OTILIO MONTAÑO
Por Juan Salazar Pérez
13 de mayo de 1982

5.- LOS ULTIMOS DIAS DEL ZAPATISMO.

A partir de la muerte de Montaño, al extenderse la noticia en los campamentos revolucionarios, cunde la decepción entre los elementos zapatistas. Muchos jefes empiezan a defeccionar y a rendirse al carrancismo.

Después de la muerte de Lorenzo Vázquez, Francisco Pacheco y Otilio Montaño, ya no hubo confianza. Si Zapata fusilaba a lo más significado de sus generales, ¿Qué podrían esperar los demás?

A Zapata lo perdieron el egoísmo y las ambiciones desmedidas de los "Intelectuales" capitalinos que lo rodearon en los últimos años. Gracias a sus intrigas, la Revolución Suriana fué perdiendo a sus mejores hombres y menguando sus filas.

Si Carranza hubiera tenido un poco de visión y paciencia, no habría tenido necesidad de mancharse las manos de sangre. Los enemigos más fuertes del zapatismo, estaban dentro, y sólo era cuestión de esperar a que su obra lenta, pero terriblemente corrosiva, terminase.

Baltasar Dromundo, en su libro "Vida de Emiliano Zapata" (*), comenta esta etapa del zapatismo de la siguiente manera: "Fines de 1918 y principios de 1919 fué tiempo de deserciones y toda fuente de mezquindades entre muchos jefes surianos que, para objeto de resolver sus problemas económicos de carácter personal; no tuvieron escrúpulo alguno en abandonar a Emiliano en aquella difícil etapa por la que atravesaba. Le iba fallando al héroe la confianza que tenía depositada en determinados elementos. Pero la medida de un ideal también se eleva en relación inversa de la poca altura de quienes lo traicionan o lo niegan".

Después hace un relato minucioso de los jefes que se rindieron al carrancismo: El coronel Justo Ruiz, Encarnación Zaval y Virginio Arata, se rindieron en Yautepec el 18 de diciembre de 1918. El coronel Fidel Cuesta y el teniente coronel Aurelio Puebla, en Cuernavaca, el 25 de diciembre. El general Domitilo Ayala, el 28 del mismo mes en Puente de Ixtla. El último día del año de 1918, se rindieron Antonio Bello y Trinidad Alcántara. El día 2 de enero de 1919, se sometió Victorino Bárcenas, el 4 Severo Vargas y el coronel Nicéforo Maldonaldo. El día 7, el teniente coronel Antonio Vadillo y el 9 Silviano Arriaga. Sus nombres han quedado grabados en las páginas de la historia. Algunos, supervivientes, aún, se ostentan como paladines inmaculados de los ideales zapatistas.

Pero, también, es necesario señalar a los combatientes que se mantuvieron firmes hasta el fin, como fueron: El coronel Rafael Castañeda, quien fué capturado en una emboscada; el general Arnulfo Lagunas, aprehendido el 19 de enero de 1919; el coronel Celestino Carnallas; el general Camilo Paredes; el día 21 caía el general Marcos Pérez; el 2 de febrero el coronel Alejo Hernández; el 13, Isabel Romero y, por último, el general Eusebio Jáuregui, quien fué detenido en Cuautla, el 20 de febrero de 1919.

En estas circunstancias, aunadas a la situación de que el Estado de Morelos se encontraba en poder de los carrancistas, la noticia de "Excélsior" fué muy poco conocida, y, cuatro meses después de su publicación, muere en Chinameca el 10 de abril de 1919, el general Zapata.

El movimiento queda sin jefe y se desintegra el zapatismo, que se divide en grupos diferentes; Uno de ellos trata de organizarse nombrando un jefe en sustitución de Emiliano y eligen al general Gildardo Magaña, pero, otro grupo, no conforme con la elección designa un jefe nativo del Estado, al general Jesús Capistrán que consideran con mayores méritos. Lamentablemente éste jefe falto de carácter y de convicciones, en poco tiempo se rinde al general guerrerense Salvador González, de las fuerzas de Figueroa ya unidos al carrancismo, y, entre tanto, el caso de Montaño queda relegado al olvido.

