamilpa, Ceferino
Ortega, mejor conocido como “El Mole”, quien antes de
presenciar desde un balcón del hotel La Paz el famoso desfile
del 30 en Cuautla, pasaba a saludarla.
Otra de
las visitas que destaca es la del general michoacano Gildardo Magaña Cerda, quien a la muerte del General suriano, fue nombrado
por los guerrilleros del sur en uno de sus campamentos por el rumbo
de Real de Huautla, el sucesor de Zapata en la lucha por cumplir
y hacer cumplir el Plan de Ayala en México.
La vida
de Josefa Espejo Sánchez, sus peligros, sus angustias,
miedos y todos los sentimientos que una revolución generó para
mujeres educadas en una visión de la vida donde no cabían
como sujetos con decisión, con voz y voto. Fue la vida de
un centenar de mujeres que en un momento se vieron involucradas en
una revolución que no las incluía más que como
menores de edad a quienes había que “cuidar” y
que sin embargo debían sortear todos los riesgos que las armas
implicaron además de que debían tomar decisiones importantes
al verse inmersas en situaciones como detenciones, interrogatorios
e incluso tortura y un descarado abuso sexual.
La presencia
de Josefa en esta obra es en este sentido, un recordatorio de que
la mujer ha estado en todos los momentos relevantes en la
vida de el estado y aún más del país.
Años después de haber concluido la revolución,
Josefa fue distinguida y presentada como la viuda del general Zapata,
teniendo como marco la toma de protesta como Presidente de la República
del general Lázaro Cárdenas del Río, el 1º.
de diciembre de 1934.
A partir
de ese momento fue invitada a eventos políticos
y a congresos, lo cual continúa hasta los gobiernos de los
licenciados Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, quienes
la presentan como la voz de la mujer mexicana en diversos eventos
de gran relevancia.
Una de las
acciones que le tocó emprender a Josefa al culminar
el movimiento armado fue la construcción de la escuela secundaria “Tierra
y Libertad” en la Villa de Ayala.
El viernes
8 de agosto de 1968 muere “La Generala” en
su casa ubicada en Avenida Lázaro Cárdenas No. 28 en
la Villa de Ayala, sus restos reposan en el Panteón Municipal
de Anenecuilco a un costado del lado sur de la Iglesia de San Miguel”.
Casa de la
Señora Josefa Espejo Sánchez
"La casa
donde vivió hasta su muerte la señora Josefa Espejo Sánchez, esposa
oficial de Emiliano Zapata Salazar, está ubicada en la Av. Lázaro
Cárdenas, número 28, en Villa de Ayala.
Colinda
al norte con la calle 11 de Marzo, al sur con la casa de la familia
Toledano Muñoz, al este con la casa de la familia Montealegre y
al oeste con la avenida Lázaro Cárdenas.
Esta casa
fue la mejor de su época, la mandó construir el señor Fidencio
Espejo Avelar, padre de Josefa, originario de Anenecuilco, quien
trasladó a su familia de Anenecuilco a Villa de Ayala en busca
de más servicios como fueron: Presidencia Municipal, mercado, escuela,
teléfono. Esta casa se inauguró el 16 de junio de 1909 con muebles
traidos en tren desde la ciudad de México.
Fue
aquí donde se realizó la fiesta del matrimonio entre Josefa Espejo
Sánchez
y el ya general Emiliano Zapata Salazar, en agosto de 1911". (2)
Amador Espejo Barrera
“ESPEJO MERINO, Josefa (1880-1968). N. en Villa
de Ayala el 19 de mayo. Hija de Fidencio Espejo y de Guadalupe Merino.
Se casó con Emiliano Zapata el 20 de noviembre de 1911. Tuvo
dos hijos, Felipe y María Asunción, que murieron por
la vida azarosa que llevaron durante la revolución, pues siempre
estuvieron escondidos en los cerros. En el pueblo de Tumalaca nació su
primer hijo, Felipe, debajo de un árbol, y tres meses después
la sacaron de ese lugar. Dos años después murió ese
hijo.
Más tarde nació en Villa de Ayala su hija Asunción,
pero al mes de haber nacido, El Cigarro, un individuo que constantemente
la perseguía, se enteró de su presencia y fue a espiarla,
y cuando lo vio huyó asustada con su pequeña hija en
brazos; poco después entraron a su casa y fue buscada por
todas partes, en las trojes, en los tecorrales, todo fue removido
a bayoneta calada. Esta circunstancia hizo que la pequeña
muriera dos o tres meses después.
La Sra.
Espejo, viuda de Zapata, en 1930 perteneció al Bloque
de Mujeres Revolucionarias, al Frente Único Pro Derechos de
la Mujer y a la Confederación de Precursores y Veteranos del
Ejército Libertador del Sur. Fue pensionada por el gobierno
del estado. M. en Villa de Ayala el 8 de agosto”. (3)
Valentín López González
"El
20 de agosto de 1911 contrajo matrimonio con la señorita Josefa Espejo Sánchez originaria de Anenecuilco,
hija de don Fidencio Espejo y Guadalupe Sánchez Merino. Vivió en
lo que hoy es la calle Emiliano Zapata en el núm. 5. En 1909
radicaba junto con su familia en Villa de Ayala, en la actual Lázaro
Cárdenas en el núm. 28.
El enlace
matrimonial se realiza en el domicilio antes citado, sus padrinos
de boda fueron el entonces presidente de la república
don Francisco Indalecio Madero y su esposa Sara Pérez; atestiguan
la ceremonia Doroteo Luna Franco, Francisco Franco Salazar, Gil Muñoz
Zapata, originarios de Anenecuilco; Manuel Chávez, Amalia
Chávez, Cándido Muñoz, originarios de Villa
de Ayala; asimismo asiste como testigo el general Francisco Mendoza
Palma.
Al concluir
este ceremonial, se trasladan a la ciudad de Cuautla, Morelos,
para contraer nupcias eclesiásticas y formalizar
su unión ante Dios (recordemos que Emiliano fue un ferviente
devoto del Señor del pueblo) y precisamente en la iglesia
del Señor del pueblo se realizó esa boda.
Procrearon
un hijo, el cual murió muy pequeño por
picadura de alacrán; no tuvieron más descendencia.
Doña Josefa Espejo murió el 8 de agosto de 1968; que
coincide con la fecha del natalicio del caudillo. A la edad de 89
años fue sepultada en el panteón de la iglesia de Anenecuilco
a extremo derecho en relación a la puerta principal como a
veinte metros”. (4)
Lucino Luna
Domínguez y Efraín Escarpulli Limón
“En estos días, cuando se acercaba la
fecha en que había de cumplir veintidós años,
se casó con una joven a la que había estado cortejando
desde antes de la revolución. Era Josefa Espejo, una de las
hijas de un tratante de ganado medianamente próspero de Ayala,
a la cual había dejado una pequeña dote al morir, a
principios de 1909.
(Nota al
pie de página.
Serafín M. Robles: El Caudillo
se casa en la Villa de Ayala, Morelos”. El Campesino, noviembre
de 1954. El presidente municipal de Ayala había efectuado
la ceremonia civil anteriormente, el 26 de junio. Véase Luis
Gutiérrez y Gutiérrez: “Hoy visita a la viuda
de Zapata”, Hoy, 28 de marzo de 1953.) (5)
John Womack Jr.
(1) Lucino
Luna Domínguez y Efraín Escarpulli Limón. Anenecuilcayotl.
Anenecuilco Desconocido. Unidad Regional Morelos de
la
Dirección General de Culturas Populares. Consejo del
Patrimonio Histórico de Anenecuilco, A.C.
Dirección de Centros Regionales,
Universidad Autónoma Chapingo. México, 1997. p. 170.
(2) Prof.
Amador Espejo Barrera. Guerrilleros y Lugares de Zapata. Dirección General de Culturas Populares. Unidad
Regional Morelos. México, Enero 1997. p. 41-52 y 215.
(3) Diccionario
Histórico y Biográfico de la Revolución
Mexicana. Tomo IV. Morelos. Instituto Nacional de Estudios Históricos
de la Revolución Mexicana. 1a ed. 1991. Valentín López
González. México. p. 403-404.
(4) Lucino
Luna Domínguez y Efraín Escarpulli Limón.
Anenecuilcayotl. Anenecuilco Desconocido. Unidad Regional Morelos
de la Dirección General de Culturas Populares. Consejo del
Patrimonio Histórico de Anenecuilco, A.C. Dirección
de Centros Regionales, Universidad Autónoma Chapingo. México,
1997. p. 168-170.
(5) John
Womack Jr. Zapata y la Revolución Mexicana. Secretaría
de Educación Pública y Siglo XXI Editores. México,
1a ed 1969. Reimpresión 1985. p. 105.
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