Tienen que transcurrir cuarenta y dos años para que el nombre de Montaño vuelva a recordarse. Por una afortunada coincidencia, el veintisiete de diciembre de 1961, celebrando su asamblea ordinaria la Comisión de Honor Revolucionaria en Cuernavaca, para estudiar las solicitudes de los veteranos que aspiraban a obtener la recompensa que les otorga la Ley de Estímulos, promulgadas en el gobierno del Tte. Coronel Norberto López Avelar, y redactada por el Lic. Antonio Riva Palacio López, el capitán Moisés Bejarano, en sus antecedentes, refiere la intervención que tuvo en el fusilamiento del general Montaño.

a.- Testimonio del Capitán Moisés Bejarano.

Originario de la hacienda de Treinta, donde pasó sus primeros años, el capitán Moisés Bejarano, se incorporó a las fuerzas zapatistas en el año de 1913, después de la Decena Trágica de México, al mando del general Jesús Estrada, con el que permaneció todo el tiempo que duró la Revolución, hasta 1920 en que se firmó la paz con el general Obregón.

Leamos a continuación, el acta donde narra Bejarano el caso de Montaño:

"En la ciudad de Cuernavaca, Morelos, siendo las doce horas con cuarenta y cinco minutos del día veintisiete de diciembre del año de mil novecientos sesenta y uno, reunidos en asamblea en las oficinas del Comité Estatal del Frente Zapatista de la República, ubicadas en el Despacho número ciento ocho de la calle de Galeana, edificio Benedicto Ruiz, número dos, los señores Juan Salazar Pérez, Francisco Solar Cañas y Rafael Nava, Presidente, Secretario General y Representante personal del señor general Palomera López y vocal, respectivamente de la Legión del Honor, así como los ciudadanos general Zeferino Ortega, Luis Bustamante Heredia, María Leonor Alfaro, coronel Jovito Galarsa, coronel Pablo Brito, coronel Santos Delgado, Juan Vital, Timoteo Montes de Oca y Jorge Francisco Vega, Presidente, Secretario General, Secretario de Acción Femenil, Secretario de Acción Militar, y vocales, respectivamente, todos componentes del comité Estatal, y con asistencia del cincuenta por ciento de sus miembros, se abrió la sesión bajo la Presidencia del compañero Juan Salazar Pérez, quien explicó el objeto de la misma, dando lectura a una solicitud de ingreso del compañero Bejarano, quien a su vez a la misma acompaña varios certificados que lo acreditan como Veterano de la Revolución del Sur, reconocido por la Secretaría de Defensa Nacional, acto seguido la Presidencia interrogó al compañero Bejarano para que dijera qué personas de las aquí presentes lo identificaban como revolucionario, a lo que indicó de inmediato a los compañeros general Zeferino Ortega y coroneles Pablo Brito y Zacarías Muñoz, mismos que desde luego y como revolucionarios viejos, reconocieron al compañero Bejarano, así como sus méritos como tal. Acto continuo y a preguntas especiales del Presidente, se le concedió el uso de la palabra al compañero Bejarano, para que diera a conocer a la asamblea algunos puntos importantes de su actuación dentro de la Revolución en el Sur, y algunos datos relacionados con el fusilamiento del general Otilio Montaño, y dijo:- Que un día cuya fecha no recuerda de momento, pero que la dará oportunamente, le ordenó su jefe inmediato, general J. Refugio Medrano, se presentara a las cinco de la mañana en el Cuartel General, establecido en Tlaltizapán, Morelos, para que tomara parte en la ejecución del general Otilo Montaño: que así lo hizo ante el Jefe de la Escolta de ejecución, que lo era el general Gil Muñoz Zapata; que cuando llegaron a donde se encontraba el general Montaño, se identificaron con la guardia, penetrando hasta la pieza en que le servía de capilla, encontrando al general Montaño en una silla de tule, en calcetines, camisa blanca y pantalón negro.

b.- Montaño Recibió con Serenidad su Sentencia de Muerte.

"En seguida se presentaron los licenciados Gregorio Zúñiga y Arnulfo Santos, mismos que le notificaron al precitado general Montaño la. sentencia de muerte que en su contra había dictado el Consejo de Guerra que lo juzgó por traición a la causa revolucionaria; que habiéndosele leído, la escuchó con mucha serenidad, demostrando una entereza a toda prueba, pero sí protestando enérgicamente por considerarla injusta, obligando a los señores licenciados a que escribieran su protesta, pues éstos se resistían, hasta que al fin el licenciado Zúñiga escribió a mano, en papel ministro rayado, lo que el mismo general Montaño le dictaba, diciéndole que no tuviera miedo a la voz viva".

c.- Ahí, Donde se Hace la Justicia, ahí los Espero.

"Agregando entre otras cosas: "Voy a morir, no cabe duda, pero ahí donde -se hace la justicia, ahí los espero, tarde o temprano": "estoy seguro que ninguno de mis compañeros de armas creerán esta patraña"; nuevamente el señor licenciado Zúñiga se negaba a seguir escribiendo, pero el general Montaño le volvió a repetir que no le tuviera miedo a la voz viva, "que bien sabía que sus enemigos eran Palafox, Soto y Gama y Serafín Robles; que más de una hora estuvo dictando su protesta, al cabo de la cual se levantó de su asiento y dijo: "Ahora sí señores, muchas gracias".

d.- No le Permitieron Hablar con Zapata.

"Que el general Montaño solicitó le concedieran hablar con el general Zapata, y no se lo permitió el general Muñoz Zapata; solicitó igualmente un sacerdote y tampoco se lo concedió el mismo Muñoz Zapata, por lo que el general Montaño le dijo a éste: "Hasta ahora veo que se le niega un sacerdote a un reo que va a morir", agregando y dirigiéndose a Muñoz Zapata: "Fíjate, tú eres muy muchacho y fíjate el pago que me dá la Revolución".

e.- Madre, tú pariste a un hombre.

"Que el general Montaño pidió al jefe de la escolta lo dejara un rato solo para prepararse ante Dios; que momentos después entró la señora madre del general Montaño y le dijo a ésta: "Madre, tú pariste a un hombre, pero no llores, no hay remedio"; que en seguida tomó el mando del pelotón que fusilaría al general Montaño, el general Julián Blanco, quien en compañía del general Montaño, salieron de la pieza a donde éste se encontraba, y al frente de una banda de guerra, llegaron hasta la esquina del mercado de Tlaltizapán, frente a una fondita formando el cuadro de fusilamiento cinco soldados; que el general Montaño dió la cara para la pared, abrió los brazos y dijo: Dios mío, acógeme en una buena hora, oyéndose en seguida una descarga cerrada; que el cadáver del general Montaño fue conducido hasta Huatecalco, a donde su cuerpo fue colgado en un cazahuate, con lo que terminó el relato del compañero Bejarano".

f.- La Captura.

"A continuación el compañero teniente coronel Trinidad Sánchez manifiesta que al pie del árbol en que fue colgado el cuerpo del general Montaño se le puso una tabla con una leyenda que decía: "Este es el destino que encuentran los traidores a su Patria, la tumba que encuentran en el Estado de Morelos".

En seguida el compañero Juán Pérez Burgos dijo a preguntas del señor Juan Sálazar, que él fué quien acompañó al general José Rodríguez (a) "El Ranchero", perteneciente a la escolta del general Zapata a la aprehensión del general Otilio Montaño, por órdenes directas del propio general Emiliano Zapata, que fueron seis los que lo aprehendieron, Leobardo Suárez, Elías Capistrán, Ignacio Castañeda, Aureliano Lozano (a) "La Alpargata" y el que habla, Juan Pérez Burgos; que la aprehensión se llevó a cabo antes de llegar a Tlaquiltenango, pues que el general Montaño se dirigía a Jojutla en unión de su hermano Luis y un asistente; que ya una vez aprehendido el general Montaño, se regresaron a Tlaltizapán, y ahí en el Cuartel General lo entregaron; hasta aquí el relato del compañero Juan Pérez Burgos. Acto seguido, tanto el coronel Pablo Brito como el general Ortega y el mismo Pérez Burgos, aseguran que la intriga para el fusilamiento del general Montaño consistió en que dizque le habían encontrado en su casa unos papeles debajo de una piedra grande, cosa que no es exacta, pero el general Montaño siendo el alma de la revolución y Plan de Ayala, jamás podría traicionar su misma obra. Con lo que se dió por terminada la sesión, siendo las catorce horas con veinte minutos".

g. El Carácter de Montaño

Una de las principales constantes de la personalidad del profesor Montaño, que podemos entresacar del testimonio del capitán Moisés Bejarano, es su invariable serenidad y presencia de espíritu, que ya habíamos advertido en la forma como redactó su testamento, que, no obstante, lo hizo con verdadera energía como quien se sabe y, es inocente.

Otra característica más del general Montaño, es su profunda fé en la Justicia Divina y en la seguridad de que, en última instancia, la historia lo absolvería.

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Juan Salazar Pérez. Otilio Montaño.
Cuadernos Morelenses. Ediciones del Gobierno del Estado Libre
y Soberano de Morelos. México, 1982. 58 pp.